El mensaje de Bielsa en Leeds: no son los binoculares, es el Big Data

Claudio Mauri
Claudio Mauri LA NACION
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16 de enero de 2019  • 19:28

La exposición a la prensa con videos y power-point no fue sugerencia ni imposición de las autoridades de Leeds . La iniciativa corrió exclusivamente por cuenta de Marcelo Bielsa , que tampoco se sintió interpelado por el comunicado de días atrás del club, en el que se permitía recordarle al director técnico "la integridad y la honestidad en las que se base el Leeds", a raíz del caso del espía que había mandado a la práctica del Derby County.

Por si hacía falta una muestra más, Bielsa demostró que no es un director técnico al uso, encasillable en lo convencional o lo ya visto. Cuando el episodio del "espiagate" tendía a extinguirse, el Loco le volvió a dar una visibilidad global por decisión propia. Con su estilo, quizá sobreactuando en opinión de sus críticos, o dando cátedra en la visión de sus incondicionales. Porque mucho antes de que se empezara a hablar de la grieta en la política argentina, Bielsa dividía bandos, como solo lo podían hacer Menotti y Bilardo.

Desde un principio, Bielsa aseguró que no se sentía un inmoral ni un transgresor de las leyes por haber enviado de incógnito a un ayudante. Aceptó que Lampard (DT de Derby County) y parte de la comunidad futbolística inglesa consideraran que había vulnerado el principio de Fair Play, y que su obligación es adaptarse a las costumbres y tradiciones del país que lo contrata.

También había calificado como "irrelevante" la información que podía traerle su espía, y que ordenaba esa misión porque la consideraba "una herramienta más". Esto último ya forma parte de su obsesión por lo imposible, de tratar de controlar previamente todo lo que va a suceder en un partido.

Por intentar obtener un secreto más del oponente, Bielsa terminó explicitando públicamente todo su método de seguimiento y estudio. Una manera de demostrar, por si alguno no lo sabía o tenía dudas, que cuando prepara un partido no se apoya solo en un par de chimentos o datos que le pueda traer su espía. Que muy por encima de todo eso hay un sistema muy sofisticado de recopilación y clasificación de información que les hace llegar a sus jugadores.

Queda la sensación de que Bielsa reaccionó como alguien herido en su orgullo profesional, ya no en lo ético o lo moral. A riesgo de quedar estigmatizado por un par de binoculares –los memes y las caricaturas proliferaron desde que se destapó el caso–, Bielsa llamó a conferencia para que se sepa que su manera de entender el fútbol está en la dimensión del Big Data.

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