Pedro Troglio: “Me gusta jugar con wines porque ahí está el desequilibrio”

El entrenador de Tigre marca una diferencia entre las épocas y, además, sueña con que la entidad de Victoria repita el modelo de Lanús
Rodolfo Chisleanschi
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25 de enero de 2017  

Pedro Troglio: "No hay nada más saludable que levantarte para ir a entrenar"
Pedro Troglio: "No hay nada más saludable que levantarte para ir a entrenar"

Positivismo: “No tengo dudas de que el fútbol argentino es el más lindo del mundo”. Alegría: “No hay nada más saludable que levantarte para ir a entrenar”. Y también mucho esfuerzo para llevar adelante proyectos con presupuestos mucho más modestos que las ambiciones: “Si se trabaja bien, con tiempo y criterio, Tigre es un club que podría repetir el modelo de Lanús”. Con la piel ya curtida de tanto caminar por los corralitos destinados a los técnicos, Pedro Troglio mantiene intactos la energía y el buen humor, las convicciones y la fe. Por encima de los obstáculos, más allá de lo que la realidad entrega cada día… “El fútbol es el único deporte que se juega bajo presión, y es tan grande que te ponen: “Ganar o morir”, “Si pierden los matamos a todos”… Entonces no es como ir a ver una obra de Shakespeare. En la cancha estás viendo a tipos que fueron amenazados durante la semana, se juega con un temor tan grande que nadie quiere perder y es lógico que salgan partidos malos. ¿Vos sabés lo que es la previa de un clásico?”.

–¿Y vale la pena someterse a esa presión, a esas amenazas?

–Esto tiene su riesgo, pero también es redituable y te da alegrías, muchas más que los malos momentos. La presión aparece el fin de semana cuando vas a jugar, pero fuera de eso trabajás en armonía, y solo 3-4 horas por día.

–¿Incluso aunque sumes la desorganización, las críticas del periodismo, la falta de pautas?

–Incluso. La desorganización es evidente, en ese aspecto vamos retrasados. Y las críticas son desmedidas. Mirá lo que pasa con la selección. “Matan” al técnico y a los jugadores cuando atraviesan un mal momento, como puede pasarle a cualquier equipo del mundo. El tema es que personalmente esto es lo que sé hacer. Me encantaría poner un hotel para mantener a mis hijos, pero cada vez que quise hacer un negocio me salió mal.

–¿Adónde va el fútbol?

–No lo sé. Esperaba que para fin de año ya hubiera un nuevo presidente en la AFA y que los torneos estuvieran ya organizados, pero seguimos igual.

–¿Con clubes como hasta ahora o sociedades anónimas?

–¡Uf! ¡Qué difícil! Estuve en Italia, en un fútbol donde los clubes eran sociedades anónimas, los dirigentes que los manejaban respondían con su patrimonio y la organización era muy buena. Pero eso lo podés armar si un club solo se dedica al fútbol.

–¿Por qué decís que el argentino es el fútbol más lindo?

–Porque la paridad lo hace competitivo. Vos ves al Barcelona y nos quedamos encandilados, les mete ocho goles a todos, pero llega un punto en que cansa.

–¿Es una paridad hacia abajo?

–Convengamos que los jugadores que sobresalen por calidad y jerarquía individual se van enseguida, y que los equipos grandes de la Argentina no están a la altura de los europeos. Pero hay otro fútbol detrás. Un partido entre equipos italianos que están luchando el descenso es igual a cualquiera de los nuestros.

–¿El pibe que llega hoy a Primera se parece al de hace 30 años?

–Era otra época. No había tanto furor por irse afuera y vos crecías al lado de gente experimentada y de primer nivel. Hoy encontrás equipos donde el capitán tiene 20 años. Cambió la sociedad. Los chicos están en otra vida, muy diferente a la que teníamos nosotros.

–¿Pero tienen conocimientos tácticos?

–Creo que el jugador de fútbol no entiende de táctica. Como hace el desgaste no tiene esa capacidad de asimilar los conceptos. Hay que inculcárselos.

–¿Les gusta el fútbol a los más jóvenes?

–Sería terrible si dijeran que no. Creo que les gusta jugarlo pero no sé si les gusta verlo porque tienen otras cosas. En mi época cuando daban un partido por la tele estábamos todos prendidos. Hoy yo sigo mirando cualquier partido que pasan, pero no sé si los chicos lo hacen.

–Los éxitos del Barcelona motivaron una vuelta del 4-3-3 como esquema de juego, ¿se puede practicar con el jugador argentino medio?

–Y, depende... Este sistema abre la cancha y genera el uno contra uno en lugares donde es muy difícil agregar gente de manera escalonada para defender. A mí siempre me gusta jugar con wines porque creo que el desequilibrio está ahí, por los costados. Para mí es el ideal, pero necesitás el material.

–¿También te gustan los partidos con pocos goles, no?

–Me gusta que me hagan pocos goles. Me siento a ver Boca-River y quiero que terminen 7 a 6 porque me divierte. Pero después analizo con mis jugadores y les voy marcando los fallos en cada gol, porque es la manera de que lo vean y aprendan. Nadie quiere verse expuesto en un video por abandonar una marca que a su equipo le haya costado un gol o una situación clara en contra. Necesitás marcarlo para que se acuerden y hagan ese pique corto para tapar al delantero rival.

–¿Te apoyás mucho en la tecnología?

–Uso algunas cosas, no podés quedarte atrás ni negar que hay elementos muy útiles para estudiar a los rivales o aprender de tus propios errores. Pero no me vuelvo loco. Si el club me ofrece un dron para mirar los entrenamientos desde el aire, encantado, aunque la verdad, es difícil que me muestre algo que no haya visto ya desde la cancha.

–¿Hay una grieta entre los técnicos: los que se apoyan en la experiencia y los que apuestan por la “modernidad”?

–Me parece que hay técnicos más jóvenes, o que no tuvieron un gran pasado como futbolistas, que necesitan alguna manera diferente de cautivar al ambiente. En este mundo se acepta que si jugaste un Mundial o en algún equipo grande ya sabés de fútbol y no necesitás ninguna credencial más. Entonces, los que no lo hicieron precisan otras armas para ganarse la confianza. Tenés el caso de Holan por ejemplo. Es muy buen técnico y ojalá le vaya bárbaro en Independiente, pero en cuanto pierde un par de partidos le recuerdan que viene del hockey, entonces necesita mostrar que tiene otros argumentos.

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