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Días atrás, al arribar al aeropuerto de Miami para que la selección argentina disputara su encuentro con Cabo Verde por el Mundial, un insólito momento vivió el plantel cuando una de las oficiales que controlaba el equipaje de los jugadores sacó del bolso de Cristian “Cuti” Romero un clásico encendedor de chispa de forma alargada. Las risas, entre ellas la de un tentado Lionel Messi, no se hicieron esperar entre los jugadores. “Es una locura; nos quieren sacar las herramientas de trabajo. No hay chances”, bromeó Lisandro “Licha” Martínez luego del partido ganado ante la selección suiza.
Es que tanto ambos centrales titulares como Nahuel Molina forman parte de la denominada “banda del palo santo”. Este trío de amigos utiliza ese dispositivo encendedor para llevar adelante un ritual esotérico: suelen encender madera de palo santo en el hotel donde se hospeda el plantel para limpiar las energías y ahuyentar las “malas vibras” en las concentraciones.

Molina, Romero y Martínez forjaron, en estos últimos años, una fuerte amistad. “Estoy muy feliz de compartir cancha con ellos. Los amo, son mis hermanos”, agregó “Licha” cuando era entrevistado por Telefe luego del partido que la selección de Lionel Scaloni le ganó a la suiza, en tiempo de alargue, por 3 a 1.

“Son más de 10 años. Somos hermanos de distintas madres; es un placer compartir con ellos el Mundial”, sumó el Cuti Romero con una sonrisa dibujada en su rostro. Y Molina dijo que “será un privilegio compartir con ellos” el partido por semifinal que se jugará el próximo miércoles, a las 16 (hora argentina), contra Inglaterra. “Va a ser una locura, un partido muy especial; por todo lo que lleva el rival, creo que va a ser una batalla”, agregó el lateral.
La historia de la dupla de centrales de la Argentina, actualmente titulares, empezó mucho antes de que compartieran la zaga de la selección. Cuti y Licha, autores de dos goles decisivos en la clasificación del equipo a los octavos de final del Mundial, se conocen desde muy chicos, desde que tenían apenas 18 años. Los dos nacieron en 1998. Además de enfrentarse en inferiores, uno en Belgrano y el otro en Newell’s, coincidieron en las selecciones juveniles, donde nació una amistad que hoy va mucho más allá del fútbol.

La relación también se sostiene a partir de rituales que, para ellos, son tan importantes como un cruce o un anticipo y no pueden faltar en la previa de ningún partido. Antes del saque inicial frente a la selección de Egipto, Cuti, por ejemplo, llamó de urgencia a un utilero para que volviera al vestuario a buscar el agua bendita con la que él y Licha se persignan y se rocían antes de salir a jugar.
En el Mundial de Qatar, además, los centrales incorporaron otro ritual que todavía mantienen junto a Molina: encender un palo santo. La cábala nació después de la derrota frente a Arabia Saudita, la última caída de Argentina en los Mundiales.

