La pesadilla de Fabio Quagliarella, el goleador que sorprende en la Serie A

Fuente: AP
Matías Baldo
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27 de enero de 2019  • 14:28

Cuando Fabio Quagliarella firmó en 2009 un contrato de cinco años y 18 millones de dólares con Napoli, el delantero parecía haber tocado el cielo con las manos. Después de haber jugado en Torino, Fiorentina, Chieti, Ascoli, Sampdoria y Udinese, el italiano regresaba a su ciudad natal con la ilusión de convertirse en el ídolo del club que ama, un sueño que había construido durante su niñez en las calles de Castelammare di Stabia, una ciudad costera en la bahía de Nápoles.

Pero el paraíso se transformó en un calvario asfixiante para Quagliarella, quien un año después de su contratación decidió marcharse a la Juventus, rival eterno del Napoli. Convertido en Judas, el nuevo emblema napolitano se transformó en uno de los hombres más odiados por los tifosi del equipo que aún busca al sucesor de Diego Armando Maradona.

En 2010 se fue a préstamo con opción de compra, cláusula que finalmente ejerció para quedarse definitivamente con el pase de un delantero que durante sus cuatro años en la Juve marcó 23 goles en 84 partidos y ganó tres títulos de la Serie A, además de dos Supercopa de Italia.

Los hinchas, convencidos de que Quagliarella se había marchado por la tentación de pertenecer a la Vecchia Signora multicampeona de Italia y protagonista en Europa, lo condenaron al destierro por su traición. Parecía una historia más entre hinchadas que se decepcionan con los jugadores que días atrás ovacionaban. Sin embargo, la marcha del delantero ocultaba una historia de traiciones, extorsiones y amenazas.

"Me llamaban infame, tenía que esconderme cada vez que volvía a ver a mi familia para evitar discusiones y peleas. Mi gente es maravillosa, pero no sabía lo que pasó de verdad. Decía a mí mismo 'un día todo saldrá a la luz'. Y el día llegó", reflexionó Quagliarella, años después con la verdad revelada.

Raffaele Piccolo, un agente de la Polizia Postale italiana -la agencia que se ocupa de los delitos cibernéticos-, era uno de los amigos más cercanos de Quagliarella. Se habían conocido por intermedio de un amigo en común, quien los presentó cuando el delantero sufrió inconvenientes con las contraseñas de sus redes sociales. Piccolo se metió de lleno en la vida de Fabio pero, desde las sombras, se convertía en su peor enemigo.

Quagliarella empezó a recibir cartas anónimas con fotos de mujeres desnudas, acusándolo de pedófilo, de trabajar en forma conjunta con la Camorra, de consumir y traficar drogas y de amañar partidos. Incluso Vittorio, su padre, empezó a recibir mensajes aterradores en los que le advertían que Fabio sufriría un atentado inminente. Un día, incluso, recibió un ataúd con una foto suya dentro. Las cartas también llegaban a las oficinas de Aurelio de Laurentiis, el presidente de Napoli.

"De Laurentiis me vendió porque recibió cartas anónimas y mensajes de teléfono. Fui forzado a abandonar mi pueblo natal y me vendieron a la Juventus. Fui acusado de ser un camorrista y un pedófilo que hacía orgías. Tuve que abandonar mi casa y mudarse de forma prematura a un hotel", detalló meses después.

Quagliarella contactó a Piccolo para que lo ayudara a encontrar una solución sin saber que el propio Piccolo era su stalker, el hombre que enviaba todas las amenazas que atormentaban al delantero italiano. Las denuncias que hacían por intermedio de Piccolo no surtían su efecto: las intimidaciones seguían llegando, una tras otra. Con el paso del tiempo, Vittorio empezó a sospechar y averiguaron la situación judicial de sus denuncias. La sorpresa fue mayúscula: ninguna había sido radicada en la justicia.

"Nos decía que no tocáramos las cartas, que él iba a buscar las huellas dactilares, que se encargaba de la investigación. Siempre afirmaba que estábamos cerca de encontrar al culpable y nos pedía que no contáramos lo que estaba pasando a nadie. Yo, obedecí. Sólo mis padres sabían. Ni siquiera sabían mis hermanos", precisó.

En febrero de 2017, el Tribunal de Torre Anunziata condenó a Raffaele Piccolo a cuatro años y ocho meses de prisión por acoso a múltiples personas, entre ellos a Quagliarella. Napoli recibió al Crotone en un partido correspondiente a la Serie A y sus hinchas sorprendieron con una bandera que selló la reconciliación entre Quagliarella y los tifosi: "En el infierno que has vivido, enorme dignidad. Nos volveremos a abrazar, Fabio, hijo de una ciudad".

"Sin todo esto, estaría todavía en el Napoli. Soñaba con ser capitán, con crecer al lado del equipo. Sólo marqué 11 goles, pero para mí fueron como 100. Me dolía demasiado, no sabía cómo contar lo que me pasaba. Pensaba en que no me iban a creer. Mi carrera hubiera podido ser mucho más grande", se lamentó Quagliarella.

El sábado, Quagliarella marcó por duplicado en la goleada de la Sampdoria por 4-0 frente a Udinese, goles que le permiten a la Samp mantenerse dentro de los puestos de clasificación la Europa League. Fabio, quien cumplirá 36 años el próximo 31 de enero, es el máximo goleador de la Serie A con 16 tantos, por encima de grandes nombres como Cristiano Ronaldo, Krzysztof Piatek, Mauro Icardi, entre otros. Además, igualó el récord de 11 partidos consecutivos con goles de Gabriel Batistuta, quien alcanzó aquella marca en 1994 con la camiseta de la Fiorentina. Con la cuenta pendiente de haber brillado en su propia casa y tras haber enterrado sus pesadillas, Quagliarella sigue siendo uno de los goleadores más importantes de Italia.

Sampdoria 4 - Udinese 0, con dos goles de Quagliarella - Fuente: YouTube

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