Fernando Gago, entre el deseo cumplido a su hijo Mateo, su propio sueño y el mensaje de su mujer Gisela Dulko

Tras una nueva lesión, Fernando Gago afrontará otra larga etapa de recuperación
Tras una nueva lesión, Fernando Gago afrontará otra larga etapa de recuperación Crédito: Captura de TV
Carlos Delfino
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1 de febrero de 2020  • 12:30

Puede ser una pesadilla, pero no lo es. Está despierto Fernando Gago y tiene la cabeza en alto. Ahora salió caminando del campo de juego, después de pedir el cambio a los 23 minutos del segundo tiempo del partido entre Vélez y Aldosivi por la Superliga porque supo que algo no andaba bien en su rodilla derecha. Deseaba que fuera algo menor. Pero no. Otra vez, un mazazo. Se confirmó una rotura ligamentaria y nuevamente el karma de las lesiones pone a prueba su temple. Si algo ha conseguido desde 2014, cuando una distensión en la otra rodilla inauguró una lista de padecimientos severos en seguidilla, fue ser capaz de ganarle la pulseada a las situaciones traumáticas. El coraje ha sido su bandera, un item repetido en su currículum.

Por eso volvió en agosto pasado, a los 33 años. Esta vez fue en El Fortín. El entrenador Gabriel Heinze le hizo un lugar en el plantel, primero, y en el equipo titular, luego, cuando el mediocampista superó una nueva rotura del tendón de Aquiles, justo en la final de la Copa Libertadores 2018 que River le ganó a Boca en Madrid. Fernando no quería que fuera aquella la última imagen de su muy buena trayectoria. El deseo siempre fue retirarse por decisión propia, sin que una maldición le enseñe el camino del retiro. Hubo muchas imágenes de él saliendo de un sanatorio en muletas. También, otras tantas levantando las manos en el medio del campo para recibir los aplausos de los hinchas por un nuevo regreso, contra todos los pronósticos.

Las palabras de Gisela Dulko

Siempre volvió Gago. Nunca se dio por vencido. Acaso por eso, la noche del jueves apretó fuerte los dientes y evitó dar demasiadas muestras de dolor al ser reemplazado por Ricardo Centurión. Menos, un gesto de resignación, aunque pocos minutos antes se había desparramado en el campo para dar la primera señal de alarma. Pudo irse expulsado por la falta sobre Pablo Becker, cuyo tobillo resultó ser muy noble para resistir tamaña patada en velocidad, pero Fernando recibió sólo una tarjeta amarilla. Fue casi su última acción. Algunos especulan que en esa jugada se produjo la lesión. Él se fue en silencio, acompañado de su familia, con hielo en la rodilla. Si hay una imagen que no quiere que sea la última que se recuerde de él, es justamente saliendo de la cancha en esas condiciones.

Ahora deberá ser operado. Casi un déja vù. En enero de 2019, prácticamente no dormía durante la noche. En una charla en Fox Sports, tiempo después recordó aquellos días: "Me pasaba hasta las 7 despierto por el dolor, las molestias y pensando. Era una rutina negativa. Había pasado la Navidad y el Año Nuevo quieto, sin poder moverme, y perdiéndome las vacaciones con mis hijos que ya estaban planeadas. Hasta que un día me agarró (el doctor) Jorge Batista y me dijo que al menos me recuperara para caminar bien". Ahí fue el primer clic. El siguiente, resultó el prólogo que lo devolvió a las canchas.

Fernando gago salió reemplazado en el segundo tiempo, tras los dolores en la rodilla derecha
Fernando gago salió reemplazado en el segundo tiempo, tras los dolores en la rodilla derecha Fuente: FotoBAIRES

"Cuando pude hacer algo, empecé a tocar la pelota, a patear, a hacer jueguitos en casa y en el gimnasio. Pero el detonante fue mi hijo Mateo, de 6 años, que un día me preguntó cuándo iba a jugar porque quería ir a la cancha. Esa vez le contesté que no sabía si iba a volver, él me dijo 'pero papi, yo quiero que juegues' y se me llenaron los ojos de lágrimas", confesó.

El propio Mateo redobló la apuesta, sin proponérselo, en las siguientes vacaciones y Gago sintió que no podía defraudarlo. "Pidió un peluche en un lugar y la chica que lo fabricaba le dijo que tenía que pedir tres deseos. Uno fue: 'Quiero que mi papá vuelva a jugar al fútbol'. Ese día volvimos al hotel y me puse a llorar con mi mujer (la ex tenista Gisela Dulko). Ahí fue cuando me propuse que tenía que volver", reveló. Rescindió el contrato con Boca y se fue a Vélez, con las ganas intactas y un contrato por productividad.

"Mis lesiones son mínimas, tengo amigos con problemas más graves hasta con sus hijos. Me puede pasar de vuelta pero no tengo miedo", sentenció en junio último. Luchó y volvió. Le cumplió el deseo a Mateo. Ahora le queda volver a enfocarse en el propio, aquel de retirarse jugando antes de sumarse a un cuerpo técnico, algo que postergó por haberse sentido bien el semestre pasado.

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