River-Boca. Los once duelos coperos del siglo: de la muleta de Palermo a la corrida del Pity Martínez

Palermo define el superclásico de 2000, con "la muleta"
Palermo define el superclásico de 2000, con "la muleta" Fuente: Archivo
Pablo Lisotto
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25 de septiembre de 2019  • 23:59

Como si la historia reciente estuviera encaprichada en que sus destinos se cruzaran una y otra vez en llaves decisivas, Boca y River volverán a verse los rostros el martes próximo, en el encuentro de ida por las semifinales de la Copa Libertadores . A casi 10 meses de la final eterna en Madrid, dos nuevos superclásicos determinarán quién jugará la final en Santiago de Chile.

El duelo ya ingresó en la cuenta regresiva. El próximo martes será la ida, en el Monumental, y tres semanas después, la revancha en la Bombonera. Con un dato no menor: cinco días después de que culmine esa llave, en la Argentina se elegirá presidente.

Es evidente el poderío de ambos en el continente. Será la tercera presencia boquense en semifinales en cuatro años (afuera en semifinales 2016, en 2017 no la disputó y fue subcampeón el año pasado) y la cuarta en un lustro para River (campeón en 2015 y 2018, eliminado en octavos en 2016 y en semis en 2017).

Lo que sí es tangible es lo que pasó hasta aquí cada vez que estuvieron frente a frente. Porque en lo que va del siglo esta será la sexta oportunidad que chocan en un mano a mano decisivo, por diferentes torneos.

Todo comenzó en los cuartos de final de la Libertadores 2000. Luego del 2-1 para River en el Monumental, quedará en la memoria aquel duelo dialéctico entre Carlos Bianchi, que en los días previos dejó entrever que si Martín Palermo estaba en condiciones (se había roto los ligamentos cruzados de su rodilla izquierda en noviembre de 1999), podría ir al banco, y Américo Gallego, que contestó con un irónico: "Si lo pone a Palermo, yo lo meto al Enzo (por Francescoli, ya retirado)". El desenlace es conocido: tenso 0 a 0 en el primer tiempo y noche soñada para los xeneizes en el segundo tiempo: 3 a 0, con goles de Marcelo Delgado, luego de un pase cruzado desde 35 metros de Juan Román Riquelme, que después anotaría el segundo, de penal. Y el tercero de Palermo, bautizado para siempre como "el muletazo". Como broche de oro, el Nº 10 inmortalizó un sector de la Bombonera como "la zona del caño a Yepes". En junio la fiesta fue completa: Boca fue otra vez campeón de América después de 22 años. De la mano del histórico ciclo del Virrey, el xeneize pegaba primero.

Cuatro años después, River tuvo revancha, pero la desaprovechó. Por las semifinales de la Copa de 2004 tenía la supuesta ventaja de definir la llave en el Monumental. Sin hinchas visitantes, todo estalló en la ida, en la que Boca ganó 1 a 0 (gol de Rolando Schiavi) y Marcelo Gallardo se fue expulsado por agredir, en medio de un tumulto, a Roberto Abbondanzieri desde atrás y arañarle la cara. Una semana más tarde, Lucho González abrió la cuenta con un golazo desde fuera del área. Pero cerca del final, Guillermo Barros Schelotto hizo expulsar en una misma jugada a Rubens Sambueza y a Hernán Díaz, ayudante de campo del técnico Leonardo Astrada, ("Ese señor, que no sé quién es, me está insultando", le gritó el Mellizo al árbitro Héctor Baldassi, señalando a Díaz). Tras el barullo ingresó Franco Cángele, que desbordó para que Carlos Tevez anotara un gol inolvidabel. Uno a uno. Gallinita y expulsión para el Apache. Cristian Nasuti, sobre la hora, marcó el agónico 2-1 para River. Hubo definición por penales y pasó Boca. A diferencia de 2000, el xeneize no pudo ser campeón: perdió por penales con el humilde Once Caldas colombiano.

River esperó diez años la revancha. Y, entonces, la disfrutó. Ya con Marcelo Gallardo como entrenador, recién pudo comenzar a torcer la historia en las semifinales de la Sudamericana 2014. Tras el 0 a 0 en la Bombonera, con dientes apretados y pierna fuerte, River lo liquidó de local con un gol de Leonardo Pisculichi. Al minuto de juego, Marcelo Barovero le desvió un penal a Emmanuel Gigliotti, y eso eyectó al goleador a China. Unas semanas después, el millonario se consagraba campeón.

Al año siguiente, los octavos de final de la Libertadores cruzaron al mejor y al peor de la etapa de grupos: Boca y River. Luego del 1 a 0 en Núñez (Carlos Sánchez, de penal), el escándalo del gas pimienta impidió que se jugara el segundo tiempo de un partido que iba 0 a 0. Descalificación para el xeneize y boleto a cuartos de final para River. La Conmebol no modificó el resultado, que para el historial quedó en un triste empate sin goles. Meses más tarde, Gallardo alzaba su primera Libertadores como entrenador de River.

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Lo que ocurrió en 2018 es mucho más reciente. Poco después de que River le ganara 2 a 0 a Boca por la Supercopa Argentina en Mendoza (primera final entre ambos en 41 años) se realizó el sorteo de la llave final de la Libertadores. Allí quedó claro que los eternos rivales sólo podrían enfrentarse en una hipotética final.

Cada uno a su modo sorteó las etapas previas y fabricaron una definición única. Histórica. Pero luego de un electrizante 2 a 2 en la Bombonera, la barbarie la convirtió en el papelón de todos los tiempos. El ataque que sufrió el ómnibus de Boca cuando trasladaba el plantel al Monumental derivó en una suspensión que terminó con la superfinal de América en Madrid.

Mientras los festejos de los hinchas de River perduran, y perdurarán, con recuerdos, homenajes a los héroes y memes de todo tipo, el camino de uno y otro vuelve a cruzarse, esta vez por las semifinales de la Libertadores. Sabor a desquite rápido para Boca, con nuevo entrenador, y sensación de disfrute y gozo para River, para volver a revivir lo que ocurrió en suelo español, hace casi diez meses.

Boca y River. River y Boca. Otra vez frente a frente. Y en juego nada menos que el boleto a la final de América. Nada será como aquella definición, pero siempre habrá que hablar cuando los dos máximos exponentes están frente a frente en una serie decisiva.

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