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Gabriel Milito caminaba por los pasillos del moderno estadio Sheikh Zayed, en Abu Dhabi. Él no iría siquiera al banco, pero quería apoyar a sus compañeros de Barcelona (ese Barcelona del que hablarán por muchos años) en una nueva final: ante Estudiantes, por el Mundial de Clubes. "Protagonismo cero", pensaba. Pero no. Pep Guardiola, el hacedor del ¿mejor equipo de la historia?, lo buscó para hablar.
-Gabriel, preciso que le des la charla previa al partido a tus compañeros
-¿Yo? ¿Por qué?
-No podemos relajarnos, tú conoces el carácter de los equipos sudamericanos.

Ayer, a una semana de su partido despedida (el próximo 26 de diciembre, en el Libertadores de América), el Mariscal recordó, en diálogo con Basta de Todo, por radio Metro, la primera charla técnica que tuvo que dar frente a un equipo. Tamaña responsabilidad: hablar ante jugadores de la talla de Lionel Messi, Andrés Iniesta, Xavi Hernández y Thierry Henry, entre otras grandes figuras. Finalmente, Barcelona ganó ese partido por 2-1, con el recordado gol de pecho de Leo.

La relación que forjó con Guardiola fue diferente a la de muchos. En sus años en Barcelona, Pep fue a comer a solas con muy pocos jugadores, entre ellos: Milito.
Por su poca continuidad, una de las últimas temporadas en el club, el Mariscal no podía ocultar su fastidio. Al percibirlo, Pep lo llamó a su despacho después del entrenamiento y lo invitó a almorzar. Se sentaron en un lujoso restaurante de Barcelona y, antes que nada, el entrenador pidió la carta de vinos. Eligió, quizás, el mejor o uno de esa categoría. Bebieron mirándose a la cara, cortando los sorbos con algunas palabras aisladas. Cuando quedaba poco vino en la botella, comenzó la verdadera conversación.
-Vamos, digámonos todo lo que pensamos del otro- propuso el entrenador.
-Dale- respondió Milito, que no se achicó ante el pedido del DT.
Hablaron durante un largo rato, cara a cara, sin temores ni rencores. Luego, se pusieron de pie y se fundieron en un largo abrazo.
No quiero que me regalen nada
Milito dejó el fútbol a mediados de 2012 y hoy se desempeña como entrenador de un selectivo de juveniles de Independiente. Sueña con ser entrenador en primera división, pero antes prefiere formarse y ganarse ese lugar, como lo hizo Pep. En Abu Dhabi demostró que tiene pasta, pero avisa: "No quiero que me regalen nada".



