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BARCELONA.– Hoy, lunes 7 de enero de 2013, Lionel Messi aterrizará en la misma ciudad que se ha acostumbrado a recibirlo para la misma época y por el mismo motivo. Allí, en Zurich, hace cinco años, el 12 de enero de 2008, perdió por última vez el Balón de Oro para el que había sido ternado por segunda vez. "Escuchá, es la última vez que te permito salir segundo, ¿está claro?", le dijo Maradona y Leo se lo tomó en serio. Desde entonces, de cada visita a Suiza volvió con el dorado trofeo en su valija.
En 2009, cuando la ceremonia aún se realizaba en diciembre y se estrenaba el Zurich Kongresshaus, venció a Cristiano y a Xavi, y agradeció el premio con evidente timidez: "Es un gran honor recibirlo, porque he sido elegido por jugadores de otras selecciones. Quiero compartirlo con mis compañeros de Barcelona, porque esto significa terminar de la mejor manera un gran año del equipo".
Inauguró 2011, el 10 de enero, recibiendo el premio de 2010. Para el año del Mundial, se fusionó el trofeo de la FIFA y el de France Football y se lo llevó él, a pesar de que competía con los campeones del mundo Iniesta y Xavi. "La verdad es que no esperaba ganarlo hoy", dijo entonces, de verdad sorprendido, con sus compañeros a cada lado.
Su fantástico 2012 comenzó con una celebración por todo lo muy bueno hecho en 2011. De aquella noche queda el inocultable gesto de fastidio de Cristiano y el evidente gesto de reconciliación de Messi: "Hoy mi país se siente orgulloso de mí como nunca antes me lo habían hecho sentir".
Detrás había quedado una Copa América para el olvido y por delante se abría un año inolvidable. El 2012 de Messi no se mide en meses, sino en goles. En su calendario particular todo comenzó el 4 de enero, dos días antes de Reyes, con un doblete ante Osasuna, y terminó el 22 de diciembre, dos días antes de Nochebuena, con un gol ante Valladolid, para completar la insólita cifra de 91 gritos en 69 partidos.
Enero tuvo, para él, 7 goles.
Febrero: 10 goles. Incluido su primer hat-trick con la selección, ante Suiza.
Marzo: 13 goles. Convirtió un triplete ante Granada y se convirtió en el máximo goleador de Barcelona en partidos oficiales, superando los 232 de César (hoy, con 288, lo dejó muy atrás). Por primera vez, conquistó 5 goles en un encuentro: a Bayer Leverkusen (7-1) por la Champions League.
Abril: 9 goles. Le sirvieron para igualar el récord de marcar en partidos consecutivos: 10.
Mayo: 8 goles. Con un gol suyo, Barcelona le gana 3-0 al Athletic Bilbao la final de la Copa del Rey. Y, aunque no gana la Champions League, por cuarta vez se convierte en el máximo artillero, con 14 tantos.
Junio: 4 goles. Por segunda temporada es el goleador de la Liga de España, con 50 gritos en 37 encuentros. También lo había sido en 2010, con 34.
Julio: ¡descansó!
Agosto: 7 goles. Barcelona pierde la final de la Supercopa con Real Madrid, pero Leo convierte y se transforma en el máximo artillero de la competencia, superando a Raúl.
Septiembre: 5 goles. Marca en tres competencias distintas. Por las eliminatorias, a Paraguay. Por la Liga, al Getafe (2). Y por la Champions, a Spartak (2).
Octubre: 10 goles. Definitivo reencuentro con la Argentina: hace dos golazos a Uruguay y un golazo a Chile; completa su mejor año, con 12 goles en 9 partidos, igualando a Batistuta. Vuelve a cruzarse en el camino de Real Madrid, le grita dos veces, supera a César como máximo goleador del Barça en el clásico y, con sus 17, queda a uno solo de Alfredo Di Stéfano.
Noviembre: 9 goles. Su hijo Thiago llegó, el 2, con goles bajo el brazo: 2 al Mallorca, para sumar 76 en el año y superar a Pelé; 2 al Celtic y 2 al Spartak, para igualar el registro de goles internacionales en un año (25) que el inglés Woodward tenía desde principios del siglo pasado.
Diciembre: 9 goles. Más activo que nunca. Doblete ante Athletic Bilbao, para igualar a César como máximo goleador histórico del Barca en la Liga. Doblete ante Betis, para superar el récord anterior y también el de Gerd Müller, que había convertido 85 en 1972. Doblete ante el Córdoba y doblete ante el Atlético de Madrid, para superarse a sí mismo en esa especialidad, con 15 en una temporada (que aún no ha terminado).
Es cierto, con Barcelona ganó un solo título de todos los que disputó. Tal vez, el menos importante, la Copa del Rey. La Champions League se escapó en aquella malograda semifinal ante Chelsea y la Liga quedó en manos del archirrival, Real Madrid. Sin embargo, nadie los discute, ni al Barcelona ni a Messi.
Hoy, a las 15 (hora argentina) él estará una vez más en el escenario del Zurich Kongresshaus, compitiendo con Cristiano Ronaldo (campeón de la Liga) y con su compañero Andrés Iniesta (campeón de la Eurocopa). Puede ganar el Balón de Oro y convertirse en el primero que lo gana por cuarta vez, consecutiva además: lo que nadie, ni Maradona, ni Pelé, ni Di Stéfano, ni Cruyff, ni Platini, ni Van Basten.
También puede perderlo. Nadie lo discutirá a él. Es el mejor.

