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El gesto serio, reconcentrado. La mirada más afirmada sobre el mostrador que tenía delante suyo que en la cara de los interlocutores. ¿Nervios? “Emoción y preocupación”, diría sobre el final de los 45 minutos que duró su presentación. Jorge Sampaoli tuvo que hacer un viaje de 15 años para llegar a lo que definió como su sueño: ser el entrenador de la selección argentina. Para graficarlo, este rockero, seguidor de Los Redonditos de Ricota y Callejeros, eligió una frase de José Larralde: “Es lindo estar cerca de lo que de lejos se admira”, leyó de su mente una cita que tenía preparada.
Lo trascendente de la jornada se adivinaba también en esa troupe de familiares que desandó los 335 kilómetros desde Casilda para ser parte. Eran 22, mezclados entre los periodistas que colmaron una sala de conferencias por la que en los últimos tres años ya pasaron Alejandro Sabella, Gerardo Martino y Edgardo Bauza. De ese plantel de gente querida, quien más se hizo notar fue una nena a la que alguna vez le mostrarán el video de cómo y cuánto lloraba mientras su pariente más famoso hacía invocaciones a los “40 millones de argentinos”, a los que pretende conquistar.
Otro grupo, enfundado en camperas, camisetas y banderas de Alumni de Casilda, aguantaba el frío: no había logrado superar el portón de entrada del predio de Ezeiza.

Las luces también apuntaban a Jorge Burruchaga -representante de los campeones del mundo, fue designado manager de la selección-, Chiqui Tapia y las dos personas más próximas al nuevo entrenador: Jorge Desio -flamante preparador físico- y Sebastián Beccacece, que además de dirigir a Defensa y Justicia ahora será el segundo DT de la selección. Ninguno de los demás, salvo la brevísima presentación de Tapia, tomó la palabra. Beccacece era el más relajado: se reía con ganas, tomaba agua, ayudaba a los fotógrafos; Desio no paraba de mover sus dedos sobre la mesa, como si interpretara una obra al piano.
En la previa, Smpaoli había esperado en un salón junto a sus colaboradores y los dirigentes. Entre ellos estaba Daniel Angelici, que no se dejó ver en escena. Unos minutos antes de la presentación, el nuevo DT de Lionel Messi empezó a ir y venir, dando pasos cortitos y rápidos, igual que camina por el borde de la cancha durante los partidos. Un testigo lo definió: “Estaba entrando en clima de conferencia, era un momento cumbre de su vida”.
Su tono patriótico tuvo otros símbolos: “tenemos que defender el escudo”; “estamos todos debajo de la bandera nacional”; “nuestra obligación es que la gente se sienta representada por la selección”, dijo en distintos pasajes. Para el final se guardó una reflexión, o un deseo, que iba más allá de ganar un partido: “Me gustaría participar de una regresión a los valores de antes”, se animó. Ya estaba lanzado.
Afuera lo seguían esperando sus paisanos, a los que pensaba encontrar después. Los siente propios: “Yo soy de la calle”, había dejado escapar un poco antes.



