El regreso de Miguel Ángel Russo a Boca: el hombre de la última gesta internacional que ganó una dura batalla contra el cáncer y ahora tendrá revancha

Russo y Gallardo, en el duelo entre River y Alianza Lima, por la Copa Libertadores de este año. El DT viene de experiencias en Perú y Paraguay.
Russo y Gallardo, en el duelo entre River y Alianza Lima, por la Copa Libertadores de este año. El DT viene de experiencias en Perú y Paraguay. Fuente: Archivo
Franco Tossi
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31 de diciembre de 2019  • 09:00

Y llegó el día tan esperado. Tras la decisión del Consejo de Fútbol de no renovarle el vínculo a Gustavo Alfaro, Boca tiene oficialmente un nuevo técnico: Miguel Ángel Russo fue presentado después de que hace casi diez días cerraran su arribo. El significado es enorme: es el primer entrenador del mandato de Jorge Amor Ameal y una de las primeras decisiones fuertes de Juan Román Riquelme, vicepresidente segundo y cabeza del departamento de fútbol.

Habrá segundo ciclo. Russo tuvo su primera experiencia en el xeneize desde principio a fin de 2007, año de la última gran conquista de la institución boquense: fue el último técnico campeón con Boca de la Copa Libertadores, en una edición en la que Román fue la grandísima figura de la competición en aquel inolvidable préstamo por cuatro meses, previo a ser comprado definitivamente, en los que sacó su máximo potencial de la mano de Miguel.

Doce años pasaron de aquella amarga e, incluso, inentendible despedida tras haber perdido la final del Mundial de Clubes, en Japón, ante Milan: Pedro Pompilio, el presidente de ese entonces, habría puesto condiciones para que el oriundo de Lanús siguiera, algo a lo que no accedió. No obstante, es un gran recuerdo el que dejó el entrenador de 63 años. Y tras varios años de una frustración a la que el club no estaba acostumbrado, especialmente por tantas caídas internacionales ante River, Riquelme creyó que el último gran padre de la criatura debía volver: por un lado, porque sabe que Russo no merecía irse como se fue y, por otro, porque el club necesita recuperar la identidad xeneize (como marca el eslogan del nuevo gobierno), esa mística que fue marca registrada de aquella década.

De esta manera, la pregunta surge de inmediato: ¿Qué fue de su vida dentro y fuera de la cancha desde que dejó la entidad de la Ribera? Si se pone la lupa en el fútbol argentino, hay que destacar que desde que se fue de Boca el único titulo que cosechó fue el de la B Nacional, cuando ascendió a Rosario Central en la temporada 2012-2013.

Tuvo pasos con mucha más pena que gloria en Racing, Estudiantes y Vélez. Aunque también estuvo al borde del éxito en otros lugares. A fines de 2008, mientras San Lorenzo le daba la primera experiencia post salida del xeneize, perdió el inolvidable triangular doméstico frente a Tigre y el propio Boca (terminó siendo campeón con Carlos Ischia) luego de que, en algún momento de ese camino, haya sacado ocho puntos de ventaja con respecto a los escoltas. Eso sí: la Libertadores 2009 en Boedo no fue para destacar: quedó eliminado en etapa de grupos. Y luego del ascenso anteriormente mencionado con el Canalla, no pudo ponerle la frutilla al postre: perdió la final de la Copa Argentina 2013-2014 ante Huracán, por penales.

Sin dudas, lo más fuerte lo vivió en Millonarios, de Bogotá, en un ciclo que duró dos años (2016-2018). Allí dirigió 112 encuentros, obteniendo tres títulos. Ganó el Torneo Finalización 2017 y la Superliga de Colombia 2018 (reúne a los dos campeones locales del año anterior). Aunque el trofeo más importante fue el que consiguió entre medio de esas dos celebraciones: ganarle la batalla al cáncer de próstata que le habían diagnosticado tiempo atrás.

Esa dura enfermedad generó una pausa en sus actividades dentro del club colombiano. Su aspecto había cambiado notoriamente. Su rostro se veía más avejentado y la utilización de una gorra evidenciaba las consecuencias del tratamiento. ¿Cómo salió adelante? Tal como lo expuso cuando se reincorporó entre lágrimas de emoción por todo el acompañamiento recibido durante ese duro momento: "Quiero agradecer a todos los que sabían lo que me pasaba. Me respetaron y ayudaron mucho. El silencio también es bueno. Esto se cura con amor, nada más", remató, conmoviendo a todo el mundo del fútbol. A comienzos de febrero de 2018 dio la gran noticia en los medios: "El tumor que tenía, no lo tengo más. La operación (de vejiga) no fue fácil atravesarla, pero gracias a Dios todo lo malo no existe más".

Hay algo curioso que une a Russo con Boca en el último tiempo, salvando las distancias. El xeneize padeció a su clásico rival en los últimos cinco años. Sin embargo, el técnico también tuvo sus malas experiencias ante el River de Marcelo Gallardo e increíblemente fueron este mismo año, en la misma competición y dirigiendo dos equipos distintos. Lo cruzó en la etapa de grupos de la Copa Libertadores cuando estuvo al frente de Alianza Lima (1-1 en Perú; 0-3 en el Monumental) y no clasificó a octavos de final. Mientras que unos meses después se hizo cargo de Cerro Porteño, de Paraguay, y lo enfrentó en cuartos (0-2 en Núñez; 1-1 en Asunción).

Una mala estadística teniendo en cuenta que el ciclo permanentemente exitoso del Muñeco puede producir nueves cruces, aunque se sabe que el plantel que agarrará en Boca es mucho más rico que cualquier otro que dirigió a lo largo de la última década.

Román va detrás de esa ilusión. Miguelito habló de amor y el '10' siente que el club le debe mucho de eso por lo ocurrido en el pasado, más allá de ese cariño mutuo que se tienen entre ellos y que detrás hay un proyecto futbolístico que lo ubica como el adecuado para dar el puntapié inicial, según lo pensado por el Consejo de Fútbol. Una caricia al alma de un hombre que no la pasó bien y que quiere tener esa especie de revancha merecida. Ya hay DT. Boca se va armando.

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