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Historia

Por los pasillos de Barracas Central: del ascenso vertiginoso a cumplir el viejo sueño de "Chiqui" Tapia

Fernando Vergara
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25 de abril de 2019  • 10:30

Sería muy difícil no encontrar el estadio. Caminando por la calle Olavarría, varios metros antes de llegar a destino, el nombre en el paredón de entrada surge imponente. Letras rojas con un fondo blanco. Estadio Claudio Chiqui Tapia, reza. Cualquier desprevenido, aún sin saberlo, se daría cuenta de que es un homenaje a un hombre que se erigió como un refundador. Un poco más abajo se lee el nombre del dueño: Club Atlético Barracas Central . Primero barrendero, después sindicalista, luego presidente de una entidad de tercera división, al tiempo elegido mandamás de la AFA y vicepresidente segundo de Conmebol. Los sueños, uno a uno, se le van cumpliendo a uno de los hombres más fuertes del fútbol argentino: ahora, Barracas Central, la entidad por la que Tapia dejó alma y vida, jugará en la B Nacional, la antesala del fútbol mayor. Un ascenso vertiginoso.

Voces alzadas, quejas, reclamos, escándalos arbitrales. La Primera B Metropolitana transita una temporada particular. Terminada la rueda inicial y en medio del receso de verano, la AFA decidió comunicar una modificación para el actual certamen. Así, los cuatro mejores equipos de este campeonato más el ganador de un Reducido entre el quinto, sexto, séptimo y octavo de la tabla de posiciones ascenderán a la B Nacional. Por supuesto, la decisión generó revuelo. Y en ese marco, la tercera categoría del fútbol argentino tuvo su primer ascendido a la B Nacional con siete fechas de adelanto: Barracas Central. "Me molesta lo que se dice porque le sacan su mérito al plantel. Esto es todo nuestro, jugamos muy bien durante todo el año. Los que hablan lo hacen porque es gratis, pero los jugadores estamos al margen y muy felices de lo que conseguimos", apunta el experimentado arquero Elías Gómez, de 32 años. "Yo intento aislarme, porque se dice de todo, pero lo escucho y me duele. Personalmente trato de hacer mi trabajo, de jugar bien al fútbol", se suma Ezequiel Filipetto, marcador central y ex futbolista de Huracán.

La Primera B Metropolitana transita una temporada particular. Terminada la rueda inicial y en medio del receso de verano, la AFA decidió comunicar una modificación para el actual certamen.

Carlos Varela, el presidente de la entidad tras el pedido de licencia efectiva de Tapia, camina por los pasillos de la cancha y aporta su mirada. "Siempre se comentan estas cosas cuando hay alguien importante de un club que ocupa otro cargo relevante a nivel nacional. Personalmente, sé que el equipo se consolidó y jugó bien. El mérito es de ellos y del entrenador Salvador Daniele. Hoy cosechamos todo lo que hizo Chiqui, pero no en relación al poder que ostenta, sino que le dio una impronta al club y marcó una línea. El resto es folclore", le asegura a LA NACION.

Un operario pinta las rejas del estadio
Un operario pinta las rejas del estadio Fuente: LA NACION - Crédito: Mauro Alfieri

El Guapo y los Moyano

Hijo de Washington y Leonor, Claudio Fabián Tapia nació el 22 de septiembre de 1967 en San Juan. De origen humilde, la familia decidió trasladarse a Buenos Aires en la década del '70 en busca de un mejor porvenir. Chiqui y sus hermanos se hicieron simpatizantes de Boca por su madre, a pesar de que su padre era fanático de San Lorenzo. Se asentaron en San Telmo y el actual mandamás de la AFA asistió al colegio Guillermo Rawson. Pero a los 11 años vivió una situación que, sin saberlo, empezaría a cambiar su vida. La mudanza a Barracas (en la esquina de Luzuriaga y Los Patos) lo dejó a un puñado de cuadras de Barracas Central. Así, sus inicios estuvieron muy lejos de los actuales focos de poder. Se probó en el club, hizo inferiores y llegó a primera en épocas de la divisional C amateur. "Yo era 9, centrodelantero, me la rebuscaba… Yo no arrugaba, tengo varias cicatrices por no arrugar…", confesó alguna vez.

Tras un paso por Dock Sud, Tapia volvió al Guapo, su gran amor. Y si bien su carrera como futbolista fue corta, se dio el gusto de ascender a la C en la cancha de El Porvenir. Una de sus mayores alegrías. Después vendría el retiro. Paralelamente, el primer empleo de Chiqui en la ciudad fue el de barrendero en la firma Manliba (del Grupo Macri) de 1986 a 1995. Luego lo ascendieron a recolector. Con el correr de los meses, Tapia se afilió al sindicato de Camioneros. Pasó a ser asesor gremial y en 2003 lo designaron asesor de medioambiente de la Ciudad de Buenos Aires. Eso le brindó la oportunidad de conocer a Paola, hija del poderoso Hugo Moyano. La relación creció y Tapia entró en el clan familiar. Hoy, dos de sus cuatro hijos, Iván y Matías, juegan en la primera de Barracas Central.

Los lazos sanguíneos y políticos fueron abriendo cada vez más puertas. De la mano de Moyano, Chiqui construyó una red de alianzas. Actualmente, Tapia es vicepresidente de Ceamse, una empresa pública recolectora de basura. Entre otras cosas, porque también ocupa el mismo cargo en la Conmebol, el ente que domina al fútbol sudamericano.

El eterno abrazo de Lionel Messi y Chiqui Tapia en Quito

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La figura del sanjuanino crece día a día. Antes de ser presidente de la AFA, Chiqui era un hincha fanático de la selección. Quienes mejor lo conocen aseguran que sueña con ver en la cima del mundo a la Argentina, algo que quedó muy lejos en Rusia 2018. Y tiene una debilidad especial por Lionel Messi, con quien lo une una relación muy afectuosa. Cabe recordar el abrazo que se dieron en Quito luego del triunfo sobre Ecuador que le otorgó al seleccionado el boleto al Mundial. Por caso, Daniel Angelici estaba muy cerca de ellos y la Pulga ni siquiera lo miró.

Cada vez que puede, también, Tapia vuelve a San Juan a visitar a su familia y a comer asados con sus sobrinos. Hombre de fe, este mes montó a caballo y realizó el sendero hacia el santuario de la Difunta Correa. ¿Qué le ofrendó? La camiseta de su amor, Barracas Central. "El Guapo Nacional", rezaba el estampado en la indumentaria.

El vestuario local de Barracas Central
El vestuario local de Barracas Central Fuente: LA NACION - Crédito: Mauro Alfieri

De los pasillos de Barracas a Viamonte

Tapia se sumó a la dirigencia barraqueña en uno de los momentos más críticos de la historia argentina: el año 2001. "Un grupo de hinchas lo tentó para que sea presidente del club y dijo que no. Pero con la crisis la situación cambió. Cerca del sindicato había un lubricentro donde paraba un grupo de hinchas de Barracas Central y le ofrecieron nuevamente que se presentara a elecciones. Él no era socio y le explicaron que el estatuto permitía que se presentara en las elecciones igual. Apenas asumió incluso ejerció como entrenador un tiempo", cuenta el periodista Federico Yañez en su libro Los dueños de la pelota (Aguilar, 2018). Institucionalmente el Guapo estaba muy mal, sin dinero y con todas las fichas para descender a la D. Tapia asumió a los 33 años y la nueva gestión logró la salvación. Además, la Mutual del gremio que conduce Moyano comenzó a ser el sponsor de la camiseta. En 2003 logró el primer título, el torneo Apertura, pero perdió el ascenso contra Argentino de Rosario. Siete años después finalmente subió una categoría y llegó a la B Metropolitana, desde donde Tapia saltó a la presidencia de AFA.

Desde 2001 la entidad triplicó su masa societaria de 500 a casi 1500 asociados, se estabilizó económicamente y logró asentar al equipo de futsal en la primera división de AFA.

Barracas Central era un club reconocido en los años del fútbol amateur, y jugó de forma ininterrumpida en primera desde 1920 hasta 1934. Aunque en el profesionalismo y hasta la llegada de Tapia todo se le hizo cuesta arriba. Sin embargo, en menos de diez años el Guapo fue escalando y pasó de jugar en la Primera C, cuarta categoría del fútbol argentino, a la B Nacional. Un giro de 180º. Y todo el festejo por el ascenso quedó enmarcado en un mes especial para una institución fundada el 4 de abril de 1904 (hace 115 años).

"Acá, ahora, hay plata, pibe", señala un socio de varios años. Y los barraqueños lo lucen con orgullo: desde que Tapia es el presidente del club nunca hubo problemas por falta de pagos o retrasos en los salarios de ningún jugador. Pegado al alambrado observa un partido Casto, el abuelo de uno de los goleadores del equipo, Facundo Castro. "Mi nieto está contento acá, ya estuvo en otros clubes del ascenso donde tenía que hacer malabares para cobrar. No te das una idea, un martirio. Pero en Barracas le pagan bien y al día", apunta el hombre.

A cada paso se amontonan las historias. Los recuerdos de ese repunte de Barracas con el Apertura 2003 se ven reflejados en el buffet del club. En las paredes se lucen varias gigantografías donde pueden observarse a varios elencos históricos barraqueños. Aparece el de aquella temporada. También está el plantel de 2009/2010, que logró el ascenso a la B Metro bajo la conducción técnica de Juan Carlos Kopriva. En todas las imágenes está Tapia. También el actual arquero Elías Gómez, que fue parte de ese último equipo y ya suma más de 300 encuentros con el club rojo y blanco. Una leyenda rojiblanca.

Cuando se camina por Barracas Central, quienes están en el día a día del club le reconocen a Tapia la capacidad para gestionar. Desde su llegada los recursos se fueron multiplicando. Con la economía saneada, siempre se preocupó porque el club siguiera creciendo desde lo institucional. La construcción de una de las tribunas resulta un buen ejemplo. En 2010, el presidente se movió y exigió el pago de los derechos de formación de Lucas Barrios, quien jugó en el Camionero desde 1999 hasta febrero de 2002. "La platea será para 600 personas sentadas y los palcos les brindarán comodidad a los periodistas e invitados. Queremos que el club se amplíe", dijo el directivo en aquellos días. En la parte alta, entonces, se le añadieron un sector para la prensa y ocho cabinas de transmisión.

Las divisiones inferiores de Barracas Central, retratadas en el estadio
Las divisiones inferiores de Barracas Central, retratadas en el estadio Fuente: LA NACION - Crédito: Mauro Alfieri

Una familia y el viejo sueño del "equipo del poder"

Junto con el resto de los futbolistas suplentes, Matías e Iván Tapia corren pegados a la línea lateral. Piques cortos, saltitos en el lugar, algún comentario al pasar. Sonrisas. Miran de reojo al entrenador Daniele. Esperan su oportunidad. Detrás del alambrado los observa Paola, su mamá. "Todo pasa", puede leerse un tatuaje en el cuello de Matías, defensor de 23 años. Una frase que varios años atrás inmortalizó Julio Grondona. "Soy lo que soy en el fútbol gracias a Julio Grondona", dijo en 2015 su padre Claudio. "Lo que logramos es algo histórico para Barracas Central. Además, para mí y para mi familia resulta el mejor momento que nos tocó vivir. Jamás imaginé que íbamos a jugar en la B Nacional, siento que estoy soñando despierto", dice.

Los nietos de Hugo Moyano se criaron alrededor de pelotas de fútbol. Caminan por Olavarría y Luna desde que dieron sus primeros pasos. Y transitaron el sendero de las inferiores barraqueñas. Muchos hablan de privilegios, de portación de apellido. Pero ellos hacen hincapié en el esfuerzo, en el proceso natural que implica llegar al primer plantel y en la lucha por ganarse sus propios espacios. ¿Les molesta cuando les mencionan al ‘equipo del poder’? "Algunos dicen que logramos el ascenso porque mi papá está en la AFA y eso me da mucha bronca. Todos sabemos cómo juega este equipo. Mantuvimos la regularidad durante todo el año", dice Iván, volante de 20 años. "Yo soy muy calentón, y más cuando me hablan adentro de la cancha. Es normal y pasa seguido. Los rivales nos buscan, a mil revoluciones nos dicen cosas. Entonces tengo que tratar de llevarlo con más calma", confiesa el menor de los hermanos. "Me llevo muy bien con papá. Con mi viejo miramos las fotos, los videos, es difícil caer en esta realidad de haber ascendido a la B Nacional. Pero él me dice que no tenemos que quedarnos con esto y que debemos mirar hacia adelante", añade el futbolista que marcó su primer gol en Barracas en el empate 2-2 ante Defensores de Belgrano en abril de 2018.

Los hermanos Tapia entienden el juego, saben que son hijos y nietos de dos personas con una gran exposición pública en la Argentina. "Hay una mochila, sí. Si te la dan tus compañeros es deliberado y si hacés las cosas mal es porque sos el hijo de Tapia", remarca Matías, que jugó futsal hasta los 16 años. Recién en la quinta división de Barracas comenzó a tener continuidad en cancha de 11. "Mi papá es mi ídolo, mi referente, mi Dios", asegura. "Te amo como padre, como presidente, como jefe, como dirigente gremial, como todo lo que sos", le escribió Matías a Chiqui en una foto en su cuenta de Instagram.

Hinchas de Boca, amantes del asado, el mate, la Play y el cuarteto, los Tapia respiran Barracas Central las 24 horas. También, cada vez que pueden se acercan a la Bombonera con sus padres, y en varias ocasiones se los vio cerca de Carlos Tevez, quien suele visitarlos en su casa en Caballito. El ídolo de Iván es Juan Román Riquelme y sueña con jugar en la institución xeneize. En tanto que el referente de Matías es su papá, y su mayor anhelo es "llevar a Barracas a lo mas alto".

Hinchas de Barracas Central en el estadio Chiqui Tapia
Hinchas de Barracas Central en el estadio Chiqui Tapia Fuente: LA NACION - Crédito: Rodrigo Néspolo

Un crecimiento que tiene a Boca en el horizonte

Jorge camina los pasillos de esta cancha desde hace 50 años. Garrapiñada y maní es lo que ofrece: un clásico de cancha. Algunos días vende más, otros menos, pero siempre luce una sonrisa. "Estoy jubilado, pero en casa me aburro", dice. "Mirá, pibe: hace 20 años, acá caían dos gotas y no se podía jugar, era un barrial. Y fijate ahora cómo está el pasto", señala. Es cierto: el césped está parejo y bien verde, sin mucho que envidiarles a los de primera división. Con un drenaje ejemplar. Jorge es un libro abierto, podría estar hablando durante horas de cada rincón del estadio. Gira su cabeza hacia la izquierda y mira una pequeña platea. "Ahí lo vi relatar a Jose María Muñoz, cuando todavía no era famoso", cuenta.

La cancha de Barracas Central tiene capacidad para 4.440 espectadores. El estadio, ubicado a la vera de la Villa 21, es uno de los más antiguos de la ciudad. Fue inaugurado en el año 1916 y hasta 1970 mantuvo una estructura casi exclusivamente de madera. El nombre de Chiqui Tapia lo lleva desde 2008, cuando lo decidió una asamblea de socios. Hoy, en la institución todo luce en orden, limpio, pintado. Hay trabajo, cuidado y tesón. "Soy del barrio de Barracas... la banda se va al Nacional", canta la parcialidad rojiblanca en pleno partido. Vibra la popular. En la tribuna central, otro vendedor va de escalón en escalón. "Una por 60 pesitos y dos por cien. ¡Es la foto del día, muchachos, la foto del ascenso!", dice. En la imagen se ve a los once titulares de la tarde en la que vencieron 1-0 a Acassuso y ascendieron siete fechas antes del cierre.

Hay unos palcos que homenajean a Hugo Moyano y Julio Grondona. Y del otro lado, tres estrellas pintadas que recuerdan a Chespi, Gabi y Brian, tres juveniles de Barracas Central que fallecieron en 2011 en un choque producido en la ruta 7 cuando se dirigían a Jáuregui a jugar contra Flandria. En el predio, también, hay canchas de entrenamiento y una pileta olímpica, dado que el club tiene una fluida actividad social. "Desde el 2003 construimos parrillas, quinchos, canchas de voleibol, handball y básquet. Renovamos baños y vestuarios. Y tenemos una sala de convenciones en proceso", detalla el directivo Varela.

Además, detrás de la cancha se levantan nuevos edificios del plan Procrear que le darán todavía más vida a la zona. Allí vivirán alrededor de 10.000 nuevos vecinos. "Queremos integrar a esas miles de personas a la parte social y deportiva. Este es un club de barrio", añade Varela.

Las gradas del estadio de Barracas Central, que lleva el nombre del presidente de la AFA, Claudio Chiqui Tapia
Las gradas del estadio de Barracas Central, que lleva el nombre del presidente de la AFA, Claudio Chiqui Tapia Fuente: LA NACION - Crédito: Mauro Alfieri

Uno de los principales sostenes barraqueños de la temporada fue Fernando Valenzuela, de 21 años, un atacante que se formó en Racing. El santiagueño es el goleador del equipo con 20 tantos y también aparece en el tope de artilleros de la categoría. De cerca lo sigue quien marcó la conquista del ascenso, Facundo Castro, con 14. Sin embargo, la solidez defensiva es la mayor virtud de este equipo. Apenas le convirtieron 12 goles en 34 partidos y exhibe la valla menos vencida de la competencia. "Armamos un grupo muy lindo, en lo colectivo nos entendemos bien y me siento feliz en Barracas", sostiene Filipetto. "Formamos parte de un grupo de futbolistas con ambiciones. Castro y Valenzuela resultan un ejemplo entre tantos. Vinieron de clubes de primera y acá buscaron revancha", añade Elías Gómez.

Fue tal el empeño que puso el Guapo para subir a la B Nacional que lleva varios años realizando grandes desembolsos económicos para lo que es el promedio de esta divisional. No hay que viajar mucho tiempo atrás. En las últimas temporadas, el Camionero tuvo entre sus filas a muchos futbolistas con un extenso recorrido en primera división. Por ejemplo, Raúl Pipa Estévez, Pablo Migliore, César Carranza, Lucas Mareque, Victor Piriz Alves, Gastón Bojanich, Pablo De Muner y Leonel Altobelli. Un lujo para la B Metro. Inclusive, lo tentaron a Walter Erviti una vez que había anunciado su retiro profesional. La Mutual de Camioneros, que resalta como sponsor en la camiseta, cumple un papel fundamental para solventar los gastos.

El equipo de Barracas Central realiza una arenga previa al partido ante Deportivo Riestra
El equipo de Barracas Central realiza una arenga previa al partido ante Deportivo Riestra Fuente: LA NACION - Crédito: Rodrigo Néspolo

La próxima temporada arrancará un capítulo absolutamente diferente para la historia de Barracas Central: la B Nacional. Ante lo desconocido, aparecerá una nueva oportunidad para crecer. Otro nivel, con mayor o menor dificultad. El escalón previo a la máxima división del fútbol. "Será durísimo, con rivales como Tigre, San Martín de San Juan, San Martín de Tucumán, y otros. Pero se puede soñar, hoy lo hace Arsenal y no es un equipo de elite económica. Tendremos que mantener la base y sumar refuerzos de jerarquía para una divisional muy exigente", analiza Elías Gómez.

Para el Guapo será cuestión de aplicar el ingenio, la creatividad y obviamente una buena inversión financiera. Una más. Con ideas renovadas y confiables. Al margen de las coyunturas y de los vaivenes económicos del país, Barracas Central confía en dar el paso. Así lo entiende Varela. "Hay que hacer varias adecuaciones en el estadio, es un requisito del torneo. Pero estamos en ese plan y no vamos a tener problemas para organizarlas. No tenemos deudas y nos basamos en un administración férrea y transparente. Así vamos a cubrir todos los gastos de viajes, alojamientos y utilería alrededor del país. Además, queremos colocar la iluminación artificial. Todo esto es un nuevo desafío y seguiremos cosechando lo que Chiqui sembró", asegura. Algún día, por qué no, Claudio Tapia podrá cumplir uno de los sueños que le faltan: que Barracas Central juegue contra Boca en primera.

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