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Tantas veces despreciados, tantas veces maltratados, los arqueros disfrutan en el mundo de una renovada luna de miel. Desafiados hasta el ridículo por el uso de las manos en el universo de los pies, lanzados al absurdo por pertenecer al mundo de los diferentes, los porteros, los guardavallas, están alertas por un episodio que puede ser extraordinario: podrá ganar mañana el singular Balón de Oro uno de ellos.
La tradicional cita de la FIFA tiene a tres elegidos de lujo: Leo Messi,Cristiano Ronaldo (los mejores del mundo más allá de los matices, de los títulos o de los récords recientes) y Manuel Neuer, el arquero de Alemania y de Bayern Munich. Campeón del mundo de selección y múltiple ganador de club.
Lanzados al absurdo por pertenecer al mundo de los diferentes, los porteros, los guardavallas, están alertas por un episodio que puede ser extraordinario
El desafío que representa el germano es mayúsculo: con sus manos (y sus pies, porque con el balón por el piso también es un artista, un adelantado) puede ser el segundo arquero en lograr el trofeo en la historia, un lauro que apenas consiguió el maravilloso ruso Lev Yashin, en 1963. La Araña Negra, un genio del arco, abrió el juego que los tecnócratas de las décadas posteriores borraron de un plumazo. ¿Por qué un arquero no puede ser el mejor "futbolista" del planeta?
No hay que viajar tan lejos en el tiempo para descubrir arqueros extraordinarios, despreciados por el fanatismo de los especialistas, los puritanos del balón. Aquí mismo, a la vuelta de la esquina, los hombres de guantes recuerdan de qué están hechos: Torrico en el San Lorenzo campeón de la Copa Libertadores, Barovero, en el River ganador de la Copa Sudamericana y Saja en el triunfal cierre doméstico de Racing escriben las mismas páginas que los delanteros y los enganches. Neuer los representa: puede ser un triunfo contra el olvido.



