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El video se viralizó en las redes sociales. Eduardo Coudet, que minutos antes fue expulsado por el árbitro Silvio Trucco, regresó desde la boca del túnel, superó la línea de los carteles de publicidad y se adentró al campo de juego del Gigante de Arroyito para festejar el agónico gol de Alejandro Donatti sobre San Martín, de San Juan, que le dio el triunfo 2-1 a su equipo, Rosario Central, uno de los punteros del campeonato. El Chacho, un hombre al que, como él mismo reconoció más tarde, le cuesta a veces controlar las pulsaciones, se despojó por unos segundos del cargo de director técnico para transformarse en un hincha sanguíneo. No es llamativo, tampoco novedoso: el personaje y el público forjaron una estrecha relación cuando Coudet vistió la camiseta del club rosarino, una historia que se escribió en tres etapas. Desde entonces, un idilio que ni el tiempo ni las distancias pudieron enfriar; un ida y vuelta con gestos y palabras que en diciembre pasado empezó un nuevo ciclo, cuando los dirigentes le ofrecieron la conducción del plantel. Todo un desafío para el Chacho, que a los 40 años empezó su carrera como técnico. Una aventura que ya dejó una huella a partir de los números, las estadísticas, las decisiones, pero de la que nadie se anima a pronosticar cómo puede ser el episodio final.
"Muchos de mis amigos me decían que no ponga la cabeza porque iba a quedar tirado, porque no me iban a traer jugadores. Pero Central hacía mucho que no tenía un libro de pases de esta magnitud. El apoyo de los directivos fue total en el proyecto y tenía confianza en que se podía llevar adelante", reconoce Coudet, que fue un gerente y no un director técnico durante el tiempo del mercado de pases. Hizo contactos para repatriar a aquellos futbolistas que son productos de las divisiones inferiores del club y se desempeñaban en el exterior; también aconsejó a los dirigentes -el presidente Raúl Broglia asumió hace poco más de seis meses- para que no descubrieran los nombres por los que se negociaba, ya que encarecía el valor en las conversaciones. "A César [Delgado] lo voy a buscar yo si es necesario, ya le pusimos su nombre y número a la camiseta", presionó, a través de los medios, al delantero de Monterrey, de México, para que pegara la vuelta, aunque le restaban seis meses para terminar el vínculo. Chelito, cuando firmó, fue contundente: "El Chacho siempre me pidió que vuelva, me quemó la cabeza. Tiene facilidad para hablar, y eso motiva".
Un equipo dinámico, que presiona con intensidad para recuperar la pelota, en el que se combinan los nombres de experiencia -Caranta, Pablo Álvarez, Delgado, Ruben, Villagra, Colman- y aquellos juveniles que fueron campeones y subcampeones en Reserva entre 2013 y 2014, entre los que se sobresale Franco Cervi, es lo que enseña el nuevo modelo de Central. "El Chacho está pendiente de todos los detalles, hasta de mi alimentación", señala Cervi, la joya de 20 años, que tiene asistencia perfecta y tres goles en el campeonato; Jonás Aguirre, Yeimar Gómez Andrade, Walter Montoya, Elías Gómez y Víctor Salazar son otros apellidos que acompañan, piezas de recambio a las que Coudet echa mano y obtiene saludables respuestas.
El rendimiento del capitán Ruben, goleador con olfato y que con cada movimiento refleja su crecimiento tras su paso por las ligas europeas, facilita la tarea ofensiva. Pero no todo es cuestión de nombres, porque con ojo clínico Coudet supo corregir aquellos partidos en los que el equipo dejaba una floja imagen. Al Chacho no le tiembla el pulso, hace cambio de nombres, tácticos, de estrategia, enseña que no se ata a sistemas ni a apellidos. "El esquema depende de los jugadores de los que dispongo", es su respuesta preferida, cuando le hablan de táctica.
"Me tocó arrancar en un club grande que tiene muchas responsabilidades, pero tengo mucha fe que va a salir bien. Apuntamos a pelear, a ser protagonistas. Es la idea que bajamos desde el cuerpo técnico e incluso también lo manifiestan los propios jugadores. Ellos mismos se ponen de objetivo estar arriba", dice el Chacho, aquel que se ganó el corazón de la gente apenas puso un pie en el club, hace 20 años. En Central debutó con un gol ante Independiente; fue campeón de la Copa Conmebol 1995, le convirtió y desató un festejo irónico en el 4-0 sobre Newell's, en 1997? Fue protagonista de mil historias, algunas cercanas a la ficción. Hoy intenta alejarse de aquel personaje histriónico, aunque hay noches en las que se le vuelve a soltar la cadena. Aunque trate de mostrar otra imagen por el nuevo cargo, nunca deja de ser el Chacho.



