San Lorenzo empató sin goles ante Melgar en su debut de la Copa Libertadores

CONMEBOL Libertadores Fase de grupos
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Melgar

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San Lorenzo

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Fernando Vergara
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5 de marzo de 2019  • 18:00

Evolución podría ser la palabra que defina a San Lorenzo en su debut en la Copa Libertadores si se tiene en cuenta lo que viene exhibiendo en la Superliga. En Arequipa, los azulgranas empataron 0-0 frente a Melgar en su estreno en el certamen continental y dejaron alguno buenos signos. Claro, las sensaciones son encontradas para el Ciclón, que sigue sin ganar desde que asumió Jorge Almirón y ya suma 11 compromisos sin festejar. En los cálculos previos, un empate en Arequipa no es un mal resultado. El tiempo lo dirá.

San Lorenzo trata de despejar las incógnitas que deja su rendimiento desde hace varios meses. Así, Almirón intenta y mueve piezas, modifica nombres y esquemas. Por caso, con respecto a la caída frente a Argentinos, ayer ingresaron Salazar, Poblete, Castellani, Fértoli y Botta en lugar de Peruzzi, Herrera, Loaiza, Rentería y Reniero. Y el dibujo pasó del 5-2-3 al 4-2-3-1.

Ya desde los primeros movimientos se advirtió la actitud de uno y otro elenco. El Ciclón era más fluido en el medio, simple en cada uno de sus movimientos, con olor a pólvora cuando se acercaba al arco adversario y utilizando la banda izquierda de Damián Pérez para atacar. El problema no estaba en la gestación, sino en la definición: un karma de estos días.

Pero San Lorenzo sufre si no tiene la pelota, tiende a perder el hilo del partido. Por momentos padeció en el retroceso y Melgar -mucho más forzado, trabajoso- también contó con un par de situaciones de riesgo para abrir el marcador. No obstante, en esos 45 minutos iniciales pudieron observarse algunas de las ideas que Almirón pretende para su equipo: salida limpia y por abajo, juego colectivo, rotaciones y un ataque ancho. Algunos de los sellos característicos del DT. Siempre a partir de una de sus sentencias preferidas: generando juego a través de la tenencia de la pelota. Así, los volantes se movieron para darle al compañero una opción de pase (Botta, Castellani y Román Martínez tuvieron un buen desempeño en ese período) y Salazar y Pérez se ofrecieron como alternativa de descarga. El tiempo dirá si los hinchas azulgranas pueden ilusionarse con el ex jugador de Deportivo Morón, pero anoche dejó algunas de sus huellas: tiene panorama, toca, hace una pausa, le da sentido a las jugadas. Aunque es a la hora de la definición donde San Lorenzo más sufre. Surge la impotencia propia, que suele expresarse en la impericia para convertir, un rasgo propio de quien está falto de convicción y al que le sobran desesperación y tensión. El dato no es casual: el Ciclón arribó a Perú con apenas seis tantos a favor en los diez compromisos disputados con Almirón en el timón de este barco. Y se vuelve a Buenos Aires con ese deficit potenciado.

En Arequipa, a 2350 metros sobre el nivel del mar, el aire es más pesado, más denso. Por momentos, San Lorenzo dosificó sus energías. Melgar, dirigido por Jorge Pautasso, fue un equipo voluntarioso, que desparramó entusiasmo, pero con eso solo no se gana. Despliegue y pierna fuerte, los atributos de una institución que viene de una gran alegría tras dejar en el camino a la Universidad de Chile y Caracas en la fase previa. Su capitán es el santafesino Cuesta, quien marcó un gol sobre la hora frente a los venezolanos que significó el acceso a la zona de grupos. Desde ya, todo es disfrute para un club humilde que sueña con batallas épicas.

En la segunda parte, Melgar trató de presionar sin claridad, a sabiendas de que cualquier rebote o pelota suelta en terreno de San Lorenzo podía derivar en un remate letal para el adversario. La intención de los visitantes de tomar la iniciativa se fue apagando y el Ciclón ya no estuvo fino. Las frescas energías le dieron lugar a la falta de reacción, el embotamiento mental, la dificultad para incomodar a Cáceda. Todo fue más parejo y confuso. Generalmente, las pocas aproximaciones de los azulgranas nacieron del pie derecho de Román Martínez. No le alcanzó.

San Lorenzo inició el camino de su quinta participación en las últimas seis ediciones de la Libertadores, un torneo que ganó en 2014 después de varias décadas de padecimiento. Está claro que tiene unas cuantas materias pendientes y que el último lugar que ocupa en la Superliga es un correlato más lógico de acuerdo a lo que viene sucediendo. Es imposible no pensar en eso. De todas maneras, si anoche hubiera perdido, además de la sensación de injusticia, lo habría rozado una nueva inseguridad en lo que apenas resultó el primer paso del torneo más importante de Sudamérica.

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