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Parece un día normal. Un sol otoñal calienta la tarde de viernes. En el predio Pedro Pompilio, sin la presencia de hinchas ni de periodistas, el plantel de Boca sale a la cancha auxiliar para comenzar con el entrenamiento regenerativo, como es habitual luego de cada partido. Gustavo Roberti, preparador físico xeneize, toma la palabra, como también es habitual en cada práctica. Saluda a los jugadores, hace algunas bromas y ordena una serie de juegos para comenzar a entrar en calor. El clima es distendido, los futbolistas participan y ríen. El grupo está bien.
Aquel no fue un día normal. Era el primer entrenamiento después de la revancha ante River, por los octavos de final de la Copa Libertadores, que fue suspendida por el ataque con gas pimienta a los futbolistas millonarios cuando ingresaban al campo de juego para disputar el segundo tiempo. Aún no había una resolución oficial sobre la continuidad, o no, del partido, pero en Boca ya se preparaban, puertas adentro, para una dura sanción. Por eso, y para no descuidar el ánimo del plantel, el Profe -como le dicen a Roberti- y el entrenador de Boca, Rodolfo Arruabarrena, consensuaron bajarles un mensaje a sus dirigidos a través del trabajo: "Ustedes no tienen nada que ver con esta eliminación, se decidió en otro lugar, ahora borrón y cuenta nueva".
Gustavo "el Profe" Roberti es mucho más que el preparador físico de Boca. Es el integrante del cuerpo técnico con mayor cercanía al plantel. Es el encargado de sostener el buen clima y de velar por los deseos e intereses de los futbolistas. Una especie de guía espiritual, anímico. Pero claro, no son funciones que le haya asignado el Vasco, sino que las fue trabajando e incorporando a lo largo de su carrera, con experiencias en Tigre, Nacional de Montevideo y, desde agosto de 2014, en Boca.
No lo hace sólo por beneficio de trabajo, sino que uno se termina encariñando con la gente
"Él tiene mucha llegada a los jugadores. Es de los mejores profes en cuanto a la parte física, más allá de que hoy no se trabaja tanto desde ese aspecto de preparador físico, porque es un trabajo más general y compartido. Él participa en los trabajos de pelota con físico, algo que hoy es más general. Pero es el mejor en cuanto a lo que es el manejo de grupos. Es el mejor porque entiende al futbolista, sabe ser en alguno momento uno más de ellos, pero manteniendo los lugares, también tenés que contar con un grupo inteligente que lo entienda. Y porque le gusta conocer al jugador por dentro, le interesa. No lo hace sólo por beneficio de trabajo, uno se termina encariñando con la gente que convivís tanto tiempo. Sus problemas los sentís como tuyos, como los de un amigo. El jugador entiende que lo hace porque le preocupa, por una cuestión de cariño", explica Diego Markic, ayudante de campo de Arruabarrena, en diálogo con canchallena.com.
Los futbolistas lo respetan y lo quieren. Ejemplos hay muchos. Como la noche que Andrés Chávez, después de marcar el tercer gol en el famoso 5-0 contra River del verano, corrió a abrazarlo, agradecido por la ayuda para bajar de peso luego de que lo relegaran del equipo. Como la tarde en que Marcelo Meli, tras convertir un doblete ante Huracán, le dedicó su gran actuación, en reconocimiento por el apoyo y el acompañamiento que le había dado durante el duelo por la muerte de su tía. "El Profe es una persona que está todo el día alegre y tratando de que se trabaje con la mejor onda. El grupo lo quiere mucho. Siempre está pendiente de que no nos falte nada y trabajemos con lo mejor", le cuenta Guillermo Sara, arquero xeneize, a canchallena.com. Hasta el Chino Recoba, emblema del fútbol uruguayo, a quien potenció para superar una seguidilla de lesiones, le expresó su admiración con una sentida dedicatoria en su biografía: "A Gustavo, gran profe, pero mejor persona".
Mil gracias Chino por los regalos! La admiración es mía... pic.twitter.com/x6PfLgBS02&— Gustavo Roberti (@giusti1) abril 9, 2015Roberti, de 42 años, es de General Las Heras, provincia de Buenos Aires. Allí, comenzó a hacer sus primeras armas como arquero, con el sueño de vivir del fútbol. Pero una profunda reflexión lo hizo cambiar los guantes por el silbato y los ejercicios físicos. "Cuando vi que mi capacidad no era la que necesitaba para ser jugador de primera, me empeciné en seguir ligado a la pelota", narra el Profe, encargado de hacer algunas de las charlas previas a los partidos, en una entrevista con Olé. En las concentraciones de Tigre, gracias a algunos amigos en común, se conoció con Arruabarrena, que transitaba por sus últimos años como profesional. Por eso, y por una vieja relación con Markic, cuando el Vasco armó su cuerpo técnico, lo convocó. Primero, trabajó como asistente de preparador físico, pero al poco tiempo se ganó su lugar.
Yo digo que soy ayudador de futbolistas
¿Cómo describe su rol? "Yo digo que soy ayudador de futbolistas. A cada uno en lo que necesite para ponerlo a disposición del técnico. Si tiene 30 y no sabe a quién meter, para mí mejor, que se las arregle. El Vasco les puede hacer un chiste, pero tiene que imponer cierta distancia. Diego (Markic), igual. Yo, no. Yo quiero estar todo el tiempo con ellos. Les hablo, los llamo, me voy a mi casa, me dan ganas de saber de alguno y ‘tac’, mensaje. Noté que alguien está mal y le escribo. Estoy convencido de que las chances de modificar la parte de afuera de un deportista se incrementan en la medida en que lo conocés mejor por dentro. Y yo me vinculo con el plantel desde un lugar muy humano", asegura.

-Markic, ¿qué tiene de especial Roberti para llegar de esa manera a los futbolistas?
-Nada, es así. No tiene una explicación. Por suerte, soy amigo de él desde hace muchos años. Él es así, no se puede explicar: buena gente y tiene un gran corazón. Eso lo demuestra.
Martes 14 de julio, casi dos meses después de aquella tarde. Carlos Tevez se presenta al entrenamiento de Boca tras más de 10 años en el fútbol extranjero. La rutina no cambia: Gustavo Roberti toma la palabra y, entre bromas y juegos, le da la bienvenida al Apache. Tampoco es un día normal, pero el Profe hace que parezca. Otra vez.
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