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A los 83 años, murió Marcos Conigliaro delantero y pieza fundamental de la más gloriosa etapa de la historia de Estudiantes de La Plata. Autor de un gol consagratorio, el del 1-0 en la cancha de Boca para poner al Pincha al frente en la serie de Copa Intercontinental de 1968 frente a Manchester United, trofeo que el equipo platense alzaría en la revancha, disputada en Old Trafford. Estudiantes despide a uno de sus grandes héroes, un hombre simple y sencillo, atacante inteligente y de gran remate, moldeado por el gran maestro Osvaldo Zubeldía en su máxima creación.
Con mucho dolor y hondo pesar el Club Estudiantes de La Plata despide a Marcos Conigliaro, histórico delantero del equipo Campeón del Mundo y un emblema insoslayable de nuestra historia.
— Estudiantes de La Plata (@EdelpOficial) March 21, 2026
Marcos escribió la historia grande del club y dejó un legado único en la institución. Hasta… pic.twitter.com/QXbNSTX73Z
Nació en Bernal el 9 de diciembre de 1942 y en el club Quilmes inició su carrera de futbolista. En 1962 fue transferido a Independiente, donde al año siguiente formó parte del plantel que ganó el campeonato de primera división. Tras un breve paso por Chacarita, en 1965 inició la mejor etapa deportiva de su vida. Bajo la batuta de Osvaldo Zubeldía, se convirtió en pieza clave del ataque de Estudiantes de La Plata, que puso su nombre en lo más alto del fútbol mundial. Allí fue campeón del torneo de 1967 y conquistó tres copas Libertadores consecutivas (1967, 1968 y 1969), una Copa Interamericana (1969) y la Intercontinental, en la famosa gesta de Old Trafford.
Fue ante Manchester United. Un gol suyo, de cabeza, en la Bombonera, le dio el triunfo a Estudiantes en la ida de la serie. Tras el empate 1-1 en Inglaterra, el equipo de La Plata llegó a lo más alto.
En una de sus últimas apariciones públicas, cuando se homenajeó a los héroes de aquel triunfo, Conigliaro contó una de las claves del partido final en Old Trafford: “Los primeros que se despertaron el día del partido fueron Zubeldía -que era madrugador- y Tato Medina, que estaba tan nervioso que no había podido dormir. Mientras cebaba mate, Zubeldía le dijo a Tato: ‘Para ser campeones del mundo, usted no lo puede dejar tirar un solo centro a George Best’. Y así ocurrió.

Conigliaro era esencialmente un centrodelantero, muy veloz e inteligente, de gran remate, al que Zubeldía, con su astucia de estratega, lo hizo brillar jugando por el costado derecho. Tenía la gran virtud de ser importante sin la pelota, con sus arrastres de marca que posibilitaban la aparición por sorpresa de Ramón Verón, la Bruja, el intratable puntero izquierdo del Pincha.
También disputó tres encuentros con la camiseta de la selección argentina, y luego de los gloriosos años en Estudiantes, llevó su carrera por México, Bélgica y Suiza.
Muy querido por todos, se había radicado desde hacía años en San Jorge, Santa Fe, ciudad donde funciona una escuela de directores técnicos que lleva su nombre. Siempre a disposición de las peñas de Estudiantes del interior, que buscaban devolverle con cariño los goles y los grandes triunfos.




