Boca festeja: una Bombonera feliz sabe que algo bueno (y nuevo) está naciendo

La Bombonera continúa de festejo: de la Superliga a la Libertadores
La Bombonera continúa de festejo: de la Superliga a la Libertadores Fuente: LA NACION - Crédito: Mauro Alfieri
Andrés Eliceche
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11 de marzo de 2020  • 02:22

Se siente en el aire. La Bombonera apenas empezaba a poblarse de hinchas y ya se percibía. En el reencuentro con la Copa Libertadores , ese objeto de deseo que es también una obsesión, Boca pudo permitirse anoche enfocarse en otra cosa. Una licencia, un alto en la huella, un momento autocelebratorio: ¿cómo no regalárselo, después de haber tragado tantas penas? Todo se resumía en dos palabras: "¡Dale campeón, dale campeón!", cantaban, mucho antes de que el capitán Tevez y sus cortesanos saltaran a la cancha. Esa energía nueva, esa respiración profunda, esa espalda sin mochilas sí que se siente. Está en el aire.

Puestos a jugar, los flamantes campeones de la Superliga debían hacer un esfuerzo. Apenas habían pasado tres noches desde la consagración, un tiempo insuficiente para que sus cuerpos asimilaran lo que acababan de vivir y se concentraran en un nuevo objetivo. Estaban, casi casi, como los de afuera. "¡Boca ya salió campeón, Boca ya salió campeón!", bramaba su dedicatoria la platea. Hasta que, avanzado el primer tiempo, llegó la primera referencia al motivo de la reunión a orillas del Riachuelo: "¡Queremos la Copa!", se acordaron. Iba ya media hora de un primer tiempo en el que solo la falta de colmillo de Independiente Medellín -el presunto partenaire de la fiesta- había permitido que el asunto siguiera empatado. Por tres veces, Leonardo Castro se había acurrucado ante Andrada en el área, allí donde los delanteros muestran de qué madera están hechos.

El resumen del partido

Aquella invocación a la copa pareció activar a Boca. Bastó una buena jugada, hilada de derecha a izquierda, para que Fabra demostrara cuán bueno es atacando y Salvio anticipara a todos con un cabezazo que prolongó los festejos del sábado. Entonces se agigantaron las voces contra River, el ausente presente en la cabeza de cada espectador, receptor de las burlas después de haberle arrebatado el campeonato. "Ahora se dio vuelta la taba, y es apenas el comienzo", se había animado Mario Pergolini, el vicepresidente primero, apenas lograron el campeonato local. Algo de esa sensación también puede advertirse en esta hora de felicidad. Flota en el ambiente de la Bombonera la presunción de que el título será un click que quitará peso en las piernas y aliviará las mentes. Que algo nuevo puede empezar a construirse ahora, sin angustias ni urgencias.

Lo sabe Tevez , eje de ese sacudón de energía que experimentó Boca en el arranque del segundo tiempo. Se activó el 10 y con él sus compañeros, dispuestos a seguirlo. Falló Villa (el más inquieto) en una jugada en la que tuvo tiempo de elegir el destino de su remate, salvó el arquero Mosquera un pelotazo del capitán teledirigido a un ángulo pero al final fue Salvio, otra vez, el que resolvió con simpleza y a un toque para estirar la diferencia. Ya no hubo partido, mucho menos después de que Bebelo Reynoso colocara la primera pelota que tocó contra un palo: un tiro libre precioso, ya con Tevez fuera de la cancha por un golpe, resguardado por Russo. Vinieron minutos útiles para su reemplazante, un futbolista que, en este clima favorable, tal vez pueda darle continuidad a la clase que evidentemente tiene. Reynoso sabe jugar, el asunto es hacerlo más tiempo.

Gol de todos: Buffarini, Tevez, Villa y Pol Fernández con Salvio, en el festejo del segundo tanto del volante
Gol de todos: Buffarini, Tevez, Villa y Pol Fernández con Salvio, en el festejo del segundo tanto del volante Fuente: LA NACION - Crédito: Mauro Alfieri

El 3-0 volvió las cosas al principio de la noche. El equipo colombiano solo quería irse, aunque faltaran más de veinte minutos, cuando la Bombonera volvió a dejar de lado el partido y se dedicó a celebrarse a sí misma. Si en estos largos años que coincidieron con los festejos de River se mantuvo estoica, ahora puede levantar la vista hacia el futuro. Y enfocarse, una vez que la resaca de estos esperados festejos amainen, en la construcción de lo que viene. La presencia de Russo en el banco, firme para tomar determinaciones como el lugar en la cancha del que disfruta Tevez, es algo así como un puente entre el pasado y el presente. Estaba él en el banco la última vez que Boca ganó la Copa, en 2007. Está él ahora, tantos años después, para perfilar un equipo que amase argumentos nuevos. Elementos que le den aire para ir a pelear otra vez por ella. Viene bien, en ese tránsito, esta etapa de placidez: con un recorrido largo por delante, mejor es ir dando pasos cortos para llegar bien pertrechados a las horas cumbres.

Mientras tanto, y hasta nuevo aviso, Boca cerró estas escenas de felicidad con una demostración de que, lejos de darse por satisfecho, todo está apenas empezando. "¡Dale campeón, dale campeón!", aulló el estadio, una vez más, cuando el árbitro decidió que estaba bien, que a la noche de Boca no le faltaba nada. Y terminó el partido.

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