Chile no pudo con el VAR, pero sí con los penales: eliminó a Colombia y es semifinalista de la Copa América 2019

Copa America Cuartos de final
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Colombia

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Chile

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28 de junio de 2019  • 22:44

El VAR, a esta altura, es el protagonista estelar de la Copa América. No hay seleccionado, figura, goleador, arquero ni entrenador que le pueda hacer sombra. La tecnología avanza y se presenta en la competencia continental con la fuerza de la gravedad. Genera, en el mientras tanto, un mundo de sospechas, polémicas y acusaciones. Más allá de que el valor de la justicia es su principal fin, el universo de la pelota no está preparado para aceptar con hidalguía esta herramienta. No sólo eso: se invierte demasiado tiempo en esa sintonía. En ese contexto, se jugó Chile-Colombia, por un lugar en las semifinales. El bicampeón se sintió perjudicado: Néstor Pitana, el árbitro, le anuló dos goles. Antes, mucho antes de la definición por penales, rueda en la que festejó el bicampeón, algo así como la justicia desde el ámbito de lo estrictamente deportivo. Fue 5-4 sobre Colombia, con el carácter de Alexis Sánchez en el último grito.

A los 16 minutos de la primera mitad, Aránguiz abrió el marcador, pero mientras los chilenos celebraron, el juez tomó nota de un llamado desde las oficinas. Ni siquiera fue a ver la acción: por el intercomunicador, se le advirtió de una posición adelantada de Alexis Sánchez -demasiado fina, casi imperceptible-, en el avance de la jugada. Pitana aceptó la decisión y, luego de cuatro minutos, anuló el gol.

Algo parecido ocurrió a los 26 minutos de la segunda mitad. Un zurdazo de Arturo Vidal provocó una nueva celebración; es más: el símbolo del equipo, creó una rúbrica en el aire a modo de festejo y nada hacía pensar en una eventual suspensión. El VAR se presentó otra vez, Pitana tomó nota de una mano de Maripán -la pelota chocó contra su brazo- y Colombia celebró aliviado, una vez más.

El desarrollo siguió, más allá de las protestas de los chilenos -en el campo de juego, en las tribunas, en las redes sociales-, que en buena parte del espectáculo mostró una mejor actitud. Colombia ofició de partenaire, sólo con la zurda de James Rodríguez como elemento de audacia y un par de salvadas de Ospina. Hubo, además, roces, peleas, amenazas. Como cuando Alexis Sánchez le reclamó a Wilmar Barrios por una infracción, en una suerte de duelo -de dos generaciones- de River y Boca, mezclado en una competencia en Brasil. También fue parte de las rencillas Pitana, demasiado expuesto con gestos y charlas exageradas.

La insistencia mayor siempre estuvo del lado de Chile, que con Vargas como faro de finalización de las jugadas, exhibió mayor poder de ataque, aunque chocó contra sus propias limitaciones. Lo de Colombia fue otro asunto: desde temprano aceptó ser el actor secundario en la fiesta. Con una curiosidad: no le convirtieron en los cuatro partidos en los 90 minutos.

El 0 a 0 derivó en los penales, otra vez, como ocurrió con Brasil y Paraguay, aunque el anfitrión había sido superior en los 90 minutos, sobre todo, desde que tuvo un jugador más. En esta definición, Chile celebró a lo grande. Aunque debió ganar mucho tiempo antes.

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