River campeón: un arco iris iluminó el Monumental, otra imagen de la felicidad

Los festejos en el Monumental
Los festejos en el Monumental Fuente: LA NACION - Crédito: @juanbalbi9
Juan Patricio Balbi Vignolo
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9 de diciembre de 2018  • 22:22

Núñez es una fiesta. Eterna. Única. Cinematográfica. Con la lluvia otra vez como protagonista. Agua bendita, tal vez. De esas que alivianan, que desahogan, que se disfrutan. Y que siguen acompañado a River en la Copa Libertadores : llovió en 1986, 2015 y ahora en 2018. Porque el cielo se pone gris pero minutos después de la coronación el Monumental se alumbra con un arcoiris que le agrega magia al momento: la tarde del 9 de diciembre será recordada para siempre como la victoria más importante de la institución.

Un arco iris iluminó el Monumental - Fuente: Twitter @arixxx

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Solo sonrisas gigantescas, abrazos sanadores y gritos alocados transitan los pasillos del anillo del Monumental, el Hall de la Tribuna San Martín, cada rincón de una confitería desbordada (más de 1500 personas) y el playón del club. En el aire revolotea constantemente la sensación de reivindicación. "La historia nos debía esta revancha", le dice un hincha a otro mientras observan, entre cantito y cantito, la entrega de premios en una de las dos pantallas gigantes.

Una vez más, nada fue fácil. Y la tarde se volvió una montaña rusa de emociones. Vaivenes constantes. De la confianza a la desilusión. De la incógnita al fervor. Y de la ansiedad a la locura. Comenzó todo muy temprano: el Monumental se llenó de socios -no podían concurrir invitados- que se acercaron a comer un asado, pasar el mediodía con familia y amigos y esperar el partido. La previa fue calma, tranquila, quizás por la decisión de la Conmebol de mudar la final a Madrid por los incidentes del sábado 24 de noviembre. Había una sensación de vacío y desazón, que se fundían en un reiterado comentario: "Esto se tendría que estar jugando acá".

El primer tiempo fue todo tensión. No había uñas que resistieran la situación. El mal rendimiento y la imprecisión del equipo fueron dos grandes focos de conversaciones y gritos. Y la expectativa del arranque menguó rápidamente por la poca intensidad de un partido en el que Boca comenzó mejor y puso las condiciones. Hasta que llegó el gol de Darío Benedetto , un baldazo de agua helada, luego de pasar dos sustos importantes con las situaciones anteriores de Pablo Pérez.

"¡Vamos, River Plate, ponga huevo!", fue el pedido instantáneo luego del 1-0 en contra, acompañado por insultos contra el delantero de Boca, luego de que las cámaras de televisión mostraran la burla a Gonzalo Montiel cuando festejó el gol. Llegó el entretiempo, un momento de reflexión y charlas futboleras entre desconocidos: "Qué mal estamos jugando", "hay que poner un segundo delantero", "no podemos regalar más la pelota en la salida". Todas conjeturas y análisis que se desvanecieron desde el arranque del segundo tiempo.

La reacción del equipo llegó a la gente, que tomó envión, vio que el partido se podía remontar y se descontroló con el gol de Lucas Pratto : voló agua, cerveza, fernet, buzos, camisetas, hasta sillas. "¡Esta tarde cueste lo que cueste, está tarde tenemos que ganar!" comenzó a entonar la gente –muchos gritaron noche, más pensando en Madrid que en Buenos Aires– luego de un festejo alocado que alvianó muchos corazones. A partir de ahí, y aunque nadie lo decía, la sensación era una sola: River iba a ganar la Copa Libertadores.

El gol de la consagración se hizo esperar. Pero llegó. Y adentro de la confitería se vivieron unos 10 segundos de total incertidumbre: desde el playón llegó un grito de gol -muchos estaban escuchando la radio afuera-, que se empezó a replicar aunque en las pantallas de los televisores todavía nadie había rematado al arco. Y el zapatazo del colombiano Juan Fernando Quintero fue la pincelada perfecta para que el Monumental vuelva a desbordarse de alegría.

Los minutos finales no los pudo disfrutar nadie. "¡Hay que estar tranquilos ahora, muchachos, por favor!", entona un fanático intentando que su pedido llegue al Bernabéu. Cada pelota que cayó al área de Franco Armani fue un pequeño infarto en cada corazón presente. Pero todos resistieron hasta desgarrar sus gargantas luego del 3-1 de Pity Martínez que decretó el título ante el máximo rival y el inicio de una fiesta que parece no tener final.

"¡Dale campeón, dale campeón!", fue la primera reacción del público, seguida por el "River, River yo te quiero, yo te llevo adentro de mi corazón, gracias por esa alegría, de salir primero, de salir campeón", más el clásico cantito para Boca ante cada título logrado: "Si querés dar la vuelta no te quedes con ganas, hay una calesita en el Parque Lezama".

Mientras todos los presentes deliraban en medio de su euforia, la transmisión mostró al técnico Marcelo Gallardo, que se llevó la gran ovación del día, y luego a los jugadores de Boca al recibir las medallas del subcampeón. No hubo ni insultos ni silbidos, hasta que aparecieron dos jugadores que desataron la bronca: Carlos Tevez y Benedetto. Y la rápida respuesta de la gente fue insultar a Mauricio Macri, Claudio "Chiqui" Tapia y la Conmebol.

"Che bostero, vigilante, andá a pedir los puntos, a la c... de tu madre", empezó a cantar la gente en la confitería y se replicó automáticamente en el playón. "Es para vos, Mauricio Macri la p... qué te parió", se siguió y luego se entonó uno de los hits que dejó la final: "Al cobarde de Tevez, lo mandaste a la tele, a pedir por favor que el partido no se juegue, están todos cagados, están muertos de miedo, saben que si se juega, los c... de nuevo".

Bengalas de humo, fuegos artificiales, bombas de estruendo, banderas, bombos, redoblantes y tirantes adornaron un festejo que se hizo esperar. Un domingo en el que Núñez no duerme. Y cuando lo haga, soñará con esta historia de final feliz.

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