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TANDIL.- "Y... no sé cómo está River; yo sé cómo está Boca. No veo a River. El sábado lo veré." Si a Carlos Ischia, en su juventud, le hubieran contado que en el futuro pronunciaría esa frase, le habría resultado poco creíble. Pero si le hubieran aclarado que diría eso en calidad de director técnico xeneize , tal vez, como riverplatense de corazón, directamente no se habría perdonado a sí mismo.
Hechos del fútbol eyectaron de una vereda a la opuesta al ex volante de Chacarita, Vélez, Junior (Barranquilla), América de Cali y el seleccionado argentino, que el próximo sábado afrontará en Mar del Plata su primer superclásico como DT xeneize. Amistoso, por el Pentagonal de Grandes, pero superclásico al fin, de ésos que desatan cargadas si no terminan en empate. Ischia quiere hoy que las víctimas de las humoradas sean los hinchas de rojo y blanco. "Vamos a tratar de ganarles más seguido", promete el Pelado , atento a que en los últimos tiempos las sonrisas superclásicas quedaron más en Núñez que en la Boca.
Dentro de cuatro días estará en el banco de suplentes, vestido con un saco azul y una camisa celeste en los que llevará cosidos el escudo de Boca. Tuvo varios Boca vs. River desde fuera, cuando asistía a su amigo Carlos Bianchi, pero ahora las miradas estarán sobre él. "Es lindo, seguro. Es un clásico, un gran clásico, y conlleva una motivación especial. Pero para Boca no hay amistosos, partidos que no sean importantes; hay que salir siempre con la mejor actitud para ganar. El hincha siempre va a esperar más del equipo, y tiene que esperar más del equipo", señala el DT, para aludir a la regular producción del último sábado, cuando los titulares auriazules igualaron en un tanto con San Lorenzo.
Para el choque de este fin de semana, Ischia anticipa: "La línea de Boca no va a variar mucho. Trataremos de corregir errores, pero Boca tiene una fórmula y es difícil cambiarla. Trataremos de ser protagonistas. Boca lo exige, el jugador lo quiere".
Este superclásico será el del debut, pero en versión azul y oro, para Julio Cáceres, de quien Ischia describe: "Tiene unas condiciones enormes, que hacen que pueda jugar en cualquier puesto de la defensa". El DT solicitó como refuerzo al ex zaguero albirrojo, lo que, por supuesto, no cayó bien entre los simpatizantes de la banda , que guardan un buen recuerdo del breve paso del paraguayo por su club. Fue una pequeña afrenta de Carlos para con su otrora querido River. Del que quedó distanciado en 1986, cuando en ocasión de la final por la Copa Libertadores, un grupo de hinchas millonarios emboscó al ómnibus de América, de Cali, que luego perdió la definición continental.
Como si llevara la camiseta de Boca bien puesta, Ischia expresó a LA NACION en una entrevista a fines de diciembre: "Ojalá River arranque de la peor manera posible y nosotros, de la mejor. Es simple: yo no puedo desear suerte a River. Vamos a ser sinceros. Ni a ellos ni a ninguno de los rivales [...], pero menos a River". Y añadió: "Con la gente de Boca siempre mantuve un cariño especial. Incluso cuando fui a la Bombonera para dirigir a otro equipo. La gente [...] nos pedía que volviéramos. Y lo que se vive acá es difícil de comparar".
Boca tiene, entonces, uno de esos entrenadores que son a la vez profesionales e hinchas. De los que sienten el doble al ganar o perder un superclásico. Claro que, ahora, con los colores opuestos a los de su fanatismo juvenil.


