Milton Casco, el renacido de River que une pasiones: la pelota y los caballos

Una selfie a caballo: Casco en María Grande, su pueblo de Entre Ríos.
Una selfie a caballo: Casco en María Grande, su pueblo de Entre Ríos.
Alberto Cantore
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2 de octubre de 2019  • 17:00

El griterío, la ovación y los aplausos del público en el Monumental no le modifican el semblante. El reconocimiento que recibe Milton Casco es un premio al esfuerzo, la capacidad para sortear la adversidad. El entrerriano se convirtió en una de las banderas de River modelo 2019, aunque el corazón resalte que se trata del mismo futbolista que cuatro años atrás era observado con desconfianza por aquellos mismos que ahora lo saludan y le piden una selfie. Se trata de un renacido, de un jugador que encontró la convicción para desandar las bandas de un campo de juego como si se emulara la técnica a la que se aferraba siendo un adolescente para cabalgar en los desfiles de María Grande, a 62 kilómetros de Paraná, en Entre Ríos. El fútbol y los caballos, pasiones que surcan su vida.

El fanatismo por la pelota y montar caminan a la par. De 31 años, el lateral se inició como delantero; Leonardo Madelón, en Gimnasia y Esgrima La Plata, lo retrasó en la cancha y ahora lo comparan con Dani Alves, Jordi Alba o Marcelo. Aunque todavía haya quienes creen que su pierna hábil es la zurda, Casco es diestro. Eran los días en que Atlético componía su mundo, todavía muy lejos de su arribo a la Ciudad de las Diagonales o su paso a Newell's, donde su juego y virtudes cautivaron a Marcelo Gallardo. También eran los tiempos en los que los paseos en carro, las jineteadas, los desfiles y las celebraciones de las fechas patrias se colaban en la actividad del papá de Stéfano y Gianluca, a quien los hinchas no olvidarán: le robó el gol a Pity Martínez en los festejos de la Copa Libertadores 2018.

Casco, en acción ante Boca en el Monumental.
Casco, en acción ante Boca en el Monumental. Fuente: LA NACION - Crédito: Santiago Filipuzzi

Nunca se rindió Casco. Antes ni mucho menos ahora. Cuando levantaba polvareda en la canchita detrás de la iglesia, un ritual que mantenía a diario después de asistir a la escuela, y cuando arribó a River para ser el sucesor de Leonel Vangioni. Pero la adaptación no resultó tan sencilla. No era la primera vez que le pasaba: el bajo perfil lo hizo dudar sobre sus cualidades y a los 13 años se marchó de Unión para retornar a María Grande, la localidad de 8 mil habitantes. "Era la primera vez que salía y no me sentía a gusto, no estaba cómodo. Pegué la vuelta. Tres años demoré en intentarlo de nuevo, cuando Gimnasia hizo una prueba en Paraná", le comentó a LA NACION.

Su recorrido tiene ritmo sostenido, como si trotara sobre un caballo: tres años en el Lobo, otros tres en Newell's y la irrupción en 2015 en el club de Núñez, donde quebró la marca: el 10 de septiembre de este año cumplió su cuarto año en la institución. Sorteó momentos complicados, aunque siempre tuvo el respaldo incondicional del cuerpo técnico que lidera Gallardo. Primero, corriendo desde atrás a Vangioni; la salida del rosarino le abrió la puerta, pero la irregularidad y algunas lesiones le minaron el camino, a tal punto que el uruguayo Marcelo Saracchi lo relegó al banco de los suplentes durante un año. Pero el charrúa recibió una oferta millonaria desde Alemania y Casco no desaprovechó la nueva oportunidad.

Milton Casco, indiscutido en River, fanático de los caballos y el campo.
Milton Casco, indiscutido en River, fanático de los caballos y el campo. Fuente: LA NACION - Crédito: Nacho Sanchez

Se convenció que podía ser el N°3 de River y actuó en esa dirección. La misma actitud era la que tenía para aferrarse a las riendas y galopar. Boca, siempre Boca, le ofrece un guiño para que el hincha lo mime: pasó el año pasado, en la Bombonera y también en el Santiago Bernabéu, juegos en los que terminó de conquistar a los hinchas, quienes le ofrendaron una bandera con la leyenda "Perdón Milton". Anoche, el entrerriano volvió a ser una pieza determinante en la victoria 2-0 en el primer partido de las semifinales frente a los xeneizes. Suelto, sin los cuestionamientos ni la urgencia por demostrar su jerarquía, nadie ofrece reparos en la extensión del contrato que firmó en agosto pasado y que lo liga con River hasta el 30 de junio de 2022.

Con el nuevo vínculo, posiblemente vuelque parte de los recursos económicos en los caballos, una inversión que empezó hace un tiempo, aunque sin fines comerciales. Como en su adolescencia, disfruta de los paseos con amigos o en familia, ya sea cuando se hace una escapada a María Grande o en las cercanías de La Plata. Una manera de no olvidar las raíces, una terapia a la que recurre Casco, una suerte de figura silenciosa con la que deliran los hinchas de River.

En un paseo a caballo, con su hijo, en Entre Ríos.
En un paseo a caballo, con su hijo, en Entre Ríos. Fuente: LA NACION

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