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Cerca del alambrado, René Houseman es pura emoción. Se abraza con todo aquel que lo reconoce y deja atrás esos minutos en los que fue un manojo de nervios. Más arriba, en la parte más alta de la tribuna Alcorta, hay fiesta turca. Antonio Mohamed y Claudio García saltan como dos hinchas más. Como lo que son. Mohamed, de remera negra y estricto habano entre sus dedos, no sólo aprovechó unos días libres en el fútbol mexicano para ver a su querido Huracán, sino que también pudo seguir cerca a Carlos Sánchez, a quien dirigirá desde enero en Monterrey. García, que a los 10 años seguía cada paso del campeón del '73, ahora grita a los cuatro vientos el gol de Wanchope Abila. Cantan, saltan, graban la fiesta con sus celulares.
Todos se prenden a los minutos de silencio que piden por River. Una y otra vez. Silencio que todos respetan, para después desatar la alegría. Y volver a cantar, y acordarse de San Lorenzo. Mientras, un padre se abraza con su hijo y no pueden contener la emoción. Lloran, gritan. Después, el nene se seca las lágrimas con la camiseta negra del Globo. Y en algún rincón del estadio está el nieto de Tomás Adolfo Ducó, que llegó desde Mendoza para ver el partido en "el Palacio del abuelo". Hay abrazos, risas y un desahogo que mucho tiene que ver con el 2-0 que se transformó en 2-2.
El círculo de Huracán se cierra a la perfección. Y deja el 26 de noviembre marcado en rojo de acá a la eternidad. A un año de vencer a Rosario Central en la final de la Copa Argentina, elimina a River en semifinales de Copa Sudamericana. 365 días no aptos para cardíacos. Como si las emociones fuertes fuesen el combustible de un equipo que no conoce de grises. En un año, Huracán consiguió la Copa Argentina, logró el ascenso en un desempate en Mendoza ante Atlético de Tucumán, le ganó la Supercopa Argentina a River, jugó la Copa Libertadores, se salvó del descenso en la última fecha del torneo de 30 equipos y se clasificó por primera vez en la historia a una final internacional.

Eduardo Domínguez, que en plena temporada cambió la última línea del Globo para reemplazar a Néstor Apuzzo en la dirección técnica, sabe de qué le hablan cuando se habla del "sufrimiento" del hincha y esa marca que parece ser de nacimiento. "Queremos cambiar esa mentalidad, no queremos sufrir más", aclara en conferencia de prensa. Pero deja un guiño que resume el sentir de todo Parque Patricios: "¿Qué bueno es sufrir de esta manera para llegar a una final internacional, no?".
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