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Por Oscar Baltián
Para LA NACION
BAHÍA BLANCA.- Independiente gozó y sufrió. Fue la síntesis de cómo se vive la lucha por la permanencia. Se lo demandó el partido con Olimpo, un duelo directo. Gesto heroico, emotivo, habrá en la definición de Patito Rodríguez: cabeza vendada (ver Pág. 15), acaso algo aturdido, entre piernas que quisieron cortar su carrera. Un rival atrás; dos, tres... hasta el arquero Tombolini. El toque a la red fue un alivio tan grande que Mohamed alzó los brazos al cielo. Retumbó el grito. Casi pudo oírse en Avellaneda. Se liberó la angustia. Minutos después, el descuento de Olimpo le puso sazón al asunto. Así son las cosas del bajo promedio. Así respiró Independiente.
El Clausura se encaprichó: aquellos que comenzaron con cierto alivio cambiaron su gesto y, a la par, algunos de los más inquietos consiguieron cierto alivio; incluso, hasta se enderezaron cerca de los primeros lugares. El torneo entró en la etapa en la que cada uno de los resultados influye en los cálculos ajenos. Todos. En ese cambio de sillas quedaron Olimpo e Independiente, cuyos radares captaron las noticias de Norte a Sur. Lo que dependió de ellos...
Con All Boys casi fuera de la discusión por la permanencia, la influencia de los terceros se potenció con la estruendosa caída de River en el superclásico, con el empate de Tigre; ya eran sabidos el repunte de Gimnasia y la desdicha de Huracán. La estrategia se armó alrededor de varios satélites; el plano que se despegó sobre la mesa no descuidó ninguno. De a ratos, los dos se sintieron liberados. En otros momentos, condicionados.
Las especulaciones tuvieron un quiebre: la conquista de Parra, al minuto del segundo tiempo. El gol sentó más posiciones. Profundizó la búsqueda de Olimpo e hizo más aguerrido el esquema de Independiente. Pese a los pronósticos, los Rojos se habían sentido bastante cómodos hasta entonces en Bahía Blanca. La única vez que soportaron el peligro fue con un tiro desde lejos de Galván, que Navarro sacó con lo justo al córner.
De Independiente habrá que resaltar el tramado en el medio campo, que no les dejó más a espacios a Galván y al habilidoso Rolle. La segunda secuencia del despliegue fue haber aislado a Maggiolo y a Bareiro. La escasa conexión de los bahienses afirmó al equipo de Avellaneda. Se animó poco a poco. Creció la intensidad y eso le dio una dosis extra de confianza. Así llegó el tiro libre de Maxi Velázquez desde la izquierda. Así apareció la punta del botín de Parra. Así celebró Mohamed. Así se abrazó Independiente. Creció el nerviosismo.
Olimpo no tuvo la reacción de otros partidos y su ánimo se crispó. Se notó el empuje en un par de centros cruzados. Ni siquiera se valió del reflejo del último aliento, ese manotazo con el que se llevó varios puntos en los instantes finales de algunos encuentros (1-1 con Lanús y 2-1 con Huracán, por ejemplo).
Patito Rodríguez hizo de las suyas a pura gambeta. El 2-0 se sobresaltó con una falla de Navarro: calculó mal en un centro y Furch se anticipó. Fue en el tiempo adicionado, pero siguieron segundos de incertidumbre. Dieron todo. Puro esfuerzo. Sólo uno celebró.
Se habían jurado prepararse para una final. Habrá sonado exagerado para muchos. Pero sólo ellos saben lo que puede el instinto de supervivencia cuando el tiempo empieza a agotarse y la sensación de peligroso constante se vuelve una inquietante costumbre. Le tocó a Independiente, que no se fió pese al alivio. Olimpo no se resignó. Al contrario. Saben que, cambiante, el Clausura aún se mece.
4 son los partidos en que Independiente no conseguía una victoria: ante Racing (0-2), All Boys (2-2), Boca y San Lorenzo (ambos 1-1); el último éxito de los Rojos en el Clausura había sido sobre Godoy Cruz por 3-0, por la 9ª fecha.


