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Por Juan Carlos Fraschini
Para LA NACION
Tuvieron un pasado de gloria y de éxitos; están desandando un presente de confusión y de penurias. Disfrutaron de momentos inolvidables, fueron reconocidos por sus resonantes triunfos, ovacionados por aquellas imborrables conquistas... Pero desde hace años, Ferro y Central quedaron atrapados en el recuerdo. No se los menciona por los triunfos, no se los considera por ser instituciones modelo, no se los evoca por los títulos... La actualidad es poco amistosa para los dos clubes centenarios: las destrozadas economías les impiden proyectar el futuro. A Ferro le decretaron la quiebra en 2002, el Órgano Fiduciario renunció, y ahora los socios tienen 15 meses para modificar el rumbo; en Central, donde los desmanejos institucionales incluyeron hasta la intervención, la auditoría que instruyó la actual gestión estableció que la deuda ascendería a $ 80 millones. Con ese panorama, el regreso a la elite del fútbol criollo es un sendero muy empinado.
Volvieron a jugar, después de 10 años. Con un estatus menos pretencioso: el partido fue uno de los cuatro cotejos que se disputaron ayer por la 8a fecha del campeonato de la primera B Nacional. En Caballito, fue victoria 1-0 para Ferro, después de una corajeada de Altamirano. El triunfo rompió la paridad en el historial: 39 éxitos para Ferro contra 38 de los rosarinos, y 25 empates.
Las vueltas olímpicas en los campeonatos Nacionales de 1982 y de 1984, con Saccardi, Garré y Márcico, brotan como una leyenda en Ferro. Los títulos de los torneos Nacionales de 1971, 1973, 1980 y la temporada 1986/87, con Poy, Pascuttini, Gramajo, los hermanos Killer, Bauza, Palma... surgen como mitos para los rosarinos. El empobrecido presente obliga a los simpatizantes a contentarse con nombres de escaso recorrido o apellidos que están alejados de sus días de plenitud. El juvenil Lértora y la experiencia de Champagne sobresalen en el plantel que dirige Bianco; Figueroa y el Kily González, por trayectoria más que por los actuales desempeños, se levantan como líderes en Central, donde la continuidad de Mostaza Merlo vuelve a ser discutida.
Entre tantas similitudes, un nombre los unifica: Carlos Timoteo Griguol. El DT se consagró con los rosarinos en 1973, pero su trabajo quedará en el recuerdo por la doble conquista con el equipo de Caballito. Eran los tiempos en los que Ferro y Central peleaban por la gloria y no, como hoy, por sobrevivir.

