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Julio Humberto Grondona vive en el edificio de Viamonte 1366. Basta con entrar y marcar el piso número tres en los dos únicos ascensores que funcionan. En ese piso está el despacho presidencial, que todavía usa Luis Segura, pero que supo acondicionar Julio Humberto Grondona. Los muebles son los mismos que acompañaron al histórico líder durante más de 30 años. La escenografía tenía siete cuadros: Grondona con su familia, Grondona con el Papa, Grondona con su amigo Joao Havelange, Grondona solo, Grondona con su histórico anillo del "Todo pasa". Siempre Grondona.
De todos esos retratos, apenas sobrevive uno. El resto ya no está en el edificio. Poco hizo Segura para imponerle su propia impronta a la AFA. Así en la política como en las cuestiones menores, como el mobiliario, Segura fue siempre el heredero, el continuador. Y se nota al caminar el edificio: los que peinan canas (o ya no tienen pelo) fueron nombrados por Grondona. La semana pasada, por caso, Segura despidió a cuatro históricos empleados con entre 20 y 30 años de servicio en la Casa del Fútbol.
Grondona vive en la figura del histórico Cayetano Ruggieri, el histórico intendente del edificio. En la de Claudio Devitis, gerente del departamento de jugadores. En la de Raúl Steimberg, jefe de prensa. O en la de Gustavo Lorenzo, gerente de Relaciones Institucionales. El nombre de Julio Grondona, además, aparece en dos murales que están en la entrada del edificio y recuerdan a los mundiales de 1978 y 1986. "Grondona era Dios", dicen los que estaban antes y se mantienen aún hoy. Resaltan su muñeca para la política y lo elogian como componedor: Grondona resolvía todos los conflictos.
Hoy entré a la AFA y es una morgue, todavía hay cuadros de Grondona
Si él viviera, sabría que la AFA tiene deudas acuciantes. Una de ellas es el servicio eléctrico, cuya factura vence en unos días. "Todos los esfuerzos económicos están concentrados en pagar mañana (por hoy) los sueldos de junio", contaron a la nacion desde la contaduría de la AFA, ubicada en el primer piso de la sede, a metros de donde funciona la oficina de prensa. En los últimos días se rompió uno de los ascensores principales. Arreglarlo cuesta $600. Hubo algún sorprendido cuando la tesorería aceptó el gasto, en tiempos de vacas flaquísimas. En medio de la espera por un dirigente, dos empleados de un supermercado llaman a la puerta. Traen seis cajones repletos de mercadería. Los ordenanzas de la AFA los hacen pasar por el ascensor más pequeño, la vía más rápida a la oficina de presidencia. Por la cantidad de bebidas y alimentos, no parece un pedido para una organización en crisis.

Ni el receso futbolístico ni la crisis económica impiden que en la AFA se siga trabajando. El departamento de Torneos, el tribunal de Disciplina, el Consejo Federal, la biblioteca y el departamento de jugadores siguen con sus agendas diarias. La única que extraña a sus habituales inquilinos (los dirigentes) es la sala de reuniones del tercer piso, allí donde los integrantes del comité ejecutivo solían guardarse más de lo que hablaban en cada cónclave de los martes. El órgano será reemplazado por la Comisión Regularizadora de FIFA Conmebol. El cuerpo, que tendrá entre cinco y siete integrantes, suplirá a los 44 miembros de comité. Y administrará el fútbol argentino hasta el 30 de junio del año próximo, según confirmó la FIFA.

Por la falta de fútbol, la AFA entró en pausa. Bajó el ritmo en sus entrañas, aunque las guardias periodísticas y la cantidad de móviles televisivos indiquen lo contrario. Aunque adentro pase menos, afuera pasa más. Los distintos departamentos de la AFA se mantienen inmunes al rosqueo político y las novedades de los últimos días. Puede que el mejor jugador del mundo haya renunciado al seleccionado. Puede que el fútbol argentino ya no tenga un entrenador para su equipo principal. Puede, incluso, que su presidente, Luis Segura, ya no tenga más ganas de serlo y se quede en el puesto sólo porque se lo pidió la Inspección General de Justicia. La rutina de la AFA se mantiene, ajena a los vaivenes políticos.
Las redes sociales son un fiel reflejo de que, aunque la pelota no ruede, el fútbol vive. La oficina del séptimo piso en el que trabajan los encargados de medios de la AFA tiene tanto trabajo como siempre. Se ocupa de seguir a los equipos argentinos que juegan en el exterior y de comunicar todas las noticias que ocurren día a día en las canchas argentinas. Pura pelota; cero política. Pero la revista mensual ya no se imprime: ahora es digital, porque hay que ahorrar.
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