Liniers: historias de un plantel que se acostumbró a jugar en una cancha torcida

Los jugadores del club cuentan su experiencia; “Los rivales nos hacían chistes, pero no influía en el juego”, señalan
Guido Molteni
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5 de octubre de 2016  

Fuente: LA NACION - Crédito: Emiliano Lasalvia

En el asiento de atrás está Carlos Tevez . El pibe de 14 años, recién llegado de All Boys , da sus primeros pasos en las inferiores de Boca . Al lado, lo acompaña él, un enganche habilidoso que llegó de chico al club y quedará libre, aunque todavía no lo sabe. En el Renault 18 marrón también están su mamá, Ramona, y parte de la familia de Carlitos. Los une el viaje a La Pampa donde la categoría 84 de Boca jugará un Mundialito que ganará con autoridad. Él es el dueño de la pelota parada. El que deja el sello en cada tiro libre y cada córner. Carlitos acompaña, pero el protagonista es él. El pibe que nació en Laferrere, que pasó por el Club Parque, semillero del fútbol argentino, de la mano de Ramón Maddoni, y el que sueña con llegar a Primera es él. Silvio Fuentes cuenta esta historia, su historia, con orgullo. No le importa que después de ese Mundialito haya quedado libre, ni que tampoco haya hecho pie en las inferiores de Nueva Chicago y Deportivo Español . Hoy, Liniers, el club en donde finalmente debutó a los 18 años, es noticia por las curiosas proporciones de su cancha. Y Silvio Fuentes es noticia por los goles olímpicos que hizo en ella.

“La cancha ayudaba, pero siempre después de los entrenamientos me quedaba pateando córners. Hice nueve olímpicos en toda mi carrera, y cinco con Liniers . No hay una técnica particular, había que pegarle bien cerrado”, le cuenta Fuentes a LA NACIÓN. Según los especialistas, la cancha en falsa escuadra y lo anormal del área no ayudan al pateador, pero sí desorientan al arquero, que no tiene referencia del arco. Y Fuentes, que ya tenía una buena pegada, la exprimió de la mejor manera.

Ahora, el enganche de 32 años está sin club y pasa sus días junto a su mujer, Natalia, y sus hijos, Lautaro, Abril y Delfina, aunque sueña con volver a jugar. “Tuvimos historias distintas con Tevez. Lo recuerdo como un gran compañero, muy humilde y generoso. Ojalá se pueda retirar en Boca, a mí me gustaría cerrar mi carrera en el torneo Argentino o en alguna Liga Regional”, dice Fuentes, que entre sus logros cuenta con haber ascendido con Liniers a la Primera C , y con Deportivo Riestra a la Primera B Metropolitana .

Otro de los futbolistas que conoce de memoria la cancha de Liniers es Oscar Romero, el volante titular que lleva 440 partidos en el club. “La única diferencia es que, al estar en falsa escuadra, la cancha tiene una mitad que es más chica. Hubo técnicos que bajaban la orden de que si ganábamos el sorteo termináramos defendiendo de ese lado, porque achicábamos los espacios si íbamos ganando, y podíamos ir a buscarlo si estábamos en desventaja”, revela Romero, quien también trabaja de empleado de limpieza en el Municipio de La Matanza.

“Al no estar los arcos derechos, algunos jugadores perdían referencia en cuestión de segundos. Nosotros en cambio tomábamos de referencia las tribunas o los bancos de suplentes”, agrega.

Un trotamundos del ascenso, Maximiliano Castano, también aporta su mirada. El delantero que pasó por 13 clubes (debutó en Huracán , y siguió por Chacarita y Almagro , entre otros) y a sus 39 años volvió a Liniers, el club en el que hizo las inferiores, explica: “Siempre nuestra cancha fue conocida como la de los arcos torcidos. Nadie se enojó, los rivales nos hacían chistes pero se sabía de lo anormal, y no influía en el juego”.

“Cuando estaba en las inferiores y entrenábamos, se nos complicaba a la hora de armar la cancha para un fútbol reducido, porque no sabíamos qué tomar como referencia. Pero bueno, nos fuimos acostumbrando”, cuenta el delantero.

De jugar con Tevez a ser la leyenda de los goles olímpicos. De limpiar las oficinas del Municipio a entrenarse en un club de la D. De debutar en Huracán a retirarse en una cancha mal construida. La falsa escuadra de la cancha de Liniers se ve mejor desde el aire, bien arriba. Allí se observa una mitad de campo más chica que la otra, un área torcida, un arco corrido y un rectángulo chanfleado donde caben tantas historias como futbolistas.

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