River, en el Monumental: sólo clausuraron la tribuna Sívori alta

El Comité de Seguridad tomó esta medida tras el asesinato del hincha Gonzalo Saucedo en el choque ante Boca Unidos; frente a Almirante Brown, los Millonarios podrán jugar en su cancha, en una decisión polémica.
Alberto Cantore
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19 de junio de 2012  • 23:57

Cuando de violencia se trata, el fútbol argentino se caracteriza por tomar medidas parciales, para la ocasión, de ésas que permiten salir del paso y patear la pelota hacia adelante. En los últimos tiempos, River se convirtió en uno de los clubes modelo para los castigos en cuotas. El apuñalamiento del joven Gonzalo Saucedo -herida que horas más tarde le provocó la muerte en el hospital Pirovano-, en el partido entre River y Boca Unidos, el sábado 9 de junio pasado, la irrupción de integrantes de la barra brava, denominada los Borrachos del Tablón , en la platea San Martín alta, donde los violentos golpearon a simpatizantes comunes, que con sus cánticos pretendieron tapar los insultos de los hinchas caracterizados para con el equipo, generó que el Comité de Seguridad resolviera por unanimidad la clausura de la tribuna Sívori alta para el trascendental partido que los millonarios jugarán, el sábado, desde las 15, frente a Almirante Brown, por la 38» y última fecha del campeonato de la primera B Nacional. Un castigo que muestra el escaso compromiso para combatir a los indeseables que habitan las tribunas, se infiltran bajo los colores de una camiseta para llenar de miedos los estadios con sus bravuconadas y actos de vandalismo. Una medida irrisoria, una burla que no hace más que empequeñecer el valor de la vida. Como para justificar el castigo, el Ministerio de Seguridad reafirma que la medida es de carácter preventivo, sin perjuicio de las actuaciones sumariales y disciplinarias que pudieran corresponder por hechos recientes, que están siendo evaluadas.

Para darle mayor pomposidad al tibio castigo, el Comité de Seguridad dispuso que al encuentro que puede significar la vuelta del equipo que dirige Matías Almeyda a primera sólo ingresarán los socios, que obtendrán su entrada por el sistema de canje, evitando así la venta de tickets. La sanción, además, insta a las autoridades del club a realizar una actualización de las listas sobre aquellos simpatizantes sobre los que pesa el derecho de admisión; prohíbe el ingreso de las banderas gigantes -los llamados telones-; quienes porten banderas, las mismas no podrá exceder los 2x1 metros y no deberán llevar inscripciones; no se podrá concurrir con elementos de percusión, y también se reducirá en un 40 por ciento la emisión y entrega de las entradas de protocolo. Además, Almirante recibiría 2000 populares.

La tribuna Sívori alta tiene capacidad para 8500 personas y es la que ocupan los Borrachos del Tablón , aunque recién el sábado se podrá verificar si los violentos verdaderamente no estarán presentes en el partido. Las declaraciones del vicepresidente 2° Omar Solassi, admitiendo que la barrabrava podría ubicarse en algún otro sector de la cancha, provoca estupor. Así, se estaría avalando que aquellos que maltratan a los hinchas tienen su espacio asegurado, mientras que los que alientan sin prebendas de por medio quedan relegados a un segundo plano, según el pensamiento de las autoridades de la entidad de Núñez.

No es la primera vez que a River le clausuran la tribuna Sívori alta, ya que en el Clausura 2008 recibió un castigo por dos partidos, después del enfrentamiento que sostuvieron en la cancha de Vélez, el 30 de marzo de aquel año, miembros de las denominadas Banda de Gonzalo y Banda del Oeste , facciones que pugnaban, por entonces, apoderarse del control de los Borrachos del Tablón . Tampoco hay que indagar demasiado en el tiempo para encontrar otra sanción que se empariente con este castigo: después de los gravísimos incidentes que se produjeron en el Monumental, tras el descenso ante Belgrano, River jugó en su cancha el primer encuentro de la primera B Nacional, ante Chacarita, y luego cumplió con un castigo de cinco partidos de clausura, donde mudó la localía a Huracán y San Lorenzo.

Los episodios de violencia se repiten, la muerte vuelve a enlutar al fútbol argentino, pero quienes deben sancionar prefieren hacer caso a las presiones políticas. Una vergüenza, un retroceso en la batalla para erradicar a las barras bravas de los espectáculos deportivos.

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