Arsène Wenger, el profesor y economista que transformó al fútbol en un arte

Arsene Wenger, un entrenador que revolucionó Arsenal
Arsene Wenger, un entrenador que revolucionó Arsenal Fuente: AFP - Crédito: Marco Bertorello
Ariel Ruya
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20 de abril de 2018  • 23:59

Tenía 46 años, una enciclopedia de fútbol en la cabeza, una vida de futbolista subterránea (Racing de Estrasburgo, el último escalón) y tres escalas en 12 temporadas en su romántica trayectoria de DT. Dos franceses, Nancy y Monaco, y un japonés, Nagoya Grampus. Tenía, Arsène Wenger, la convicción de que el fútbol debía ser un arte y, como defensa, un escondido gusto por la ironía británica. "¡¿Arsène, qué?!", se preguntaron quién era. Ya iba a mostrarlo: en 21 años de amagos, gambetas y pases a la red, convirtió a su nueva casa, Arsenal, ícono del norte de Londres, en una referencia del fútbol mundial.

Las burlas se desataron en el día de su presentación: los ingleses suelen desconfiar de los franceses. Se estudiaron por unos meses. Wenger, siempre serio, solemne y metódico, entendió que la libertad podía unirse a la fantasía y creó la sinfonía más maravillosa. Ahora que se acaba de anunciar su partida inexorable al final de la temporada; ahora, cuando la nostalgia lo recuerda jovial, con su voz pausada, reconocible en su identidad desde el 28 de septiembre de 1996, queda su legado. El profesor, más allá de los títulos –los tuvo de casi todos los colores– y los tropiezos –unos cuantos, sobre todo en los últimos años–, deja su gran herencia: sus equipos admirados y respetados. Un estadista del fútbol.

Rubio, de cabellera desprolija. Anteojos enormes, palabras moderadas y el típico gusto francés por el juego champagne, que excede el rugby. Los gunners se convirtieron, con los años, en una referencia universal. Sin la billetera de otros colosos, con el ingenio de jóvenes promesas galas –en su mayoría– y con una idea como pirámide, Arsenal marcó una era con el conductor que a los 68 años lleva una vida de respeto en Londres. "Creo que es el momento adecuado para renunciar", anunció Wenger, mediante un comunicado.

Es el primer entrenador extranjero que se consagró en la cuna del fútbol. Tres Premier League y siete copas FA. En la temporada 2003/2004 logró lo impensado: una liga invicto. A ese equipo se lo apodó "Los Invencibles". Jamás se le conoció un exceso; alguna polémica, por fallos arbitrales, le hizo perder la compostura en un puñado de ocasiones. Licenciado en Economía, solía pasar las tardes entre números, fantasías y pizarrones. Marca en zona, rotación, sorpresa. El juego como hecho cultural. "Siempre mi sueño fue que el equipo rozara la perfección, aunque fuera por apenas cinco minutos". Claro que lo logró. Cientos de veces.

Habla fluidamente seis idiomas, es un admirador de todas las vertientes artísticas y dirigió a varios cracks: Cesc Fábregas, Robin van Persie, Dennis Bergkamp, Patrick Vieira, Robert Pires, Thierry Henry. "Su herencia es intocable", reflexiona Titi, el indescifrable y valiente artillero máximo del club en la historia. "Cuando yo jugaba en Arsenal, la gente hablaba de cómo jugábamos. No quedará tanto lo que ganamos, pero sí cómo lo hacíamos. Arsène cambió a Arsenal y lo convirtió en un club reconocido en el nivel internacional", asegura Henry. También Alex Ferguson, una bandera de Manchester United, lo valora. "Uno de los grandes entrenadores de la historia de la Premier League", se planta.

El desgaste es una repetida trampa del paso del tiempo. Sus mejores años –logró 17 títulos en el club londinense, pero la última Premier tiene fecha de 2004– quedaron demasiado atrás. Arsenal no jugó la Champions luego de 19 años de hacerlo en serie. La voracidad por el triunfo, sin embargo, jamás lo derrotó.

Se va Wenger, con destino incierto. Quedan sus clases a cielo abierto. "El fútbol es un arte", contó, alguna vez. Su Arsenal –y más, en la derrota– fue una maravillosa obra imperfecta.

Elogios de Guardiola a Mourinho

"Es una personalidad enorme. La Liga Premier es la Liga Premier por lo que él ha hecho con su visión. Espero que siga de algún modo en el mundo del fútbol", comentó Josep Guardiola, el entrenador de Manchester City, campeón del presente torneo. No solo el español lo admira en esa ciudad; también lo hace Mourinho, el DT de United, con otra filosofía. A lo largo de los años mantuvieron algunas disputas verbales. "Sabemos lo que ha conseguido. Si él está feliz con esta decisión, entonces yo también estoy contento. Espero que no se retire del fútbol", afirmó el portugués. Y fue más allá: "La gente del fútbol no tiene memoria corta y yo tampoco. Sé lo que significa".

Por: Ariel Ruya

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