Derribando mitos: "Se juega como se vive"

Un análisis en profundidad de una de las frases más repetidas en el fútbol; pero, ¿realmente es así?
Ignacio Fusco
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6 de noviembre de 2016  

Carlos Tevez, en plena ruta
Carlos Tevez, en plena ruta Fuente: LA NACION - Crédito: Pablo Vigo

El grupo Piola Vago tocaba en Salto, norte de la provincia de Buenos Aires, y a Carlos Tevez le pareció una buena idea sumarse a la movida, decirles a algunos de los músicos que se subieran a su Citroën C4 blanco, arrancar, ir. Era de madrugada, ya, y les faltaban 40 kilómetros para llegar a la ciudad cuando el entonces delantero de Manchester United supo algunas cosas: que se le había roto un neumático, que no tenía auxilio, que debían esperar todos a la vera de la ruta mientras el dueño del club viajaba hacia ellos para llevar al delantero a una gomería cercana. Todo eso descubrió Tevez, y una cosa más. "No tengo plata", les dijo al dueño y al responsable de la gomería, después del arreglo, mientras se sacaba las manos de los bolsillos: "Es que salí así nomás, no pensaba que iba a venir yo". La escena rutera fue narrada por la periodista Sonia Budassi en su libro "Apache. En busca de Carlos Tevez", y no hay que ahondar demasiado para sospechar que si hubiera jugado como vivía, el hombre al que la prensa inglesa llamaba "Quasimodo" jamás habría sido titular en el que fue, en aquel 2008, el vencedor de la Liga de Campeones.

La vida es más que el juego

"No creo que haya una rima entre la vida y el fútbol", reflexionó Alejandro Dolina, entrevistado ese año por la revista Gente. "La vida es mucho más rica que el fútbol. Vivir es mucho más complicado que jugar", añadió. A un océano y tres Champions de distancia, José Mourinho también cree algo así: "Mi profesión es muy competitiva, y a veces hace que uno se comporte de determinada manera. Pero la vida profesional es sólo una parte de una persona", dijo a Daily Telegraph. Si los equipos de Mourinho hubiesen jugado como Mourinho es -abierto, sonriente y predispuesto- la traducción habría sido una serie de equipos lentos, livianos, hechos de boy scouts. Firma, nuevamente, el director técnico del Manchester United: "Una persona es mucho más que un entrenador".

Una persona que puede ser silenciosa y tímida, y en la cancha, todo lo contrario: un remolino de enganches, sapiencia y ballet. En una entrevista que en junio de 2008 concedió al diario Olé, una de las hermanas de Ariel Ortega , Mónica, contó por primera vez que el entonces capitán de River era alcohólico. Habló de su depresión, de una internación en Chile, de las sesiones con un psiquiatra en Rosario. "En la cancha no se nota lo que le pasa porque es un privilegiado. Puede estar tomando toda una noche y al otro día jugar y ganar el partido con una genialidad...". Mónica se refería al Ortega del Newell's campeón bajo el mando de Américo Gallego y el River campeón de Diego Simeone, entre 2004 y 2008. Justo el Ortega más blusero, el que necesitaba sólo un pase para provocar un huracán. "La cancha funciona así, como una liberación. Acaso el juego sea una expresión que no pueden lograr en su vida de a pie", acompaña Dolina, una línea que se bifurca en lo que piensa Eduardo Sacheri en un diálogo telefónico para la nacion. "La traducción automática del «se juega como se vive» me parece un exceso, pero sí creo que cuando se juega se exhiben algunas características de la personalidad que en el resto de la vida se ocultan juiciosamente. No es que Fulano se transforma, no: Fulano se muestra. Ver jugar a la gente es verla, en algún punto, en profundidad".

"No, no se juega como se vive", sostiene el filósofo Darío Sztajnszrajber, según explicó en uno de sus escritos. "La vida es otra cosa, y por suerte existen los juegos. Como el fútbol. Para que la vida no sea sólo la vida y se compense o se descargue o se conjure", dice. Una vida que necesita de esos escapes o refugios, para que su protagonista vuelva a ella aun más poderoso.

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