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BARCELONA.– Según Jorge Luis Borges un escritor no podía ser un revolucionario. "Por lo pronto, está trabajando con el idioma, que es una tradición", subrayaba. El deporte también se aferra al pasado, como una especie de ilusión hacia la permanencia. Sino que se lo pregunten a los socios de All England Lawn Tennis and Croquet Club, que cada año se visten de gala para recibir al tercer Grand Slam de temporada. También el fútbol tiene sus tradiciones, algunas bastante bobas, como aquellas que se amparan en el folclore; otras, en cambio, muy dignas. Como en España, cuando el equipo rival homenajea al campeón (si es que se consagró antes de que termine el torneo) y lo recibe entre aplausos. "El pasillo", se llama. O se llamaba, porque Real Madrid se negó a hacérselo a Barcelona de Lionel Messi.
La rebeldía del Madrid no sorprendió a nadie. Ya lo había advertido Zinedine Zidane. "El Barça no nos hizo pasillo por el Mundialito; así que nosotros tampoco", aseguraba el DT blanco. Según el francés como Barcelona no lo había aplaudido el pasado diciembre cuando ellos se habían consagrado campeones del mundo, ahora ellos tampoco le iban a rendir ningún tipo de homenaje. Algo así como un ojo por ojo, diente por diente. Una chiquilinada que rompió una tradición de casi 50 años. El tema de si pasillo sí o pasillo no, sin embargo, sirvió para alimentar la previa de un clásico que pintaba de capa caída. Parecía que nada había nada en juego, con Barcelona ya con el doblete (Copa y Liga) en el bolsillo y Real Madrid con la cabeza en Kiev, donde Liverpool lo espera en su tercera final de Champions consecutiva.
Como no nos han querido hacer el pasillo, le pido a nuestro staff que nos lo haga y con eso ya nos vamos. Es el pasillo de los que cuidan del Barça
Pero un clásico es un clásico. Y esa sí que es un tradición que no se rompe. "De descafeinado el clásico no ha tenido nada. Más bien, tuvo mucha cafeína. Ha sido un partido muy disputado desde el primer minuto, pero es que ya se sabe que en estos encuentros todos queremos ganar…", subrayó Ernesto Valverde. A veces con la pelota bajo control, otros con el campo roto, siempre intenso, al duelo entre los dos grandes de España no le faltó nada. Goles, muchas amarillas, un expulsado y polémica. Bastante polémica. "Los clásicos se juegan así porque se quieren ganar. Fue un lindo partido", opinó Luis Suárez, siempre presente en todos altercados. "Somos dos equipos muy competitivos, hemos hecho un grandísimo partido con 10…", sumó Busquets. Nadie especuló, como si el Mundial no existiera a la vuelta de la esquina. Un fútbol de alto vuelo, simbolizado en Messi, omnipresente en el juego, también (sorpresivamente) en los altercados.
"Messi, Messi, Messi", cantó el Camp Nou. La ovación al Nº10 no fue tras su gol, el número 26 que le metió a Madrid (es el máximo goleador de los clásicos), sino tras una plancha a Sergio Ramos que le había costado la tarjeta amarilla. Al capitán de la celeste y blanca no le gustaba nada la actuación del árbitro, mucho menos después de la expulsión de Sergi Roberto. "¡Te cagás, te cagás, siempre están igual. Ganamos la Liga y ahora quieren regalarle el partido. Esto es una puta mierda!", le dijo Messi al árbitro, en el túnel camino al vestuario antes de jugar el segundo tiempo, según informó la Cadena Ser. "Sí, es verdad", comentó Sergio Ramos. "Messi le ha metido un poco de presión al árbitro. No sé si habrá cámaras o no, pero la imagen está ahí. No sé si eso habrá hecho que en la segunda parte ciertas jugadas las haya pitado de alguna que otra manera, pero sí que es cierto que en el descanso hubo lío", completó el capitán de Real Madrid.
El acta del árbitro, en cualquier caso, no refleja ningún problema con Messi. Y, en Barcelona, nadie comentó nada al respecto. "Es mentira, siempre están poniendo excusas. Ahora dicen que Leo presionó al árbitro", le dicen a LA NACION desde el grupo azulgrana.
Messi metió presión al árbitro en el túnel. No sé si habrá hecho que en la segunda parte pitara de otra manera
De lo que sí no quedaron dudas en el Camp Nou fueron de las ganas que tenían los muchachos de Valverde de ganar el clásico. Barcelona se exprimió. Y tuvo premio. Dieron la vuelta olímpica ante su gente, o lo que quedaba de hinchada, y hasta se inventaron un pasillo. "Somos los campeones de la Liga y, como nadie nos ha hecho el pasillo, le pido a la gente del staff del equipo que nos lo haga. Este es el pasillo de los hombres que cuidan del Barça", soltó Gerard Piqué, que le había sacado el micrófono al speaker. "Ha sido una situación improvisada. Este Gerard es una caja de sorpresas. Me dijeron que había que hacer un pasillo. Pues se hace. Y está bien, se lo merecen. Ha sido una anécdota, sin más", contó Valverde.
Barça conservó su invicto de 42 partidos en la Liga, salvó el clásico con un hombre menos y tuvo su pasillo. No era cuestión de romper con las tradiciones.

