Las dos caras de Alfaro en Boca

Christian Leblebidjian
Gustavo Alfaro dirigió ante Rosario Central su partido N° 50 (y último) oficial en Boca
Gustavo Alfaro dirigió ante Rosario Central su partido N° 50 (y último) oficial en Boca Fuente: LA NACION - Crédito: Marcelo Manera
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9 de diciembre de 2019  • 23:59

Gustavo Alfaro dirigió a Boca en 50 partidos oficiales, de los cuales solo perdió 7. ¿Cuál es su balance en estos doce meses de gestión? Desde las estadísticas, fue bueno, hasta bastante bueno podría decirse, aunque cuando se analiza el juego del equipo se puede invertir la proporción. Fueron muy pocas las veces que (durante 2019) Boca pudo jugar bien. No se habla de brillar, sino simplemente de ser superior al rival, de generar más situaciones de gol y recibir menos, de controlar los ritmos de los partidos, de mostrar desde la continuidad de la toma de decisiones una estructura, una base donde generar cimientos más sólidos. Si bien sufrió lesiones que lo condicionaron, Alfaro aplicó la rotación más por convicción que por necesidad. Y eso nunca le dio confianza a los jugadores.

La eliminación con River en las semifinales de la Copa Libertadores (derrota en el Monumental 0-2 y victoria en la Bombonera 1-0) lo marcó al entrenador, aunque más las declaraciones posteriores en las que pareció entregado, pidiendo "volver a su vida normal" una vez terminado el año. Si bien después intentó maquillar aquella declaración diciendo que si Boca le ofrecía la renovación "tardarían cinco minutos" en ponerse de acuerdo, para muchos dirigentes (incluso oficialistas) ya no había vuelta atrás.

Y, la realidad, es que después de aquella frase, tampoco el equipo mostró alguna reacción o un juego de alto vuelo como para modificar los pensamientos de las tres listas que se presentaron a elecciones el último domingo en Bandsen 805. Por el contrario, las dudas en cuanto al estilo de juego aumentaron. Incluso en la goleada a Arsenal 5-1, en la cancha de Boca, el rendimiento colectivo del equipo fue bajísimo.

Fueron tantos los cambios de nombres y las modificaciones del DT que fue volanteando en el recorrido (la más notoria, Carlos Tevez pasó de ser la "bandera" y el líder a ser el tercer suplente) que nunca terminó de consolidar un equipo titular. Tuvo solidez defensiva (aunque no siempre), pero el gran déficit fue la falta de respuestas ofensivas, no solo desde lo individual, sino también desde las fórmulas para que la estructura potencie a las individualidades.Llamó la atención la falta de continuidad de Bebelo Reynoso, el principal conector del equipo, el futbolista más capaz de juntar líneas y elaborar juego ofensivo.

Recibió tres goles parecidos

A la hora de retroceder, hacerlo con mucha gente y ubicándose muy cerca del arquero Andrada no siempre fue sinónimo de buena defensa. Si se observan los goles que le hizo Nacho Fernández (River), por la Copa Libertadores, Matías Zaracho (Racing) y Sebastián Ribas (Rosario Central), por la Superliga, se ve una falla repetida en la última línea: se defendía la zona sin tomar a los posibles receptores ni presionando sobre el lanzador que poseía el balón, el que terminó asistiendo a sus compañeros. Juan Cruz Kaprof, en la Bombonera, estuvo cerca de marcarle un tanto similar para un Arsenal que generó muchas más preocupaciones de las que marcó el 5-1..

Sí hay que reconocerle a Alfaro que, después del traspié en Madrid, mantuvo competitivo a Boca desde el primer día que asumió. Ganó la final ante Rosario Central por la Supercopa Argentina (si bien fue por penales tras el 0-0, había merecido hacerlo antes), luego perdió la final ante Tigre (por la Copa de la Superliga) y quedó eliminado de la Copa Argentina ante Almagro, la noche que Daniele De Rossi se presentó con un gol. En la Superliga no pudo terminar puntero, se desinfló en los últimos dos partidos (sobre todo), con empate ante Argentinos (1-1), en la Bombonera, y derrota con Central en Rosario (0-1), tras jugar un muy flojo primer tiempo.

Pero está claro que el escenario en el que le tocó asumir, luego de la final que River le ganó en Madrid al equipo de Guillermo Barros Schelotto a fines de 2018, era un condicionante que al plantel xeneize (por más que hubo recambio) podía costarle muchos meses levantar la cabeza y poder reaccionar. Pero Boca igual se mantuvo competitivo y hubo partidos que (vale reconocerlo) jugó con los dientes apretados. Le costó jugar bien, le costó atacar mejor, pero siguió de pie y llegó a una semifinal de Copa Libertadores. No le alcanzo, aunque -teniendo en cuenta el contexto-, no es un detalle menor a la hora del balance.

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