Luis Fabián Artime: vida, obra y pasiones del presidente de Belgrano, cordobés por adopción y del lado Tapia de la vida
Fue un goleador de raza y ahora dirige al Pirata cordobés en una hora histórica, con la chance de ganar el torneo Apertura
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Luis Fabián Artime es porteño, debutó en Ferro, jugó en Independiente y San Lorenzo y, sin embargo, es un cordobés de pura cepa. Cuarteto, fernet y pirata. A los 60 años, es el presidente de Belgrano desde el 6 de febrero de 2021. En cuatro temporadas como delantero, marcó 94 goles en 336 partidos. Fue un amor de verdad. Y lo sigue siendo.
“Los mandamos a la B y nosotros ascendimos, pero eso ya pasó. Ahora hay que hacer historia este domingo 24, aniversario del cumpleaños del Potro Rodrigo. Nada más”, contó días atrás. Un aporte más al morbo y un capítulo sentimental para el cantante, que murió de manera trágica y que este domingo hubiera cumplido 53 años.
Un dirigente que limpió las cenizas y barrió los escombros de un club que estuvo al borde del precipicio, que defiende a capa y espada el valor social de las entidades y que suele jugar en el mismo equipo que Chiqui Tapia (está en la seguna línea), vive estas horas con un mayúsculo frenesí.
“Hoy tenemos en el club un presidente que es hincha de Belgrano. En el banco, a Juanca Olave, hincha de Belgrano. Jugadores que son hinchas y una estructura con mucho sentimiento de aprehensión, todos exjugadores, todos juntos”, sostiene el dirigente. Sentido de pertenencia, unión y valentía. “La historia sigue, el domingo jugamos la final contra River. Histórico es para nosotros, para Belgrano, llegar a una final así después de ganar un clásico para toda la vida con todo el Kempes lleno de gente de Talleres”, invita a la ilusión.
Cuando ganó las elecciones, se registró una participación récord del 60 por ciento de los 13.000 socios habilitados para votar; logró 4902 votos, sobre los 3110 de Armando Pérez.
“El Luifa”, como le llaman los hinchas de Belgrano, durante algunos años se dedicó a la actividad aseguradora. Pero debía dejar todo por los colores: la tribuna sur del estadio Mario Kempes lleva su nombre. “Justo me vino a buscar el Grupo Sancor Seguros, de Sunchales. Me pusieron una oficina, productores, todo a disposición… Y me dediqué a vender seguros”, le contó a LA NACION en una entrevista.
Hizo el curso de productor y se convirtió en una suerte de empresario. Artime abría puertas y, después, sus compañeros instalaban toda la industria del seguro. “Desde que tomé la gestión de Belgrano puse la organización en manos de mis hijos más grandes, Iván y Rodrigo. Desde que asumí como presidente me dedico 100%, 24 por 7 a Belgrano. Yo hoy soy presidente de Belgrano, pero durante los 15 años que vendí seguros fui una topadora”, asumía.
Ahora, es una topadora como dirigente. Así vive: “La conducción es así, frontal, transparente y de cara a cara”. En realidad, Artime vivió siempre cerca del fútbol, su papá Luis pasó por Atlanta, Independiente, River, Palmeiras y Nacional de Montevideo. Jugó en la selección argentina que participó del Mundial de 1966, en Inglaterra, cuando hizo tres goles en cuatro partidos.
Formado en el Ferro de Griguol (los valores más allá del juego), luego de errar un penal que privó a Independiente de un título internacional, necesitó irse lejos de Buenos Aires para poder ser él. “La vida no es para tibios”, asumía, cuando algún atrevido le preguntó años más tarde si ponía en juego la idolatría al dejar de ser jugador y transformarse en presidente, como les pasó a Carlos Babington en Huracán y a Daniel Passarella en River.
Al frente, siempre hacia adelante. “Como mi viejo, que siempre dijo lo que pensó sin importarle las consecuencias y se la bancó, yo soy un tipo sin pelos en la lengua. Siempre defiendo mis ideales. Soy ingeniero: me trazo un objetivo y, aunque haya que hacer un túnel o un puente, llego sin buscar atajos, haciendo las cosas como me enseñaron mis viejos, con respeto, laburo y sacrificio”, es su pensamiento central.
Goleador, símbolo y presidente: todas las vidas de Artime llevan la firma de la pasión. En Buenos Aires primero, en Córdoba tiempo después. Nació en el policlínico Ramos Mejía, en Buenos Aires, pero se crió en Moreno. “Pero si me hicieran un ‘dosaje de cordobés en sangre… soy un 90% cordobés’”, asume. Y se divierte con una antigua anécdota de su propia vida. En un viejo Valiant, sus padres se fueron de luna de miel a las sierras cordobesas y a los nueve meses nació el goleador. “Yo nací cordobés”, aclara.

En su intensa travesía como conductor del club celeste, dispuso de cinco entrenadores en cinco años. “Eso marca que hay un proyecto. Lo fundamental es que, adonde llega Belgrano, llega con el sostén de una gran estructura”, desafía. Antes del regreso del Ruso, pasaron Walter Erviti (un experimento que duró 38 días), Juan Cruz Real, Guillermo Farré y Alejandro Orfila, presente y pasado.
En la reciente charla con LA NACION, contó otro tipo de historias. Como estas.
-Al asumir en 2021, dijiste que Belgrano era un león dormido.
-Hace cinco años que despertamos una locura que solamente el que la vive la puede entender. A mí me pasó cuando llegué en 1992 a Córdoba. Belgrano es un club sufrido… ¿viste que te enamorás de lo que más te hace sufrir? Bueno, algo masoquista. Belgrano fue eso en mi vida. Cuando llegué, se me caía la mampostería encima. Entonces, ¿a qué te aferrás? A la pasión. Hemos logrado involucrar a todos, a los empleados del club, a los socios y a los jugadores por igual. Ese es el desafío: el día que nos vayamos, Belgrano tiene que ser más grande. Y también hay que ser agradecido, porque hay muchas cosas que se venían haciendo bien antes de que agarrásemos nosotros, como el predio, como la tribuna Cuellar… Nosotros la terminamos, pero alguien la pensó y la empezó. En este país vivimos destruyendo lo anterior para arrancar otra vez de cero, y así no puede ser. ¡Los egos! La idolatría para que mañana digan que fui yo… No, no soy yo. Acá hay otros 25 dirigentes que laburan igual o más que yo, y tengo 400 empleados que no patean la pelota, pero que ayudan para que todo avance. Un club es una ciudad.
-Pero el hincha quiere títulos.
-Y lo entiendo, ¡si el primero que quiere salir campeón soy yo! Pero para eso tenés que estar con las bases bien cimentadas, si no, no podés. Nosotros hoy tenemos 68 mil socios que pagan, y a la cancha entran 30 mil. Yo quiero llegar a los 100 mil socios, porque si lo logramos, el club se maneja solo. Hoy, además de los 68 mil que pagan, necesitamos hacer buenas inversiones, tener buenos sponsors, comprar bien para potenciar a esos jugadores y venderlos mejor y tener un buen plantel para que los socios sigan pagando motivados los 15/18 mil pesos de cuota mensual.
El hincha quiere títulos. Artime está a un paso de concretarlo, ahora desde un escritorio tan celeste como apasionado.
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