

Encontrá resultados de fútbol en vivo, los próximos partidos, las tablas de posiciones, y todas las estadísticas de los principales torneos del mundo.


HOUSTON, Estados Unidos.– Se ríe Ezequiel Lavezzi y los otros lo miran. Se supone que es quien debería llorar, pero no. Hace unas horas, en el microclima del estadio NRG, una caída de espalda le rompió un codo y lo eliminó de la Copa América. Y él acá, como si nada, con el mate y el yeso blanquísimo a la vista de todos. Se ríe Lavezzi de nuevo cuando recibe el chiste de Mascherano, mientras los 28 grados y la humedad de la mañana aprietan en la Universidad de Rice: "Está fresquito ahí, ¿no?".
No se quita en ningún momento el auricular de la oreja derecha, tal vez porque la música lo ayuda a transitar lo bueno y lo malo. Es ecléctico: en su lista de bandas y solistas hay lugar para la electrónica, el pop y el rock. De su iPod salen MGMT, Snoop Dogg, Wiz Khalifa, Bruno Mars, Elton John, Lorde… Alrededor suyo, el entrenamiento sigue su curso: los titulares elongan los músculos, los suplentes van y vienen en un minipartido en el que intervienen algunos sparrings, Gaitán y Pastore –lesionados– corren solos. Y él se sienta en un banco con Augusto Fernández, el otro caído en desgracia. Se ríe Lavezzi, y por su actitud no parece que vaya a perderse la final de la Copa América.

Si algo ganó este delantero de 31 años en este tramo de su vida deportiva es respeto. Los comentarios con sorna que cuestionaban su inclusión en el plantel desaparecieron: de pronto dejó de ser "el bufón de Messi" o "uno que juega en China". Llegó a Estados Unidos lesionado, igual que Pastore, y se pasó días enteros en la sala de espera del equipo. Pero volvió contra Bolivia, hizo un gol y fue figura. "Lavezzi puede jugar por las dos bandas, atacar y cubrir el lateral en defensa. Y nos da buenas opciones en el uno contra uno", lo destacó Gerardo Martino antes de la semifinal. El entrenador también salió indemne de esa pequeña batalla: considera que Lavezzi es jugador de selección, una categoría que no se pierde por salir del fútbol del Primer Mundo.
Él pagaría su titularidad con un gol de cabeza, un festejo maradoniano de cara a la cámara de TV y una asistencia a Higuaín que terminó en el tercer tanto. Después vendría el golpazo, el "¡ooooh!" de estupor del estadio por la espectacularidad de la caída, sus compañeros tomándose la cabeza y una camilla llevándoselo de la cancha. Una hora y media más tarde, el dolor insoportable de la fractura ya le había dejado lugar a su humor imperecedero: "Roto", respondió con una sonrisa en su tránsito por la zona mixta del estadio a la pregunta sobre el estado de su codo.
Hola a todos! Quiero agradecerles a todos por su preocupación por mi. Fue muy lindo recibir tantos mensajes de apoyo pic.twitter.com/u1HLnOH9mE&— Ezequiel Lavezzi (@PochoLavezzi) 22 de junio de 2016
El miércoles avanza en Houston y Lavezzi escribe en su cuenta de Twitter (@Pocho Lavezzi): "¡Hola a todos! Quiero agradecerles a todos por su preocupación por mí. Fue muy lindo recibir tantos mensajes de apoyo". Ya escuchó consejos de compañeros: que no se rasque con una aguja, que se deje firmar el yeso... Y que no afloje, sobre todo. Esa sugerencia, la última, no le hace falta. Porque en su manual de estilo no hay lugar para el bajón. "El que las empieza todas es Pochito", lo designa Banega como autor intelectual de las típicas bromas de concentración. Lavezzi simplemente se ríe.
Lavezzi fue el primer integrante del plantel de la selección en llegar a la sede de la final. Acompañado por el doctor Donato Villani y el dirigente Juan Carlos Crespi, ayer a la tarde viajó desde Houston a Nueva York para avanzar en el diagnóstico sobre la luxofractura que sufrió en el codo izquierdo en el partido ante Estados Unidos. Durante la jornada de hoy será atendido por el doctor David Altchek, especialista en ese tipo de lesiones, para determinar si debe ser operado antes de volver a la Argentina.



