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De trabajar para jugar a lavarse la ropa en casa: los argentinos que luchan por su lugar en el lado B del fútbol europeo

Cristian Toncheff, Nicolás Chiesa y Kevin Vicente Levis, tres historias del fútbol europeo
Cristian Toncheff, Nicolás Chiesa y Kevin Vicente Levis, tres historias del fútbol europeo
Tres historias de futbolistas que emigraron hacia el Viejo Continente buscando su destino y recalaron en ligas de primera división menores, como Gibraltar, Malta y Chipre
Juan Patricio Balbi Vignolo
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1 de enero de 2016  • 21:01

El sueño de jugar en el fútbol europeo está en la mente de la mayoría de los futbolistas desde que comienzan su camino. El brillo, el color y la masividad de las grandes ligas del viejo Continente son el foco de atracción del fútbol mundial y, tanto jóvenes como adultos, sueñan con dar el gran salto para perfilar su carrera profesional y, a la vez, mejorar su condición económica. Pero allí, dentro de la gran usina, existe un lado B donde el lujo no existe. Y hay argentinos presentes.

Tres sitios, tres historias. Gibraltar, Malta y Chipre. El primero es un territorio ultramar británico e integrante de la UEFA aunque no de la FIFA, al no ser un estado independiente. Los dos siguientes son países miembros de la Unión Europea e integrantes de FIFA. En cada uno de ellos, futbolistas argentinos pelean día a día -y algunos hace años- por ganarse un lugar. Aquí, sus vidas.

De las inferiores de Boca a trabajar y jugar a la vez en Gibraltar

Cristian Toncheff juega en Gibraltar
Cristian Toncheff juega en Gibraltar

Cristian Toncheff nació en Chaco en 1982 y el destino le deparó una vida en el extremo sur de la península ibérica. Allí se ubica Gibraltar, un territorio británico de ultramar con frontera única con España, país que reclama la soberanía sobre la colonia, con 30 mil habitantes en menos de siete kilómetros cuadrados y con una liga de fútbol. "Llegué en 2013 por medio de un representante, que fue director deportivo de College Europa, mi ex equipo. Me explicó la situación del país, que había entrado a la UEFA y que podía pelear por un lugar en la Champions o en la Europa League. En ese momento no lo dudé, más allá de que me pagaran como semi-profesional. Me gustó la apuesta y era un desafío", cuenta Toncheff en diálogo con canchallena.com.

"Tuve que trabajar de nueve de la mañana a cuatro de la tarde en una empresa de grúas e ir a entrenarme a las siete para poder vivir con mi familia" (Cristian Toncheff, jugador de Manchester 62 de Gibraltar)

"En aquel entonces me pagaban como futbolista, pero no podía vivir con eso y mantener a mi familia. Así que uno de los dirigentes me propuso compensar el sueldo con un trabajo en su empresa de grúas y acepté. Trabajaba de nueve de la mañana a cuatro de la tarde y luego entre las siete iba al entrenamiento. En la empresa manejaba la grúa, agarraba la máquina para agarrar los coches que venían al desguace donde quitaban piezas, acompañaba la persona que le ponía los cepos a los coches, hacía de todo un poco", agrega el argentino, hoy ya afianzado profesionalmente en Manchester 62, donde también colabora en las divisiones menores.

Toncheff hizo las divisiones inferiores en Huracán de Corrientes y luego en Boca hasta la cuarta división. Pasó por San Martín de Mendoza, retornó a Huracán y también estuvo en Deportivo Morón y Colegiales. Partió a España en 2007, donde pudo comenzar a jugar allí tras casarse y conseguir ser comunitario. "Cuando partí a Europa era pura ilusión. Pero luego, cuando llegué, me encontré con otra realidad por el hecho de que no era comunitario y tenía que decidir si regresar o no. Por suerte aposté por mi familia y mi carrera y pude quedarme", comenta Toncheff, quien pasó por varios equipos del ascenso español.

"Cuando llegué a Gibraltar fue todo atípico, porque hay sólo una cancha donde se juegan todos los partidos -Victoria Stadium- y un campo más chico de siete jugadores donde por ahí se entrenan también. Había días que nos entrenábamos dentro de Gibraltar -se turnan los equipos el campo y las categorías- y otros día teníamos que ir a España, en campos alquilados", explica el mediapunta argentino.

Hoy en día, la primera división cuenta con diez equipos y Manchester 62 se ubica en el séptimo lugar, con 8 puntos producto de dos triunfos, dos empates y cuatro caídas. Desde que entró a la UEFA, el país se profesionalizó y la competencia levantó su nivel. Es más, en College Europa, Toncheff llegó a participar en la UEFA Europa League en julio de 2015. A pesar de que cayeron 9-0 en el marcador global, el argentino vivió un momento mágico: "Con sacrificio pude lograr algo que jamás había imaginado. A mis 32 años, fue un sueño. Tuve que pasar muchas necesidades porque el club no nos pagó los últimos meses… comíamos siempre fideos, no teníamos sal, le poníamos limón. Hoy en día veo para atrás y noto que gracias a Dios crecí. Con lo poco o mucho que he conseguido, estoy contento".

Malta: sin concentraciones y llevándose la ropa a casa

Nicolás Chiesa, capitán en Malta
Nicolás Chiesa, capitán en Malta

Malta es uno de los diez países más densamente poblados del mundo. En sus 316 kilómetros cuadrados de superficie, viven 427.400 personas, según datos del Banco Mundial. En el fútbol de la isla, la Premier League cuenta con 12 equipos y los partidos se juegan en tres estadios durante los viernes, sábados y domingos, con dos encuentros por día. Allí, en Floriana, juega Nicolás Hernán Chiesa, delantero argentino de 35 años. "Nosotros jugamos a las siete y tal vez hay otro partido a las nueve y los hinchas se cruzan con tambores, banderas y no pasa nada. A la distancia parece divertido, pero en la Argentina sería una batalla campal. Yo lo vivo con felicidad porque es un país muy alegre y que me generó esta posibilidad", cuenta Chiesa a canchallena.com.

"Acá tienen hábitos totalmente distintos. Por ejemplo, no concentramos. Vas solo dos horas antes directamente a la cancha y te encontrás ahí con el plantel y el cuerpo técnico. También nos llevamos la ropa a lavar a casa y eso pasa en todos los equipos, hasta en los importantes. Es una costumbre de acá. O por ejemplo los malteses vienen vestidos con la ropa de entrenamiento, con la remera, pantalón y los botines puestos. No me había pasado nunca algo así", explica Chiesa, risa de por medio. "A mis 35 años me entusiasmó porque siempre es importante jugar en la primera, aunque sea un país chico. Me abrí a conocer otras realidades y a seguir sumando experiencias de vida. Aprendés mucho, más que nada otras situaciones que en estos países son normales", dice el argentino, capitán del equipo.

"En 2015 pude volver a jugar a Dock Sud y tuve varias charlas con el DT. Yo lo vivía como si hablara con Angelici para ir a Boca" (Nicolás Chiesa, jugador de Floriana de Malta).

Chiesa hizo las inferiores en Club Parque y compartió partidos con Federico Insúa y Esteban Cambiasso por pertenecer a la categoría 80. Pasó por las divisiones infantiles e inferiores de Argentinos Juniors y por la reserva de Nueva Chicago. Luego jugó en Brown de Arrecifes y en Instituto, hasta partir a Rumania en 2004. En 2006 se mudó a Italia, ya que es italo-argentino, y jugó durante nueve años en diversos equipos de la Serie D, donde fue campeón cinco veces y nunca quiso ascender por las diferencias económicas debido a las tasas e impuestos mayores.

A pesar de su presente feliz en Malta, a Chiesa le queda la espina del fútbol nacional: "Soy muy apasionado. Esto es mi vida. Daría un dedo de mi mano por jugar un año en Primera en la Argentina. Me preparé toda una vida para triunfar allí, en Parque, en Argentinos y no lo logré. A mitad de 2015 pude volver porque me llamó el DT de Dock Sud para jugar, antes de arreglar acá en Malta. Y yo lo vivía como si hablara con Angelici para ir a Boca, por las ganas y la importancia que le doy a mi país. Pero decidí quedarme acá por el nivel de vida que conseguí en Europa y donde mi familia ya está acostumbrada", cuenta Chiesa, quien ya tiene el curso de técnico UEFA y sueña con ser director técnico o director deportivo cuando finalice su carrera.

Chipre: mucha exigencia física y la mirada puesta en Grecia

Kevis Vicente Levis juega en la segunda división de Chipre
Kevis Vicente Levis juega en la segunda división de Chipre

Kevin Vicente Levis es marplatense. Estuvo en Kimberley hasta 2011, año en que pasó a la segunda de Grecia. Luego jugó en Deportivo Español, Atlanta y Olimpia de Paraguay, hasta que volvió a emigrar a Europa para desembarcar en 2013 en el ascenso español: integró planteles de Pontevedra, Boiro de Galicia y Peña Deportiva de Ibiza. En 2015, llegó a Omonia Aradippou para jugar en la segunda división de Chipre. "Uno busca desafíos, más que nada. Cuando surgió la oportunidad de jugar en Europa ni lo dudé para cambiar mi estilo de vida, conocer otras culturas y vivir una manera muy diferente a la de Sudamérica. La decisión es futbolística, pero influye lo relacionado con el día a día. Me atraía la forma de vivir en lo económico, lo cotidiano y lo cultural", explica el delantero argentino de 23 años, en diálogo con canchallena.com.

En la isla, el fútbol tiene tres divisiones. En la primera juegan 14 equipos, al igual que en la segunda; mientras que en la tercera son 16. Hoy, su equipo está noveno con 16 puntos: ganaron cuatro partidos, empataron cuatro y perdieron seis. "Yo siempre apunto a tener una buena temporada y conseguir el ascenso. Si no tenemos la suerte, hay que andar bien en lo personal para llamar la atención de los equipos de Primera o los fuertes de Segunda y del mercado griego", cuenta Vicente, hincha de River y quien ya fue a ver jugar a Fernando Cavenaghi, la figura del fútbol chipriota en APOEL, equipo que pelea el título en la primera división.

"Tenemos entrenamientos muy fuertes. Hacen hincapié en lo físico, además del juego en sí. Tuvimos una pretemporada entera con doble turno y mucho gimnasio con potencia. El clima es de los más calurosos de Europa y, si uno quiere estar al ciento por ciento, seguro no puede terminar todos los entrenamientos por la exigencia climática", explica el delantero. "En cuanto al fútbol, nos juntamos a la mañana temprano, vamos a un hotel, almorzamos juntos, descansamos y vamos al campo. En el partido de local te juntás tres horas antes; no concentramos generalmente porque no se suele hacer. Y en los partidos las hinchadas se juntan, los accesos al campo están en una o dos puertas y se pueden cruzar y no pasa nada. Se vive con mucha pasión, llevan bombos, banderas y hacen ruido. Aunque, como es de esperar, es mucho más tranquilo".

jpb/gs

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