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RIO DE JANEIRO.- En el "templo mayor" del fútbol brasilero, el Maracaná, los motores de las topadoras ya ahogaron los ecos de las hinchadas del Flamengo y del Santos, que ayer jugaron el último partido antes de que comience a toda marcha su mega reforma para el Mundial 2014.
Un ejército de 2500 obreros, ingenieros y maquinistas tomará control de este estadio construido en 1950, y que luego de haber sido escenario de memorables victorias, amargas derrotas y conciertos espectaculares, se prepara para enfrentar una nueva etapa en su historia.
"Vamos a hacer del Maracaná uno de los estadios más modernos del mundo, adaptándolo a las necesidades de nuestros tiempos en cuanto a confort, tecnología y visibilidad, pero manteniendo su alma eterna, esa que le dio el estatus de ‘catedral mundial del fútbol’", señaló a LA NACION Hudson Braga, secretario de Obras del estado de Rio de Janeiro, quien supervisará los monumentales trabajos.
La refacción del estadio, que tendrá un costo estimado en 400 millones de dólares, está a cargo del consorcio Odebrecht, Andrade Gutierrez y Delta, ganador de la licitación que se realizó a principios de año.
El proyecto aprobado por la FIFA prevé la preservación de la fachada original, pero adentro, según afirmó Braga, prácticamente todo será nuevo. Para empezar, la totalidad de las gradas quedarán cubiertas por una novedosa malla metálica que protegerá a los espectadores de los rayos solares y de la lluvia. Los dos grandes anillos de asientos serán unificados con sillas retráctiles, separadas a 50 cms unas de otras. Aunque la capacidad actual de 86 mil personas se reducirá a 76 mil, se ganará una mejor circulación.
Se construirán además más palcos especiales, para pasar de los 88 actuales a 110; se instalarán 14 nuevos elevadores y seis escaleras mecánicas, un circuito cerrado de televisión y un sistema electrónico de monitoreo de entradas, y se le dará un nuevo concepto al museo del fútbol que alberga el estadio.
El acceso se facilitará a través de cuatro conjuntos de rampas, que se sumarán a las dos grandes pasarelas actuales. Se levantará un viaducto que conectará el estadio con la vecina estación de metro y tren, y se urbanizará toda una nueva área adyacente que se sumará al complejo, que ya incluye un parque acuático, una pista de atletismo y una arena multiuso conocida como Maracanazinho.
"Nuestro objetivo es entregar el Maracaná totalmente reformado en diciembre de 2012, a tiempo para que pueda recibir la Copa de Confederaciones, en junio 2013, y listo para el Mundial de 2014", afirmó Braga.
El domingo, tras choque entre el Flamengo y el Santos, que terminó con un empate sin goles, el analista de sistemas Lenílson Cavalcanti tomaba fotos a su hijo con cierta nostalgia.
"Mi hijo tiene seis años y sólo había venido una vez al Maracaná. Y yo, por culpa de la violencia, dejé de venir cuando él nació. Pero hoy no me lo podía perder", apuntó desde una de las tribunas superiores, mientras en el anillo inferior un grupo de operarios ya iniciaba el desmontaje de los asientos.
<b> Pedazos de historia </b>
RIO DE JANEIRO.- Los escombros que generará la reforma del Maracaná no serán tirados a la basura; por el contrario, serán evaluados y luego sometidos a una subasta.
Es que para los brasileros, el gigantesco estadio –que en otros tiempos fue el más grande del mundo- tiene un fuerte valor sentimental. Por aquí pasaron Pelé y Zico, así como Frank Sinatra y Madonna; y la hinchada local aún no puede olvidar el triste recuerdo de la derrota 2-1 ante Uruguay en la final del Mundial de 1950, que se volvió conocida como el "maracanazo".
"Vamos a transformar muchos fragmentos en souvenirs. Planeamos una subasta cuya recaudación será destinada a obras sociales", adelantó la secretaria de Deportes del estado de Rio de Janeiro, Márcia Lins.
Entre los elementos a guardar están los asientos de las tribunas superiores –originales de la década del ’50-, relojes de pared, mingitorios de los baños y parcelas de césped que serán colocadas en cajas acondicionadas para coleccionistas.



