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Copa América: los brasileños se mueven entre el desinterés y la presión por campeones

Preparativos finales en el estadio Morumbí, de San Pablo, el escenario de la fiesta y el partido inaugurales.
Preparativos finales en el estadio Morumbí, de San Pablo, el escenario de la fiesta y el partido inaugurales. Crédito: @Copa America
Federico Cornali
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13 de junio de 2019  • 23:59

SAN PABLO, Brasil.- Mientras observan la descarga de las vallas que servirán de contención para los accesos al estadio Cícero Pompeu de Toledo, más conocido como Morumbí -por el barrio en el cual está ubicado-, dos trabajadores, de casualidad por la zona, charlan durante el horario del almuerzo, sagrado en San Pablo. "¿Cómo es esa Copa América, Corinthians la juega?", pregunta uno. "No, no, es entre países", responde el otro. Sin detenerse demasiado ante los portones, siguen caminando, mientras los empleados acreditados al torneo aceleran los preparativos a ritmo frenético, por momentos sin demasiado rumbo.

Una situación común, una escena simple, que podría valer como síntesis para graficar cómo viven muchos brasileños las horas previas a la Copa América, sobre todo en grandes ciudades como San Pablo, donde todo sucede al mismo tiempo y casi nadie se detiene a mirar. Quien no pase por el Morumbí, o por el Arena Corinthians, y hasta por el Pacaembú, donde la selección brasileña se entrenó estos días de cara al debut ante Bolivia, probablemente no tendrá pistas de que esta ciudad albergará, entre otros juegos, el partido inaugural del certamen continental.

Tal vez los tropiezos de la selección brasileña durante el último lustro, incluyendo el fatídico 7 a 1 frente a Alemania en su propio Mundial y la eliminación en primera rueda de la última Copa América, sumados a la salida de Neymar, la gran figura del equipo de Tite, sean buena parte de la explicación. Aunque la lupa también debería colocarse sobre el Comité Organizador Local (COL), con apenas 18 meses de vida y tímidos esfuerzos de difusión, sobre todo en las ciudades sede, que recién comenzaron a "empapelarse" 10 días antes del comienzo de la Copa.

No llama la atención, entonces, que se hayan vendido el 65% de las entradas y que partidos como Ecuador vs. Japón y Bolivia vs. Venezuela, ambos en Belo Horizonte y por la tercera fecha de la etapa de grupos, tengan menos de cinco mil tickets comprados. De todas formas, los organizadores confían en que "con la pelota en movimiento", tras el debut de Brasil, los torcedores se irán empapando del espíritu del torneo, adquiriendo las entradas que aún esperan por un dueño. "Nos está yendo bien en líneas generales con las ventas, pero es normal que algunos espectáculos no llamen tanto la atención", explicó Agberto Guimarães, Director General del COL, en conferencia de prensa, intentando poner paños fríos.

Para el partido inaugural, esta noche, en el estadio Morumbí y ante Bolivia, se espera un estadio colmado, con 67 mil espectadores. Sin embargo, no será una jornada fácil, ya que está prevista una huelga general en protesta contra la reforma de la previdencia, uno de los grandes temas del cotidiano brasileño por estos días, superado en interés únicamente por la posible liberación del ex-Presidente Lula, actualmente en prisión. En el ámbito deportivo, la selección brasileña femenina que disputa el Mundial de Francia parece tener un magnetismo superior al del elenco de Tite, pero aún es muy temprano para ese tipo de balances.

El desinterés parcial del público brasileño por la Copa América no le quita, de ninguna forma, presión al seleccionado local por quedarse con el certamen. Todo lo contrario, porque una vez que la pelota se ponga en movimiento y el Scratch avance, como se espera, la ola de optimismo irá creciendo sobre los torcedores, siempre con sed de victoria en un país que sabe de glorias, pero que vive tiempos de amnesia; o, mejor dicho, aprendió a lidiar con la resignación.

El estadio Arena Fonte Nova, de Salvador de Bahía, será el escenario del estreno de la Argentina, frente a Colombia.
El estadio Arena Fonte Nova, de Salvador de Bahía, será el escenario del estreno de la Argentina, frente a Colombia. Crédito: Fabián Marelli

El último trofeo que la selección brasileña levantó fue la Copa de las Confederaciones, en 2013. Un año después, el 7 a 1 sufrido ante Alemania, en Belo Horizonte, por las semifinales de la Copa del Mundo, se convirtió en el gran símbolo de este lustro de decepciones de los pentacampeones mundiales.

Para medir la autoestima del futbolero medio brasileño, basta con ver la reacción ante la eliminación en los cuartos de final del Mundial de Rusia, en 2018. La caída ante Bélgica, que años atrás podría haber sido una "catástrofe", esta vez fue analizada desde otra óptica, con una mirada positivista por parte de la prensa local y los hinchas.

El corte de Neymar por lesión, envuelto en polémica, será un atenuante pero no una excusa. Sin su estrella, la selección de Tite deberá mantener la "tradición" de ganar la Copa América siempre que se juega en su casa, como lo hizo en 1919, 1922, 1949 y 1989. El título en el Maracanã, el 7 de julio, es esperado, pero no por eso Brasil se convertiría en el mejor equipo del mundo, ni siquiera entre sus propios hinchas. Sería, eso sí, un buen trago del mejor antídoto para ir sanando heridas recientes, en el largo camino por volver a ser.

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