Holan soñó que Independiente jugara así, con intensidad simeonística y bielsística

Christian Leblebidjian
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14 de diciembre de 2017  • 17:58

No bien asumió Ariel Holan en Independiente , pensó que la clave (en cuanto al estilo de juego) iba a estar en darle una intensidad simeonística o bielsística cuando no tenían la pelota, para ser “corto y agresivo”, y una vez recuperada, agregarle dinamismo a una posesión que, por sí sola, no asegura ganar partidos. Veía que el equipo no tenía un Burruchaga ni un Bochini y debía ser el equipo quien respalde y potencie a las individualidades. Tampoco quería jugar al “pelotazo”, porque eso no estaba en la esencia del club. Entonces, armó un equipo mixto entre las características que entendía el DT eran necesarias para conformar su idea y, al mismo tiempo, que ese equipo genere entusiasmo en los hinchas. Al final terminó logrando ambas cosas: resultados a través de un juego asociado y vertical, y que los simpatizantes no sólo festejen la Copa Sudamericana , sino también las formas con las cuales se alcanzó el objetivo.

Desde la conformación del plantel y la planificación para cada partido, fue tomando las decisiones que mejor creía en función de cada contexto, sin sentirse condicionado por si quienes se quedaban afuera eran jugadores de la experiencia de Erviti, Leandro Fernández o Amorebieta. Desde lo estratégico, si en la final decisiva se lesionó Benítez en el primer tiempo y veía que Flamengo lo estaba complicando con el juego aéreo más de lo previsto, aprovechó el problema para buscar una solución: Albertengo (en lugar de Sánchez Miño o Erviti) para sumar altura y buen cabezazo para contrarrestar los envíos aéreos y mantener a alguien dispuesto al retroceso si tenía que volver como “3 bis” para defender en superioridad numérica. Si ve que entró Vinicius y está complicando a Bustos encarando por la izquierda con el perfil invertido, puso al zurdo Silva como lateral derecho.

Nicolás Domingo reconoció en Estudio Fútbol, por TyC Sports, que Holan le pidió que se encargue de Diego. Demasiado lirismo muchas veces termina señalando esa función como algo negativo. ¿Cómo un jugador va a perseguir a otro por toda la cancha? Es parte de la estrategia en un juego en donde los movimientos, siempre y cuando estén dentro del reglamento, son aplicados para ganar analizando fortalezas propias, pero también las del adversario. Y eso no significa que el volante en cuestión no juegue o se exceda en infracciones. Por el contrario, Domingo no le cometió ni un foul a Diego. ¿Por qué? Su premisa era no dejarse gambetear, tener al 10 siempre de frente para molestarlo y evitar que meta esos pases filtrados que podían dejar a un compañero de cara al gol. Así, con Domingo presionando (y no necesariamente quitando) ante Diego, los lanzamientos iban a ser forzados; y defensivamente Independiente iba a tener alguien que sobre con referencia a los receptores. Distinto era el caso si Domingo, cebado por robarle todas las pelotas, terminaba siendo gambeteado por Diego. Ese riesgo hubiera sido otro.

Si a la hora de atacar la idea era ser verticales y profundos, los mismos delanteros que conformaron el esquema 4-2-3-1 (aunque en Brasil fue más 4-4-1-1) son los que debían colaborar para volver y empezar a defender. No fue casualidad que Emmanuel Gigliotti haya cometido 15 de las 67 faltas que generó Independiente contando los últimos cuatro partidos: las dos semifinales ante Libertad y las dos finales vs. Flamengo .

El lugar en dónde pararse para defender también lo fue manejando según los contextos. Por momentos cerca de Campaña, por momentos en la zona del medio campo; otros con presión alta si veía que tal defensa o zaguero puntual rival podía dar alguna ventaja en la salida (como nació el gol de Leandro Fernández a Racing, ganándole pelota y posición a Vittor). En la línea de fondo, todos cumplieron en el torneo, sobre todo los laterales (Bustos y Tagliafico), firmes en la marca pero también con proyecciones y desdoblamientos. Amorebieta sacó ventaja por su lectura de juego y con cruces que evitaron goles directos, un par de ellos ante Flamengo.

Si se analiza el recorrido de los 21 goles de Independiente en los 12 partidos, tuvo varios caminos para llegar a convertir: de jugada colectiva (10, dos de ellos de cabeza); de contraataque (4), de penal (3), de pelota parada (3, dos de ellos de cabeza) y con un remate desde afuera del área (1). En el medio perdió a Rigoni, hasta ese momento la figura, pero fue la primera vez que la estructura terminó respaldando al equipo. Y las variantes en determinados puestos fueron tan interesantes que hasta se dudó sobre quién debía ser el 9 titular, más luego del partido que jugó Fernández ante la Academia.

Pocas veces se vio una imagen, en el fútbol argentino, en donde los futbolistas invadan la conferencia de prensa del entrenador para ovacionarlo, para cantar por él. Eso es imposible de actuar. Sucedió en Brasil con Holan, el DT que moldeó a Independiente para jugar con la intensidad simeonística y bielsística y agregarle dinamismo a un ataque al que le faltaba explosión. Soñaba con armar un equipo que juegue así. Y logró que sus futbolistas se sientan representados por el estilo.

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