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BRONNITSY, Rusia.- El cíclidos africano es un pez amarillo que habita en el lago Malawi, uno de los más grandes de la África oriental. La especie, que tiene cuerpo voluminoso y cabeza en punta, desmitifica solo en parte una frase que Javier Mascherano pronunció aquí, sentado en la sala de conferencias del campamento de la selección argentina: según los resultados de un estudio realizado por científicos canadienses de la Universidad McEwan cuatro años atrás, el labidochromis caeruleus (según su nombre científico) puede recordar el contexto y asociaciones hasta 12 días después. Claro, no se refería justamente a esa porción del reino el subcapitán cuando descubrió su receta sobre cómo dejar atrás "el ruido" que agita a la selección en estos intensísimos días rusos, cuando por delante la espera el partido que decidirá si el Mundial acaba tan pronto para ella. "En estas situaciones tenemos que tener memoria de pez y seguir para adelante: el pez no tiene memoria", remató el Jefe, amo y señor de una exposición en la que también participó Lucas Biglia.
"Sí, memoria de pez y hambre de león. Eso necesitamos", reflexionaban al atardecer alrededor de Jorge Sampaoli , mientras del otro lado de la puerta de la concentración, en la playa del lago Belskoe, los pobladores locales cortaban una torta gigante en homenaje al cumpleaños de Lionel Messi. Está visto: el transcurrir de la vida diaria de la Argentina aquí tiene los matices de una amplia paleta de colores. La de los jugadores, por caso, vive una transformación. Conforme pasan los días y las tormentas post Croacia se alejan, ellos van recuperando el semblante. Se estimula desde adentro una sensación de que algo bueno espera allá adelante, más precisamente en San Petersburgo, donde Nigeria afinará su colmillo para intentar darle un tarascón a una selección de prestigio histórico.

¿Certeza? ¿Instinto? "Creer. Voy a creer hasta el último día. Tenemos que aferrarnos a lo bueno que vivimos. Seguimos siendo los subcampeones del mundo, y eso en algún momento lo tenemos que demostrar", profundiza Mascherano. Por ese camino recorre el plantel la preparación del partido. Jugando a ser ese pez que no recuerda, para limpiar la mente de la ristra de vivencias negativas que se acumularon desde que Sergio Romero se lesionó, el 22 de mayo en Ezeiza, en la segunda semana de preparación. El costado emocional, tantas veces subestimado (o no tratado con herramientas adecuadas), cobra ahora una importancia indisimulable.
A esa faceta invisible apela el cuerpo técnico cuando le manda señales a Gonzalo Higuaín, por ejemplo. El 9 de la Juventus será titular por primera vez en esta Copa del Mundo; a él le hablan de "oportunidad", que es la manera positiva de enfocarlo en el presente, para que su cabeza no se pose en lo malo del pasado. "Muchas veces es mejor no pensar en nada", comparte Biglia, uno de los suplentes, una afirmación que tal vez valga para el delantero más que para cualquiera de los otros 22. No reparar en lo viejo y desacreditar el contexto actual es un ejercicio complejo para buena parte de la formación que Sampaoli empezó a trabajar este domingo. El repaso ofrece un mix con un par de nuevos (Franco Armani, que debutará, y Nicolás Tagliafico), uno de escasa experiencia con esta camiseta (Eduardo Salvio), tres que estuvieron en las últimas dos finales perdidas (Gabriel Mercado, Nicolás Otamendi y Éver Banega) y cinco de largo recorrido en la selección: Mascherano, Enzo Pérez, Ángel di María, Messi e Higuaín.

[SELECCIÓN MAYOR] El conjunto albiceleste volvió a entrenar en Bronnitsy con un objetivo claro: el partido del martes ante Nigeria. pic.twitter.com/ZZnOwmPXOh&— Selección Argentina (@Argentina) 24 de junio de 2018
Después de aquella reunión del viernes a la noche entre el plantel, el cuerpo técnico y Claudio "Chiqui" Tapia, las primeras evidencias futbolísticas se explicitaron ayer. Los futbolistas expresaron que se sentían más cómodos con una línea de cuatro en el fondo y Sampaoli recogió el guante: "Los mejores técnicos del mundo", ejemplificó Mascherano, quizás pensando en su experiencia con Pep Guardiola en Barcelona, "conversan con los jugadores, que al final son los que deciden en la cancha. El técnico quiere saber cuál es tu sentimiento. No se trata de consensuar, sino de decir lo que uno piensa. En este momento necesitamos certezas, no inseguridades".
El pequeño pero seguro avance en la mejora del clima interno se advirtió en el entrenamiento. Había gestos de distensión en los ejercicios de inicio, cuando los 20 jugadores a disposición (los tres arqueros trabajaban aparte) se separaron en grupos de cinco. Se reía Dybala por un error en un pase, se apuraba Di María a llegar primero a la meta –la consigna indicada por el profesor Desio–, jugaba Sampaoli a acertarle a una pelota pateando otra, después de haberle dado un beso al capitán cumpleañero... Ya había decidido el entrenador que será la vieja guardia la que le pondrá el cuerpo a la situación límite que le espera al equipo.
"Que las palabras sean hechos", cerró Mascherano, como si necesitara también él acortar el tiempo que tiene que pasar hasta las 9 de la noche del martes, cuando la selección que integró más veces que cualquier otro juegue un partido sin grises: la espera el abismo de una eliminación estruendosa o el pasaje hacia un miércoles soleado.


