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River sigue en caída libre. Los números dicen que esa aseveración es falsa y que la premisa de que parte el análisis es nula de nulidad absoluta. Y es así. Hoy, cuando acaba de terminar la primera rueda del nacional B, River está compartiendo el segundo lugar, de ascenso directo, con Rosario Central, y un punto por encima del cuarto, Quilmes.
Sin embargo, esos mismos números demuestran que River está a sólo dos puntos, menos de un partido, del quinto, Boca Unidos, que no entra ni en promoción. Y los que siguen son Defensa y Justicia, a cinco puntos de River, y Almirante Brown, a seis. No sólo no pudo ganarle a ninguno de los dos, sino que la pasó mal con ambos.
Y algo más sobre números: los equipos a los que River venció están todos, con excepción de Gimnasia La Plata, debajo de la duodécima posición. Es como decir que le ganó a nadie. Cualquier similitud con lo que ocurrió en el campeonato del descenso, es pura coincidencia.
En conclusión, hoy River está a un tris tanto de lograr el ascenso directo como de tener que jugar la promoción; no está mal, puede pensarse, pero el asunto es que River también está un tris de quedarse en la B un año más.
No puede asegurarse si en la segunda rueda todo mejorará o empeorará. Lo que sí, no es aventurado afirmar que los nervios y las presiones que consumieron al River que se fue al descenso y a este hasta ahora discreto equipo del Nacional B, se incrementarán partido tras partido.
River sigue en caída libre porque se hunde cada vez que Almeyda habla y deja expuestos a él y a su grupo al papelón, a que desde un campeón como Falcioni hasta un técnico de poca monta como Giunta lo manoseen, por decirlo de una manera académica. A él y al grupo. Lo que menos necesita River es que le digan que fue menos que Ramón Santamarina, de Tandil, aunque todos lo hayan visto; o que lo manden a cortar el pasto a Isidro Casanova.
Decenas de cambios, modificaciones de esquemas y una sorprendente falta de respuestas desde el banco cuando las cosas no salen bien, no han mostrado a Almeyda, hasta ahora, como el piloto de tormenta que River necesita. Porque River puede entrar en una tormenta. Cualquier equipo de la categoría maneja la pelota parada y los tiros libres al arco mejor que River. ¿Qué hace un técnico si no puede trabajar eso?
Ameyda fue un símbolo del descenso de River por la gravitación que tuvo dentro y fuera de la cancha. Escudado, como otros ahora, en que su condición de hincha y su amor por la camiseta alcanzaba, pasó sin transición del showbol a la primera millonaria y, buen marketinero, levantó a su tribuna corriendo desordenadamente y tirándose a los pies de cuanto rival pasaba más o menos cerca. No se sabe si detrás de la cara de muchacho bueno que está debutando como técnico estará lo que River necesita para lo que viene..
River está en caída libre porque Passarella inclinó más el tobogán en que dejó a River la desastrosa gestión de José María Aguilar y es el verdadero artífice de que hoy los millonarios sólo puedan cruzarse con Boca en amistosos.
Podía comprenderse y hasta justificarse su impericia política en los comienzos. No, por lo que fue como futbolista y como técnico, que supusiera que la caída la iba a frenar un elenco de incorporaciones que incluyó a hombres como Rodrigo Rojas, el Mágico Canales, Arano, Bordagaray, el propio Almeyda y a varios más por el estilo. Y, en la etapa decisiva, a técnicos como Cappa y J.J. López sobre quienes sería cruel decir algo.
Ahora, el mismo Passarella que insultó a Grondona en el momento menos oportuno, apostó a muchachos trajinados, casi ex jugadores, como Domínguez, Cavenaghi y Trezeguet. Y agregó, por un millón de dólares, a Ponzio no obstante tener una enorme cantidad de volantes de todo tipo. Casi un club de amigos que entre sus propios achaques y la incapacidad de su técnico por momentos fueron vapuleados por Almirante Brown y sucumbieron frente a un Boca que le ganó sin transpirarse.
Y hay que decir que River también sigue en caída libre por su tribuna, devenida en una masa boba que se hizo hincha de sí misma y que cuanto peor juega el equipo que la ha convertido en el hazmerreír del fútbol argentino, más llena las canchas. ¿Terminará ese loco amor como el año último, cuando esa misma masa canalizó su frustración destrozando el club que dice querer y exponiéndolo a graves sanciones?
En su calidad de hincha de River de toda la vida, no del fenomenal actor que es, Luis Brandoni durante un reportaje que le hicieron recientemente invitó a la hinchada de River a dejar las tribunas vacías como reproche a los padecimientos a que dirigentes, técnicos y jugadores la vienen sometiendo. Parece más efectiva y civilizada esta variante que insultar a Passarella.
Hay elementos de sobra para pensar que todo puede empezar a resolverse en las próximas cinco o seis fechas. Si para entonces el equipo despegó y pudo imponer la supuesta jerarquía de algunos de sus jugadores, la cuestión puede simplificarse. Pero si llegado ese momento estuviera peleando el cuarto puesto, repleto de miedos y presiones, no habría que extrañarse de que alguno de sus defensores termine hecho un nudo que cueste desatar o golpeándose a sí mismo y que la irascibilidad de muchos termine generando expulsiones. Entonces, todo puede empezar a quedar en manos de Don Julio.




