La catarsis que Messi necesitaba: su verdad y los mensajes a futuro

Claudio Cerviño
Claudio Cerviño LA NACION
Su última actuación, en la derrota ante Venezuela
Su última actuación, en la derrota ante Venezuela Fuente: AFP
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29 de marzo de 2019  • 14:00

Horas de íconos deportivos argentinos, de embajadores portadores de alegrías, tristezas y emociones. Nos fuimos a dormir con la emoción que el propio Manu Ginóbili no se permitió transmitir en lágrimas a borbotones, a pesar de que en un par de pasajes de su noche inolvidable debió dribblearle a las sensaciones. No hubo dobles, ni triples ni volcadas esta vez; tampoco murciélagos cazados al vuelo. Sí miles de recuerdos, confesiones, reconocimientos personales. La N° 20 en lo alto del estadio de los Spurs asomando detrás de la familia de Ginóbili fue la imagen perfecta para empezar conciliar el sueño, sin evitar tener flashes de momentos épicos durante la madrugada. Porque Manu y la Generación Dorada , el auténtico "Equipo del Pueblo", permanecerán para siempre en la memoria.

Nos despertamos todavía con resaca emocional de Manu y en el desayuno fugaz, casi 9 meses después del golpazo en Rusia 2018 , apareció la catarsis más esperada. La que necesitaba otro crack del deporte argentino de todos los tiempos. Hasta aquí, Lionel Messi no había hablado públicamente desde la eliminación en el Mundial tras el 4-3 con Francia en los octavos de final. Quedó claro, en muchos de sus conceptos, que le hacía falta hablar. Y a todos, escucharlo. Como capitán de la selección, como referente del nuevo grupo que se está formando, como eje de la etapa anterior, que se fue cerrando con muchos interrogantes a cuestas.

No es de dar notas extensas Messi, salvo en casos esporádicos y en ámbitos en los que se siente cómodo. Fue así esta vez por la FM Club 94.7. Respondió muchos de los interrogantes que flotaban en el ambiente, filtró hasta cuestiones familiares, como las preguntas que le hace su hijo mayor Thiago respecto a las críticas que recibe en la Argentina, su país de origen, y que son de difícil comprensión habida cuenta de la adoración que se le profesa en Barcelona y en otras ciudades del mundo. Negó que le sugiera jugadores a los entrenadores, que sea hincha de River y remarcó que su sueño sería jugar alguna vez en Newell's, club del que surgió.

Pero por sobre todas las cosas, dejó en claro que así como tiene entre ceja y ceja ganar la Champions League este año después de la triple conquista consecutiva de Real Madrid, también lo desvive ganar algo con la selección. En eso no cuenta la medalla dorada olímpica de Pekín 2008: sabe perfectamente que la Argentina participó con un equipo de clase A contra rivales de menor potencial. Admitió que "La eliminación del Mundial fue de los golpes más duros que tuve".Y dejó un mensaje tajante: "A los que no me quieren en la selección, les digo que me van a tener que seguir aguantando un poquito más".

Dio su versión sobre el "club de amigos", ese con el que se permitió ironizar Javier Mascherano hace unas horas haciendo la comparación con los amigos de Ginóbili que fueron a la ceremonia del retiro de la camiseta en San Antonio. Habló de maltrato, de injusticia, de las mentiras que se dicen, de la rebelión interna contra Sampaoli después de la aplastante derrota con Croacia. Está en la gente creerle ciento por ciento o no, pero es importante que lo haya expuesto. Que dijera su verdad. Y en varios pasajes con un tono de voz que se le desconocía públicamente.

Una verdad que contrasta con algunas situaciones en particular, como el repentino cambio que hizo Sampaoli de su equipo titular horas antes del debut ante Islandia y que incluía a Mercado, Lo Celso e Higuaín y que terminó con Rojo, Biglia y Agüero entre los 11. O el extrañísimo caso "Lo Celso y 10 más" que pululaba en la mente del DT y que llamativamente derivó en la ausencia del volante de los 11 en cada partido. Lo cual no sería algo prohibitivo a la hora de las decisiones: el propio Guardiola prescindió de un talento como Zlatan Ibrahimovic en Barcelona cuando entendió que podía generarle problemas de incompatibilidad con Messi. Y acertó con la difícil elección.

Un Messi que en su catarsis hasta se permite contar qué piensa sobre el método Scaloni, el DT interino que conoció en el ciclo anterior como asistente de Sampaoli. "Me sorprendió que Scaloni juegue con cinco en el fondo, porque habíamos entrenado otra cosa. Quizás él entendió que tenía a los jugadores para realizar ese sistema. Pero creo que tiene su idea bien clara, intenta probar, quiere ver otros futbolistas y eso no está mal. No fue sencillo el partido con Venezuela, pero no esperaba perder de ese modo. La idea de Scaloni empieza por ser un equipo sólido, fuerte, que no le creen ocasiones de gol, que quede bien parado y que cuando tenga la pelota pueda abrirse y jugar al fútbol. Que yo pueda hacer lo que hago en Barcelona". ¿Qué mejor que un capitán que hable sobre su equipo, con detalles que seguramente habrá debatido primero con el entrenador luego de la derrota en Madrid?

El primer paso está dado: Messi habló y ahora no solamente en la cancha. Habían hablado muchos después de Rusia 2018, pero no la voz más esperada. Nueve meses son demasiado cuando se tienen tantas cosas para decir y más con las espaldas que tiene un deportista de su relevancia. Se sabe qué es lo que quiere, qué es lo que siente, cómo piensa, cuál es su mensaje y por qué, a los casi 32 años, sigue predispuesto a las convocatorias de la selección.

Quizá también interprete por estas horas que aunque no pueda jugar, como ocurrió frente a Marruecos en el segundo partido de la reciente gira, permanecer unos días más junto a sus nuevos compañeros hubiese sido de mayor utilidad que volver a verle las caras a sus compañeros de Barcelona, con los cuales juega de memoria y en un nivel superlativo. Completando de paso la rehabilitación de la molesta pubialgia que lo persigue. Una forma de ir metiéndose en clima para la Copa América Brasil 2019, que es la próxima escala de valía para sus deseos de ser campeón con la selección.

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