La conexión estadounidense de la selección femenina: las historias de Garton y Juncos

Crédito: Instagram
Ayelén Pujol
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19 de junio de 2019  • 08:00

PARIS.- Dentro de las 23 futbolistas de una selección que construye futuro en el Mundial de Francia hay dos estadounidenses. Gabriela Garton y la defensora Natalie Juncos decidieron ponerse la camiseta, empujadas por los genes. La arquera es hija de madre argentina. Graciela Roldán Garton se mudó a Nueva York cuando se recibió de médica y allí formó una familia. Mientras que la defensora es hija de Valentina Aracil y Luis Juncos, dos ex nadadores olímpicos -ella participó en los Juegos de Seúl 1988 y él en los de Los Ángeles 1984- que le inculcaron el amor por la celeste y blanca.

Se trata de un aporte de elite: Garton y Juncos transitaron un recorrido distinto al del resto de sus compañeras. Eligieron jugar al fútbol desde que eran niñas. Se formaron en clubes y sin prejuicios. En su recorrido ninguna recibió agresiones por hacer eso que amaban. Y lo hicieron en el mejor fútbol del mundo. La selección estadounidense es la número uno del ranking FIFA y busca en Francia su cuarta Copa del Mundo. Juncos apunta que allá hay diez millones de mujeres menores de 18 años que juegan al fútbol.

Esa enorme cantidad fue, además del hecho de sentirse argentinas, lo que las llevó a jugar en el país. Y fue en la Argentina donde se conocieron: Juncos llegó a River cuando Garton ya estaba allí. En el país, en clubes y con la selección, escribieron parte de la historia que las condujo a estar en este Mundial.

La defensora que se crió comiendo asados

"Yo me siento más argentina que estadounidense porque soy muy social, me salen mejor los chistes en español y, más que nada, porque crecí comiendo asados", cuenta Natalie Juncos, que nació en Detroit, donde vivió hasta los 5 años, cuando se mudó a Minnesota. Su mamá y su papá la anotaron en un club cuando tenía cuatro años. En una casa de deportistas, la actividad física era central en la vida familiar. Juncos jugó fútbol mixto hasta que a los seis pasó a otro club. Al mismo tiempo hacía natación, pero a los 12 definió que se inclinaría por el fútbol.

Después de terminar la secundaria en Minesotta, ingresó a la universidad, el primer paso en el fútbol competitivo. "Allá hay más de 361 equipos de distintas facultades. Participé con la Universidad de Florida, donde estudiaba. Primero quería ser maestra, pero después me di cuenta de que no era para mí. Así que me cambié a kinesiología. Me recibí en 2013. Pero por ejemplo en mi equipo había 40 chicas. La verdad, era mucha competencia y se hacía muy difícil jugar. Ahí pensé que quería crecer. Y que podía venir a la Argentina", cuenta, en diálogo con LA NACION.

Natalie habla con dificultad el español. Cuando era niña en su casa hablaban los dos idiomas hasta que le diagnosticaron dislexia. Ahí decidieron seguir sólo con el inglés: "Ahora ya está, pero bueno, se me complica para escribir o hablar. Entender, entiendo todo. Mis viejos usaron siempre el español entre ellos".

En 2010, cuando Natalie tenía 19 años, ella y sus papás contactaron a Carlos Borrello, el actual entrenador de la selección, y consiguieron una prueba en la Sub 20. El director técnico estaba interesado en contar con ella, pero el trámite por su nacionalidad se demoró. Cuatro años más tarde, se mudo al país de forma definitiva.

Cuando llegó a River, Juncos se encontró con Gabriela Garton, y se sorprendió -se habían enfrentado en Florida y en Houston-. Después jugó en la UAI Urquiza y, con los trámites por su nacionalidad ya resueltos, pasó a ser parte de la selección.

Al Mundial llegó como jugadora libre, tras recuperarse contrarreloj de una rotura de ligamentos . Hace dos años se casó con Sidney Flores, un ingeniero con el que comparte hogar entre sus dos mundos: a veces en Houston, a veces en Buenos Aires. El día de la boda, Juncos no usó tacos. Se casó con traje blanco y botines.

Mientras, intenta superar los prejuicios: "Una vez en un taxi hablábamos de fútbol con el chofer. Me preguntó qué hacía yo en el país, le dije que era futbolista. Giró, me miró y me dijo: "Pero vos sos linda"".

La arquera que publicó un libro

Cuando Gabriela Garton tenía nueve años miró por televisión la final del Mundial de fútbol femenino entre Estados Unidos y China. El país donde nació ganó 5 a 4 por penales. Aquel día, la arquera Briana Scurry le atajó el disparo a Liu y se convirtió en heroína. "Gaby", que ya jugaba, decidió que quería que su vida fuera eso: el fútbol y, por qué no, la final de un Mundial.

"Es muy loco porque a diferencia de mis compañeras actuales yo tenía ídolas. Scurry o Mia Ham, por ejemplo. Y me encantaba Brian Chastain, la que hizo el último penal contra China y se sacó la camiseta para festejar. Cuando empecé a jugar en la selección argentina me enteré que muchas de mis compañeras no sabían que antes de nosotras había existido un combinado femenino", cuenta.

Garton también contactó a Borrello cuando intentó jugar en la Argentina. Para ella, el país es su otra patria: "Nunca me sentí una de allá y creo que me gustaba eso. El momento que más disfrutaba era cuando me juntaba con mis primos argentinos, hablábamos en español, veíamos los partidos, nos divertíamos con mi tío, que es de Boca, y se peleaba con mi primo que es de River. El fútbol es lo que me llevó al país de mi mamá, que es el mío también".

Garton nació en Rochester, Minnesota, pero se crió en el estado de la Florida. Después de graduarse en Estudios Hispanos, a sus 23 años, decidió mudarse a Buenos Aires. Jugar en el fútbol profesional en Estados Unidos se le presentaba como un plan complicado. Eligió probar suerte en el país y seguir estudiando. Pasó por River, la UAI Urquiza y el último año estuvo en el equipo de varones de Sol de Mayo, en San Luis, en una Liga que no le permitió jugar con hombres. Actualmente es becaria del CONICET y acaba de publicar su tesis "Guerreras. Fútbol, mujeres y poder", editada por Capital Intelectual.

A la hora de analizar por qué en Estados Unidos el fútbol para las mujeres es una práctica popular, la arquera se refiere a la Ley Title IX, promulgada en 1972: "Allá esta ley igualó las oportunidades para varones y mujeres en las escuelas y universidades. Además, propició la inversión en los deportes femeninos. Creo que el éxito de la selección ya en el primer Mundial (perdió la final con Noruega) generó que muchas nenas comenzaran a desear ser jugadoras de fútbol".

Garton está casada y su paso por San Luis se dio por el trabajo de su esposo, Cristian, que fue militar hasta hace dos meses, cuando pidió la baja. "El es lo menos futbolero que hay. Cuando era chico no era bueno jugando a la pelota y los demás chicos le hacían bullying. El fútbol le trae malos recuerdos, no le gusta la cultura futbolera del país", cuenta. Cristian viajó a París junto a los padres de la arquera para acompañarla en este sueño.

"Se podrían implementar cuestiones de la preparación física. Pero sinceramente no creo que el sistema estadounidense se pueda poner en práctica porque es pago. Y con la realidad que existe en Argentina dejarías afuera a mucha gente. Eso es lo que me gusta de nuestro país: la función social de los clubes o muchas escuelitas que son gratis o no cuestan mucho y que no te limitan el derecho a jugar", dice, mientras repasa qué se podría copiar para mejorar las condiciones de las futbolistas argentinas.

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