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Eduardo Coudet sorprendió a propios y extraños. Cuando surgió la posibilidad de arrancar su carrera como DT en Central, más de uno se quedó con la imagen de jugador rebelde y extrovertido que supo aportar talento y buen juego en Rosario, San Lorenzo y River, aunque la mayoría tenía dudas sobre si iba a poder estar a la altura de un desafío más ligado a la conducción (desde afuera) que a la ejecución (desde adentro). Pero su primer punto a favor fue, justamente, saber separar las cosas: “He echado a más de un jugador de las prácticas, pero son calenturas que uno se agarra por las exigencias con las que nos gusta trabajar. Y es algo momentáneo, no te podés ensañar. Para mí, lo más importante es el grupo”, reconoce Coudet.
Hoy, dos años después de haber comenzado su camino en el banco de suplentes, es el DT más cotizado. Se acaba de ir de Rosario Central haciendo un muy buen trabajo, pese a que no dio ninguna vuelta olímpica, y enseguida estuvo en la órbita de tres clubes grandes: Racing, Independiente y River, cuando Marcelo Gallardo instaló la duda sobre su continuidad. Tiene grandes chances de ser el nuevo entrenador de la Academia, aunque mientras define su futuro: ¿cómo es el estilo Coudet? ¿Qué piensa el Chacho y cómo trabajó en Central?.
Coudet es flexible como entrenador. Se adapta a los jugadores que tiene para decidir el sistema y trabaja más de una variable táctica por si necesita utilizar dos o tres incluso dentro del mismo partido. Por eso, mientras estuvo en Central, usó varios esquemas, partiendo del clásico 4-3-1-2 al 4-1-4-1, también jugó 4-2-3-1, 4-4-2 y 4-3-2-1 (el “árbol de Navidad” de Ancelotti), cuando tuvo a varios delanteros lesionados y apostaba a potenciar la sociedad del doble 10 con Cervi y Lo Celso. Entiende que los partidos tienen “momentos”: “No me gusta jugar de la misma manera en todo momento. Jugar siempre igual no existe. Hay momentos, manejo de los tiempos. La ideal del equipo corto es real, achicar para atrás o para adelante para que todos corran menos”, describe Chacho sobre sus gustos y formas. Repite movimientos en las prácticas, pero su idea es darles herramientas para que el jugador decida, que no tenga todo resuelto: “el jugador también debe saber pensar y decidir”, es otra de sus máximas. No le gusta el 4-3-3 sistematizado porque al estar todo mecanizado, el adversario ve venir la jugada. Le muestra al plantel videos del rival, aunque no pasan de los 20 minutos.
¿Qué les pide Coudet a los jugadores? Sobre todo es exigente para que en los entrenamientos se trabaje con la intensidad de los partidos. El se juega como se vive lo transforma en el “se entrena como se juega”. Por eso más de una vez, cuando un jugador acusó alguna molestia, le decía que ese día entrene diferenciado: porque él evalúa por los entrenamientos y necesita que todo futbolista esté al cien por ciento. Ahí es clave el trabajo de todo su cuerpo técnico y, sobre todo, el del profe Ernesto Colman. Chacho prefiere que el jugador no entrene a la máxima exigencia uno o dos días, pero que cuando se sume al grupo esté al tope de su potencial.
Alimenta la competencia interna porque –cuando es buena, aclara– eleva el nivel de los futbolistas. Trabaja casi dos horas desde lo táctico por líneas o características puntuales, pero no le da privilegios a nadie. Antes con Franco Cervi o después con Giovani Lo Celso, por citar el puesto de enganche cuando Central jugó 4-3-1-2, explica: “Correr tienen que correr todos. El enganche también tiene que correr, igual que los otros tres volantes. ¿Si le pido que haga sombra en el retroceso? No, sombra no, tiene que marcar y recuperar”, comentó hace unas semanas en una entrevista con LA NACION y agregó: “Si hay algo que no negocio es la actitud”. Y puede tener preferencias por tal o cual jugador, pero siempre salen a la cancha los mejores. No se siente condicionado por la edad ni la trayectoria.
Al principio, su manera vehemente de dirigir le trajo como consecuencia expulsiones. Siempre pensó: “Si algunos fallos no nos hubieran perjudicado...”. Más allá de su visión de juego, también es muy bien observado por los clubes grandes porque le da mucha importancia a las inferiores: Cervi, Montoya, Jonás Aguirre, Lo Celso, Salazar y Maxi Lovera son sólo algunos de los que promovió y les dio continuidad.
Javier Pinola, uno de los referentes de Central que no pudo jugar los últimos meses por lesión, dice de Coudet: “Ante todo es una persona espectacular, con la cual se podía hablar de todos los temas. No sólo nos ayudaba en lo futbolístico, en donde estaba en todos los detalles, sino también fuera de la cancha y aconsejando a los más jóvenes. Y eso sin dudas que ayudaba para el trabajo grupal. Es una gran persona, muy divertida y también muy seria cuando había que serlo. Como técnico tenía una idea de juego bien clara, que favorecía y potenciaba el rendimiento de todos. Siempre pregonó jugar bien y así también consiguió que Central sea protagonista en todos los torneos”.
Coudet tuvo un estilo protagónico en Central. Y aunque sabía que a los centrales Gissi y Torsiglieri no podía pedirles lo mismo que a Donatti y Pinola (defensores con una jerarquía mayor), nunca dejó de arriesgar. La derrota en el último clásico con Newell’s (ganó el DT que más se conformaba con el empate y perdió el que buscó el triunfo hasta el final) y la última final de la Copa Argentina ante River (3-4) es un ejemplo. Coudet, que ahora tendría la chance de dirigir a Racing, ya hablaba así de Central: “En los equipos grandes, los laterales tienen que atacar y los centrales deben saber jugar mano a mano. Los laterales tienen que atacar porque son las llaves de los triunfos, así abrís defensas”, contó en una entrevista con Fox Sports. Y así lo buscó: ubicando a Salazar o Ferrari por la derecha y a Villagra, Pablo Alvarez o Jonás Aguirre o José Luis Fernández (los últimos dos, mediocampistas), por la izquierda.
“Yo soy amiguero. En el fútbol tengo muchos amigos”, sostiene el Chacho, aunque sabe separar las cosas y así es que –en el momento del trabajo–, se trabaja. Es un convencido de que el fútbol arranca y termina en el grupo que se logre formar desde las cualidades humanas y las exigencias futboleras. Y busca eso en un equipo: “Cuando tenés un grupo en donde 25 cabezas van para el mismo lado, es difícil voltearlo eh…”.
Coudet no tuvo temores en hacer parte de su columna vertebral (y desde el comienzo) a jóvenes como Franco Cervi, Víctor Salazar, Walter Montoya, Jonás Aguirre y Giovanni Lo Celso, pero además promovió a Hernán Da Campo, Ezequiel Rodríguez, Maximiliano González, Ijiel Protti, Maximiliano Lovera, Joaquín Pereyra, Leonel Rivas y Rodrigo Migone. Contando las ventas de Cervi a Benfica (Portugal) y de Lo Celso a PSG (Francia), Central ganó 20.000.000 de dólares. La cláusula de salida de Montoya, pretendido por Boca y River, es de US$ 4.000.000.
Coudet suma seis expulsiones como entrenador de Central, cuatro de ellas en el torneo 2015 (vs. Chicago, River, Sarmiento y San Lorenzo), las restantes en 2016 (ante Belgrano y Estudiantes).



