El futuro técnico de Boca: los tres clubes que tiene Miguel Russo en el corazón

Russo y Riquelme, una sociedad a punto de reactivarse
Russo y Riquelme, una sociedad a punto de reactivarse
Ariel Ruya
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24 de diciembre de 2019  • 20:00

"Esto es Central", advierte, por la pasión de una ciudad que respira fútbol, identificada con los colores canallas. "Estudiantes es una escuela", entiende, por la clase y la mística de un club que transformó para siempre la historia del fútbol. "Lanús es mi casa", cuenta, porque no solo nació en esa localidad, sino que fue el prólogo de una carrera de 30 años.

Miguel Angel Russo nació en el Sur hace 62 años. Fue un volante central combativo y cerebral, que debutó en 1975 en Estudiantes. Y en el León colgó los botines, en 1988. Rápido de reflejos y un estudioso en la materia, se inclinó por la enseñanza, por la dirección técnica. Un año después, arrancó la aventura en Lanús. Ya son 30 años de pizarrones y de vueltas por el mundo. Se consagró en varios destinos, pero fue con Boca, en la Libertadores 2007, con un brillante Juan Román Riquelme, donde consiguió el respeto unánime del fútbol.

A horas de volver al mundo xeneize, tiempo después de superar una dura enfermedad, visitante ilustre en Colombia, Perú y Paraguay en los últimos años, vuelve en carne viva. Emotivo, más que cerebral. Con el corazón en la mano, más allá de tácticas y estrategias que suelen ser más precavidas que audaces. Y en ese juego de opuestos, Russo tiene tres grandes debilidades. Le tiene un respeto mayúsculo al mundo Boca, claro. Le tiene afecto a Vélez, donde también salió campeón. Recuerda a Racing, recuerda a San Lorenzo, tal vez, con mayor simpatía. Pero tiene tres grandes amores: Russo es hincha de tres clubes.

Es un (triple) sentimiento que va más allá del mayúsculo desafío por venir. Es de Central, una enorme pasión que adoptó con el tiempo. Es de Estudiantes, porque porque esa sangre corre por sus venas. Y es de Lanús, porque de allí es, su casa, sus primeros pelotazos. Dirigió a los tres. Y con los tres quedó en la historia.

"Yo digo que te tenes que preparar para llegar a Boca. Si vos manejás Central, manejás Boca. Pero primero, hay que saber conducir a Central... Hay que saber estar ahí, con toda su dinámica, su fervor. Si sos un entrenador que está en ascenso, llegar a Central es el punto ideal para saber hacia dónde podés ir. Si no podés ser técnico de Central, todo lo demás te va a costar, te va a quedar grande", contó, exactamente un año atrás, en una charla con ESPN. Ignacio, su hijo, convierte goles en la reserva canalla. Alguna vez, Nacho contó: "De chiquito iba a la cancha con mi vieja, mi abuelo y mi hermano". El chico tiene 18 años, es estudiante de Administración de Empresas.

Cuando se consagró campeón de la Liga Águila con Millonarios, se quebró. Un poco porque atravesaba una enfermedad, otro poco por la distancia. "Estoy feliz, lo festejo en familia, como nunca. Esto es para la gente de Buenos Aires... y de Rosario", expresó. Y cuando cumplió el aniversario de su primer partido como entrenador... "Agradezco a la gente de Lanús, esos locos que me agarraron y a su presidente Nicolás Russo, que lo saludo con el mayor de los respetos y gracias. Y a Carlos Bilardo y Eduardo Luján Manera...", enumeró.

En esos días, Estudiantes se hizo eco de ese logro de un hijo pródigo y lo felicitó con un cálido mensaje: "por seguir enalteciendo la escuela de Estudiantes alrededor del mundo". Hace unos días, conoció el moderno 1 y 57. "Hace mucho que no venía, y más allá de la nostalgia, me encontré con un futuro muy grande, que es lo que necesita este club. Ser partícipe de todo esto es importante, y que la gente disfrute. Me encantó poder estar en el estadio. Yo soy algo muy chiquito en la historia grandiosa de Estudiantes. Yo nací ahí. Vivís escuchando historias de noches coperas, es fuerte. Es la madre de todo en el club, de la infraestructura, de la mística, de los jugadores. Es un club con próceres. Un club modelo, de enseñanza permanente"

De "Estudiantes está acostumbrado a la épica copera" a Lanús, su primer amor. Estuvo de paso apenas un puñado de días atrás. Y volvió a conmoverse. "Esta es mi casa por muchas razones. Estoy contento de ver gente amiga a la que hace mucho tiempo no veía. Me llena de orgullo. El club, cada vez que vengo, tiene algo nuevo. Imaginé muchas veces este monstruo que es Lanús. En cenas y cafés me tocó hablar de esto. Primero estuvo lo deportivo y luego llegó la hora de engrandecerse como club. El mensaje siempre fue: crecer deportivamente con el tiempo significa hacerlo socialmente".

Y dijo, casi al pasar, luego de salir del Polideportivo: "Me emociona, es la vida misma".

A horas de asumir un reto estelar en Boca y con Román en otra función, Russo sabe que tiene en el corazón otras razones por las que seguir ligado al fútbol. Como cuando dictaminó, en su etapa más dolorosa: "Esto se cura con amor". Y en ese camino anda.

Por: Ariel Ruya
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