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ROSARIO.- Ingresar a la casa de Hernán Amez es como atravesar las puertas de un santuario. Un silencio místico suena como una melodía de bienvenida. No hay imágenes de un Santo, tampoco de Dios. Aunque hay representaciones de Maradona por todos lados, como una suerte de culto. A la derecha, con una camiseta celeste y blanca y una pelota en la suela. A la izquierda, con un sonrisa triunfal. Maradona es el Dios de Amez. Es el santo de los maradonianos. Es una religión de miles de fieles, todos amantes del técnico de la selección nacional.
Hernán es uno de los fundadores de la ya conocida Iglesia Maradoniana. En su casa de Rosario tiene la imagen de Diego Armando Maradona en cada rincón y en los más variados soportes: fotos, recortes de diarios, botellas, vasos, imanes, remeras, pelotas... Lo que más se destaca es una iglesia en miniatura, utilizada para las ceremonias del 30 de octubre (la "Navidad Maradoniana", día del nacimiento del Diez) y del 22 de junio ("la Pascua Maradoniana", en honor al día en que Diego le convirtió los antológicos goles a Inglaterra en México ’86).
Hace años que la Iglesia Maradoniana trasciende las barreras argentinas: por la casa de Hernán pasaron periodistas de todo el mundo: Inglaterra, Alemania, Finlandia, Chile, Brasil, China, entre otros.
A medida que Hernán cuenta el nacimiento, desarrollo y crecimiento de la Iglesia, la devoción respetuosa -así la define- que siente por Diego comienza a percibirse a través de sus gestos y enérgicos relatos de las experiencias que lo unen al Diez.
"Para los que lo queremos, Diego es Dios. El tipo le dio tanto a este país que se merece todo", dice este periodista maradoniano, co-fundador de este culto junto a Alejandro Verón.
Cuando hace referencia a su gratitud para con Diego, Hernán está hablando de los momentos límite en que Maradona parecía estar más cerca de la muerte que de la vida. Allí, sugiere, es donde se ve realmente la devoción maradoniana, incondicional y desinteresada. Porque jamás los responsables de la Iglesia le reclamaron a Diego ninguna gratitud. Su amor es genuino, reconocen.
Sólo acuden al Diez para la colaboración de actos benéficos. Porque la Iglesia no tiene fines de lucro; por el contrario, si algún dinero se recauda en los distintos eventos que organiza, es donado. Como las camisetas del seleccionado argentino que firmó la última vez que estuvo Maradona aquí en Rosario, o distintos fondos que fueron donados al Hospital de Niños rosarino.
Para los fieles maradonianos, el año pasado -el 48 D.D., según su calendario- fue muy especial. Porque Emir Kusturika estrenó Maradona by Kusturika, un documental soberbio que retrata a Diego con gran agudeza. Allí, el cineasta serbio incluye varias escenas sobre la Iglesia Maradoniana, tomadas en el estadio de Argentinos Juniors, donde Diego debutó en Primera División.
Cuando la charla con Hernán parece llegar a su fin, las imágenes del documental en el televisor de su living le arrancan una lágrima. Había visto el film decenas de veces, pero la devoción por su Dios lo desborda inevitablemente.
Mañana, en el Gigante de Arroyito, volverá a verlo. "Estamos tratando de conseguir entradas -cierra Hernán-. La idea es ir con una gran bandera de la iglesia y repartir camisetas." Cuando ya se hace de noche, suena el timbre de la casa. Su hijo Tomás (8 años) atiende: "Pá, alguien en portugués; dice que es para una nota de ESPN Brasil".


