La historia de superación de Rogelio Funes Mori, que cambió las burlas por 80 goles para Monterrey

Fuente: AFP
Ariel Ruya
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25 de febrero de 2019  • 23:59

El Grupo Fiesta, un conjunto de atrevidos artistas de música callejera, creó en 2013 una canción con un título sugestivo: Himno a Funes Mori. No era, precisamente, un canto a la potencia y el gol de un joven Rogelio, número 9 de River. Todo lo contrario. El estribillo, describe: "De pronto la pelota llega sin avisar, él está posicionado para rematar, toda la hinchada está gritando el goool... y Funes Mori lo erró y Funes Mori lo erró". La ironía se debía a algunas oportunidades propicias desperdiciadas en el área rival. El contexto no lo ayudaba: River se había caído del mapa y, en la primera B Nacional, la travesía era un suplicio, que acabó con el título. En primera, tampoco fue un festín del gol. Funes Mori –el Funes Mori que no triunfó en el Monumental, el que no marcó el cabezazo en la Bombonera, la tarde del ‘no fue córner’– es otro. A los 27 años, es un artillero que marca goles de todos los colores: lleva 80 con la camiseta de Monterrey en tres temporadas y media. Es el goleador del torneo local, con 7. Es el artillero que pudo volver a River, que está cerca de nacionalizarse mexicano, el que inspira con su historia de superación.

Ramón Díaz lo dejó a un costado, Benfica lo cobijó a cambio de 2 millones de euros. Eskisehirspor, un equipo de Turquía, lo contuvo otra temporada, donde marcó 14 goles en 36 partidos, un dato que sedujo a Monterrey. Se presentó en 2015 en los Rayados, en el mismo momento que el francés André Pierre Gignac se incorporó a Tigres, el enemigo íntimo de la ciudad. Al rato, Tigres alcanzó la final de la Libertadores con River. Muy pocos apostaban por el otro goleador. Callado, alejado del ruido, no suele hablar con los medios y prefiere ser el actor secundario. Se nutre del afecto de Leonel Vangioni, Marcelo Barovero, Nicolás Sánchez y sus familias ("casi todo el día hablamos de River") y de detalles indispensables que lo transformaron en un mejor futbolista.

"Me gustaría tener revancha"

"Cambiaría la época en la que me tocó jugar. En ese momento sentía que jugaba bien, pero que no podía hacer goles. Ahora siento que –con la experiencia que he adquirido–, hago goles. Estoy más maduro, mejoré en algunos aspectos. En ese momento era joven y quería jugar. Para un joven se sienten esas presiones. Me gustaría tener revancha en River", le contó a La Página Millonaria.

Las críticas lo fortificaron: su personalidad, hoy, lo es todo. Es un delantero más completo, más allá de que su mundo sigue siendo el área. La psicología le desterró viejos traumas. Se siente arropado en un equipo ‘argentino’: además de Barovero, Sánchez y Vangioni, convive con Basanta y Meza. Y volvió mejor, más entero, a partir de dos operaciones que tuvo en 2018: en marzo y en agosto. Sufría de crónicos dolores en el muslo derecho y decidió visitar un especialista en Barcelona. Por un "síndrome compartimental", se inclinó, en dos etapas, por la cirugía, que le permitió la liberación de la "compresión neurovascular". Más allá de los términos técnico-médicos, volvió convertido en un toro. De la cabeza y de los pies.

Tiene un promedio de 0,58 por partido. "Si podemos ganar todos los partidos 1-0 te lo firmo ya, la idea nuestra es hacer que la gente venga, que disfrute de su equipo, que se juegue bien, que golee, pero está claro que todos los partidos no van a ser así. Y en mi caso, hacer todos los goles que pueda, como siempre", suscribe. Pero no le agrada la portada, prefiere los gritos desde el bajo fondo, más allá de que ahora hasta Gerardo Martino quiere sus gritos para el seleccionado azteca.

¿Refuerzo para México?

En los próximos días hará una presentación formal en la FIFA. "Me encantaría, estoy agradecido a este país, a la gente mexicana que me sigue y que me trata con mucho cariño. Llevo casi cuatro años aquí y si me llaman, voy de cabeza", contó, días atrás. Tiene un obstáculo: actuó en 9 partidos en 2011 en el Sudamericano Sub 20 de Perú. "Me gustaría ser parte de la selección de Tata", insiste. Hugo Sánchez, siempre controvertido, se opone: "Nos va a invadir una cantidad enorme de jugadores extranjeros, sin que nos ayude a mejorar en lo que realmente necesitamos: nuestro prestigio a nivel deportivo".

Años atrás, tuvo un contacto con la selección de los Estados Unidos. El Mellizo era seguido por Jürgen Klinsmann. Tiene su historia: en 2001 dejó, junto con su familia, su Mendoza natal para buscar un mejor destino. Se instalaron en la ciudad de Dallas. Su mamá era cajera y su papá trabajó en un taller mecánico. Mientras jugaba al básquetbol, participó junto con su hermano Ramiro de un reality show "Sueño MLS". Entre los 2000 participantes, dos quedaron entre los cinco finalistas. El trofeo fue para Rogelio; la travesía en Dallas duró un suspiro. De allí surgió el vínculo. Viajante y aventurero, una prueba en Chelsea fue la excusa perfecta para el encuentro con River, de paso por Londres. En febrero de 2009, los hermanos se vistieron con la banda roja.

"Cambiaría la época en que me tocó jugar. Hoy en día soy un delantero más completo, más tranquilo. Con más seguridad", asume el artillero, que fue pedido por Antonio Mohamed en su paso por Rayados. "Es imprescindible", cuenta el DT de hoy, el uruguayo Diego Alonso.

Ya no falla el otro Funes Mori. Su melodía, ahora, es su implacable relación con la red.

Por: Ariel Ruya

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