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“El fútbol me ha dado confianza y me ha convertido en una persona fuerte a la que le gustan los desafíos. Nunca renuncié a este sueño de la infancia, que terminé haciendo realidad”. Lo dice Faiza Haider, originaria del Alto Egipto, una de las regiones más conservadoras del país que hace de límite entre África y Asia. La musulmana derribó barreras culturales y familiares para ponerse la camiseta, transformarse en una celebridad de ese deporte en su tierra y ser la primera mujer en convertirse en entrenadora de un equipo masculino egipcio.
Faiza tiene 37 años y todavía anhela estar en una Copa del Mundo con la selección. Conserva la pasión que la llevó a patear la pelota por las calles de El Cairo desde los 5, muchas veces sin calzado, mientras era observada con desprecio. A ese talento que le permitía lucirse durante su etapa de inocencia lo potenció eludiendo tradiciones y mandatos. “Mi abuelo era una personalidad conocida y eso complicaba mucho mi situación como jugadora de fútbol. Tras el fallecimiento de mi padre, cuando yo apenas tenía 8 años, a mi madre no la agradaba para nada verme jugar con los chicos”, reveló tiempo atrás en una entrevista con la página de FIFA.

Cuando las mujeres apenas tenían posibilidades de seguir la ruta de sus sueños en Egipto, Haider se aferró a la aventura. “Le decía que no fuera a jugar, pero ella se negaba. Me decía que iría igual. Amaba el deporte. Al final, la dejé y recé a Dios para que la ayudara. Fue y le ha ido fenomenal”, recuerda Khodra Abdelrahman, la madre de Faiza, que tenía 14 años cuando fue convocada para la selección. Llevaba una temporada en la liga femenina. En rigor, su impulso y su ambición fueron una parte fundamental para la creación de ese torneo, en 1997. Su carrera profesional nació en simultáneo con el torneo local. Enseguida ella pasó a formar parte del seleccionado, se puso la cinta de capitana y construyó un legado.
“Mi seriedad me ha permitido lucir el brazalete durante más de diez años. Todavía hoy sigo siendo un componente activo de esa plantilla, y sueño con participar en un Mundial por mi país”, sostiene, emocionada, siempre sonriente y sin dejar de lado la obligación de llevar el velo característico. Su popularidad le abrió una puerta que parecía imposible destrabar: en plena pandemia, en octubre asumió como DT del equipo de varones Ideal Goldi de Giza, de la cuarta categoría. “Comencé en ese rol en 2009 en el East Helwan Youth Center. Desde el principio fui ridiculizada y criticada. La gente se burlaba de los jugadores porque los entrenaba una mujer, y les decían que no iban a obtener buenos resultados. La pasé mal antes de tomar las riendas de Goldi. Fueron los buenos resultados lo que me dio credibilidad”, expone.

Redobló esfuerzos, enriqueció su experiencia en cursos de formación organizados por FIFA, la Confederación Africana de Fútbol y las asociaciones inglesa y española. Es la primera entrenadora egipcia certificada por la federación inglesa de fútbol. Se puso al frente de una campaña, “Mil chicas, mil sueños”, que generó que 200.000 mujeres se animaran a probarse con la pelota. “Hay una gran voluntad de desarrollar el fútbol femenino en Egipto y tenemos muchos talentos, pero los esfuerzos todavía no son suficientes”, sostiene, ambiciosa.
Líder de un grupo de 28 futbolistas y un cuerpo técnico que involucra a otros cuatro hombres, Faiza cree tanto en la evolución de sus dirigidos como en el desarrollo del fútbol femenino allí. “La primera barrera que hay que superar cuando una llega a este puesto es cierta burla. Luego se dan cuenta de que aprenderán algo, de que desarrollarán sus habilidades, y una se gana el respeto”, afirmaba hace un tiempo ante la agencia de noticias Reuters.

“Ahora los hombres están dándose cuenta de que pueden aprender algo de las mujeres”, sostiene, sin levantar la voz ni vanagloriarse de que ningún otro DT egipcio logró el certificado de la Premier League. En 2017, tras una serie de investigaciones, la ONU llegó a manifestar que prácticamente todas las mujeres que vivían en Egipto habían sufrido algún acoso sexual. Haider nunca habló de ese tema públicamente, pero se sabe que las activistas suelen ser encarceladas o incluso maltratadas al ser llevadas a prisión. Que en ese contexto haya llegado a disfrutar del fútbol como jugadora y a entrenar a hombres de un equipo adulto la sitúa mucho más lejos que lo que proyectó gritando goles en las improvisadas canchas entre angostas calles de tierra de la capital de Egipto.


