Vélez reaccionó a tiempo, dio vuelta el partido ante Estudiantes y se afianza en zona de Copas

Vélez le ganó a Estudiantes por 2 a 1
Vélez le ganó a Estudiantes por 2 a 1 Fuente: FotoBAIRES
Máximo Randrup
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28 de enero de 2019  • 14:07

Vélez consiguió un muy buen triunfo ante Estudiantes por 2-1, en la cancha de Quilmes, en el cierre de la fecha 16 de la Superliga. Comenzó ganando el local con el gol de cabeza de Albertengo, tras el tiro libre frontal de la Gata Fernández, pero el equipo de Gabriel Heinze lo dio vuelta con los golazos de Matías Vargas y Lucas Robertone.

Si bien el partido estaba signado por la paridad, la apertura del marcador no fue producto de la casualidad. En el primer segmento del encuentro, los futbolistas de Vélez -llamativamente fuera de tiempo- necesitaron de varias infracciones para frenar los avances de Estudiantes y en una de esas faltas se originó el 1-0: la Gata Fernández envió el centro desde la derecha y Albertengo metió un frentazo preciso junto al palo izquierdo del arquero visitante.

El oportunismo de Albertengo

El gol del Pincha, cuando promediaba el primer tiempo, ofició de despertador para un Fortín que igualmente requirió de la complicidad de su rival para alcanzar la igualdad. Cuando se esfumaba la etapa inicial, el conjunto local hizo todo mal: Fernández se la dio a un rival, el equipo retrocedió sin convicción y Bazzana falló en la marca. Demasiadas facilidades para Matías Vargas (la figura), quien enganchó hacia adentro, entró al área, y sacó un remate que combinó potencia y precisión. El 1-1, justo antes del entretiempo, era un acto de justicia.

El empate de Vargas

La segunda etapa tuvo la firma de Vélez que, con Vargas como eje, desbordó a Estudiantes. Primero llegó el desnivel en el marcador, con un soberbio remate de afuera del área de Robertone (tras buena descarga de Salinas), y luego la justificación: después del 2-1, la visita exhibió una irrefutable supremacía. De hecho, dispuso de un par de ocasiones claras para ensanchar la diferencia pero careció de puntería.

El Fortín, para atesorar los tres puntos, tuvo tres grandes virtudes: paciencia, posesión y profundidad. No se desesperó cuando estuvo en desventaja, maniató a su oponente a través de la tenencia y contó con la verticalidad necesaria como para agrietar a la defensa adversaria. El Pincha, en cambio, fue de mayor a menor hasta desinflarse por completo.

Desequilibró Robertone

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