Roger Milla: "¿Maradona o Messi? Más que compararlos hay que disfrutarlos, pero para mí el mejor fue el Rey Pelé"

El camerunés Roger Milla fue considerado por la FIFA y la Confederación Africana de Fútbol como el mejor futbolista de la historia en su continente.
El camerunés Roger Milla fue considerado por la FIFA y la Confederación Africana de Fútbol como el mejor futbolista de la historia en su continente. Crédito: @roger_milla_9
Fernando Vergara
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21 de junio de 2020  • 00:06

La vida de Roger Milla es digna de un guión de película. Una leyenda de esas que hacen que el simpatizante de fútbol se identifique de lleno con el personaje en cuestión. El ex delantero se erigió como la estrella de aquel Camerún que sorprendió al mundo llegando a cuartos de final del Mundial de Italia 1990. El hombre récord y líder de un equipo que venció a la Argentina de Diego Maradona. Al cabo, Milla resultó una de las estrellas de una cita deportiva inolvidable y el autor de una de las celebraciones más emotivas -y pegadiza- en la historia. Un gol, una sonrisa, y un bailecito junto al banderín del córner.

Su nombre completo es "Albert Roger Mooh Miller", aunque después cambió su apellido para que sonase más africano. El currículum de Milla (Yaoundé, Camerún, 20 de mayo de 1952), entre otros hitos, marca que con la selección de Camerún debutó en 1976, ganó dos Copas de África y acudió a tres Mundiales, 1982, 1990 y 1994. También, es el dueño de un par de récords: el jugador más veterano en marcar un gol y también en jugar en los mundiales a tan avanzada edad (42). Para muchos, un "talento tardío" que guardó los mejores momentos de su carrera para el final. Un león empeñado en hacer historia.

Es por esos registros que el ex artillero llegó a Italia con muchísimos pergaminos. A tal punto que muchos de sus compañeros eran apenas niños cuando Roger ganó su primer premio al mejor jugador africano del año, en 1976. "Hoy soy embajador itinerante en la Presidencia de la República y cuido de mi Fundación Corazón de África, que tiene vocación humanitaria y deportiva. Ayudamos a sonreír a muchos niños de la calle y a mucha gente. Vivo de una manera sencilla, y es hermoso cuando camino por las calles de Camerún y me reconocen chicos de 5 o 6 años. Me dicen: «¡Roger, Roger!»", narra Milla desde su país en una entrevista para LA NACION.

Roger Milla vive de una forma "sencilla" a los 68 años.
Roger Milla vive de una forma "sencilla" a los 68 años. Crédito: @roger_milla_9

-¿En Camerún lo tratan como a una leyenda?

-No es algo que me corresponda decir, pero creo que la gente está muy contenta con lo que he logrado con la camiseta del equipo nacional. Siempre son agradecidos conmigo y me tratan muy bien en cada rincón de mi país. Es un honor para mí.

-¿Cuál era el secreto para jugar tantos años? ¿Cuál era la clave de su vitalidad?

-Siempre estuve bien entrenado, tenía una vida sana y descansaba mucho. Nunca hice nada que pudiera perjudicar mi condición física. A lo sumo bebía medio vaso de vino de vez en cuando. En los últimos mundiales tenía en claro que técnicamente todavía era bueno, pero físicamente no podía soportar un partido entero. Creo que no jugué mi mejor fútbol en 1990 y 1994. Si los hubiera jugado cuando tenía 26 o 27 años, probablemente lo hubiéramos ganado, sin dudas. Ya no tenía mis piernas de los 20 años, y tal vez me costaba correr pelotas largas de 40 metros. Pero contaba con la experiencia para saber ubicarme en posiciones de gol. Afortunadamente me fue bien, principalmente en Italia '90. Y tener una buena copa del mundo no es para todos. Las cosas se dieron de ese modo, y fui feliz. Cada uno tiene que conformarse con el tiempo en que nace y yo me divertí.

-¿Qué es lo más importante que aprendió como futbolista?

-El respeto. Por uno mismo, por el trabajo, los compañeros y los adversarios. Es algo que aprendí desde muy pequeño.

-¿Todavía juega al fútbol con amigos?

-¡Claro! Sí, de vez en cuando jugamos con los viejos "Leones indomables" para permitir que las nuevas generaciones que no nos han visto adentro de la cancha nos puedan apreciar.

Roger Milla, en el medio, con sus compañeros mundialistas Jules Onana y Bertin Ebwelle.
Roger Milla, en el medio, con sus compañeros mundialistas Jules Onana y Bertin Ebwelle. Crédito: @roger_milla_9

Héroe deportivo en Camerún, antes de Italia '90 a Roger le hicieron una despedida del fútbol en Yaoundé ante unas 100.000 personas. Para el cierre de su carrera (en realidad, lo que se imaginaba como el desenlace) Milla ya tenía elegido un destino en 1989: la apacible Isla de la Reunión, en el sudeste africano, un lugar de ensueño para quien desea descansar y relajarse en playas de arena blanca. Allí había firmado un contrato con un pequeño club semi-amateur, el Jeunesse Sportive Saint-Pierroise. El desembarco había sido la mano de su amigo Abdul Cadjee, un millonario que manejaba a la institución.

-¿Cómo fue esa experiencia en un lugar tan exótico?

-Te soy sincero: yo había ido a descansar, pero de todas maneras nunca había dejado de entrenar. El amigo que me había llevado me insistió y me convenció para que jugara en Saint Pierroise. Y lo tomé como una manera de no estar completamente retirado.

Hasta que un día sonó el teléfono. Del otro lado estaba Paul Biya, el presidente de Camerún, el país que se había clasificado al Mundial de Italia. El entrenador ruso Valeri Nepomniatchi no contemplaba la posibilidad de convocar a Milla. Pero surgía una cuestión: el equipo sufría las inseguridades propias de un plantel cuyos jugadores no estaban familiarizados con las grandes competiciones europeas. "Roger, eres una leyenda, te precisamos", le dijo Biya. El goleador se quedó paralizado. Ante el llamado lo pensó dos veces, quizás inseguro por su rendimiento en la última temporada. Entendía que estaba muy lejos de la época dorada en la que brilló en el ataque de clubes franceses como Montpellier Bastia y Saint-Étienne. Más lejos había quedado aquel debut en primera en Léopard de Douala, de Camerún, en 1970. Milla se destacaba por su olfato goleador, detalles de calidad, velocidad en estado puro y lectura del juego.

-¿Fue un llamado que cambió el destino para siempre?

-El presidente de mi país me llamó para jugar un Mundial con el equipo nacional. ¿Qué más se puede pedir? Así que orgullosamente honré ese contacto telefónico. Ahora, te confieso que ir a Italia '90 fue un poco difícil para aquellos que no querían, o no podían, entender la decisión del presidente.

-Usted jugó los últimos 10 minutos contra Argentina con el marcador 1-0 en favor de Camerún. ¿Cómo vio a sus rivales en ese debut?

-En ese momento la Argentina era el campeón del mundo reinante, por lo que temíamos a todos, no solamente a Maradona. Claudio Caniggia, por ejemplo, era muy peligroso, él solo podía perturbar a toda una defensa. Preparamos ese partido con el objetivo de hacer un buen desempeño. Pero tampoco queríamos ser espectadores de lujo contra ellos. Personalmente, cuando entré, quise dar lo mejor de mí. Y entramos en la historia.

-¿Conoce personalmente a Maradona?

-Sí, me he codeado con Diego muchas veces durante distintas ceremonias de la FIFA. Alguna vez conversamos y tenemos una buena relación.

-¿Y con Lionel Messi?

-También, he visto a Leo varias veces, pero no he tenido la oportunidad de conversar con él. Es otro futbolista maravilloso. Cuando él se fue de la Argentina, nadie habría imaginado que tendría tanto éxito en Barcelona. Y si lo logró es porque trabajó y trabajó para eso.

-¿A quién elige como futbolista: Maradona o Messi?

-Honestamente, en ese nivel tan pero tan alto no se debe hacer una comparación. Ellos tienen casi el mismo fútbol. Una cosa es cierta: son dos grandísimos jugadores de dos generaciones diferentes. Y ustedes tienen que tener algo muy en claro: la Argentina tuvo y tiene la suerte de tenerlos. Es cuestión de disfrutarlos.

-¿Le habría gustado jugar en la Argentina?

-Nunca me hice la pregunta, realmente. Pero hay clubes muy grandes allí. Sin dudas, Boca o River podría haber sido una gran experiencia, imagino.

Camerún -hasta entonces una selección modesta- no había tenido suerte en el reparto de grupos del Mundial de Italia 1990. La Argentina, campeón reinante, Rumania y la Unión Soviética. Contra todo pronóstico, el triunfo ante el equipo de Carlos Bilardo (un terremoto sin precedentes) y una serie de resultados los catapultó a la cima del Grupo B. Milla, Thomas N'Kono, Cyril Makanaky y François Omam-Biyik empezaban a labrar su propia leyenda.

Recientemente, en las redes sociales, el camerunés tuvo un intercambio muy divertido con René Higuita. En plena pandemia por el coronavirus, el colombiano pidió "no salir de casa". El gol de Italia '90 se recordará por siempre porque selló la eliminación de los sudamericanos en los octavos de final. En ese duelo, Colombia iba perdiendo 1-0 en tiempo suplementario y todo el equipo estaba volcado al ataque, buscando empatar. En una pelota que llegó al fondo de la defensa colombiana, Higuita salió del área para ayudar en la salida. Allí recibió un pase atrás -algo comprometedor-, quiso eludir a Milla y se enredó. El camerunés marcó su segunda conquista y salió disparado hacia una esquina. De ahí surgieron las "lambadas" (el makossa, una danza urbana exclusiva de los sectores populares de las ciudades de Camerún) en el banderín del córner para festejar sus goles. Una de las celebraciones más emotivas en la historia de los Mundiales. Colores, música, danza y fútbol.

-¿Es otro gol emblemático que marcó a fuego su carrera?

-Sí, claro. Antes del Mundial, cuando yo estuve en Montpellier entre 1986 y 1989, la televisión transmitía algunos partidos en los que pude ver a Higuita. Y tuve entrenadores que fueron maestros como Peter Schnittger y Claude Leroy que siempre me aconsejaban que debía estar muy cerca de la línea central y del arquero. Estar atento a los movimientos y presionar. Entonces traté de aplicar sus instrucciones y en esa jugada puntual contra René me fue muy bien.

-¿Y cómo se le ocurrió ese baile que dio la vuelta al mundo?

-Esa celebración continúa marcando al mundo, es cierto. Curiosamente, fue completamente improvisada. Honestamente, no sé qué me hizo festejar de esa manera. Fue una forma de agradecer a todos los seguidores y a los que me apoyaron.

-¿Contra Colombia tuvo el partido perfecto?

-No sé si perfecto, pero tuve un muy buen juego, a tal punto que la gente todavía está hablando de eso hoy, 30 años después. Lo más importante para nosotros era lograr la calificación, y lo hicimos. Mis metas personales fueron útiles para algo en función del equipo.

A los 38 años, Milla marcó 5 tantos en el Mundial de Italia.
A los 38 años, Milla marcó 5 tantos en el Mundial de Italia. Crédito: @roger_milla_9

Milla ya le había marcado los dos goles a Rumania en el éxito 2-1 y finalizó en ese Mundial con cuatro conquistas (en general totaliza cinco, y es el principal artillero camerunés en la máxima cita del fútbol). El sueño y la aventura de los "Leones Indomables" se terminó en los cuartos de final ante la Inglaterra de Paul Gascoigne y Gary Lineker (3-2 en el tiempo extra). Camerún quedó a un puñado de minutos de poder jugar los siete partidos.

-¿Cree que estuvieron cerca de llegar a las semifinales?

-Sí, todavía creo que sí, es una espina que me ha quedado. No nos arrepentimos de nada porque fuimos el primer país africano en llegar a los cuartos de final de un Mundial, pero hoy mismo sigo pensando que había espacio para mejorar. Me quedé con la sensación de que podríamos haber avanzado a la final si vencíamos a Inglaterra. Y en una final, ya lo sabemos, todo está permitido y cualquier cosa puede pasar.

Milla marcó los dos goles en el éxito sobre Rumania (2-1) en 1990.
Milla marcó los dos goles en el éxito sobre Rumania (2-1) en 1990. Crédito: @roger_milla_9

Milla volvió a meterse en los libros del fútbol en Estados Unidos 1994, donde Camerún sufrió frente a Suecia, Brasil y Rusia, que le propinó un 6-1 con cinco goles de Oleg Salenko. Como souvenir, Roger se llevó dos plusmarcas: ser el jugador más veterano en marcar un gol y también en jugar en los mundiales a tan avanzada edad (42). "Lo recuerdo muchísimo. Siempre lo tendré en mi cabeza. Fue ante Rusia, aunque no sirvió de mucho porque nos golearon", dice con una sonrisa el hombre que jugó en 11 clubes y se retiró definitivamente en el fútbol de Indonesia en 1996.

-Está bien, no sirvió de mucho, pero entró en la historia grande.

-Sí, obviamente que en ese momento estaba muy feliz. Ese registro me permitió demostrarles que se habían equivocado a todos aquellos que dudaban de mí, a todos aquellos que se querían comparar conmigo. Dejé en claro que todavía podía marcar diferencias adentro de una cancha de fútbol.

La discusión acerca de quién es el mejor futbolista africano de la historia sigue y seguirá abierta: muchos creen que le corresponde el liberiano George Weah, otros hablan del marfileño Didier Drogba, del ghanés Abédi Pelé o del camerunés Samuel Eto'o, por citar algunos ejemplos. Este último, precisamente, alguna vez aseguró que Milla ha sido el más destacado. Encontró una razón puntual, y en eso no hay espacio para la duda: "Roger nos abrió las puertas del mundo a todos los demás jugadores de nuestro continente". En definitiva, quedó en claro que aquel llamado del presidente Biya cambiaría para siempre el camino del fútbol africano.

-¿Quién es el mejor futbolista que vio?

-El Rey Pelé. Desde mi humilde punto de vista, fue el más sorprendente y brillante adentro de la cancha de fútbol.

-Para usted, ¿quién ocupa ese lugar en África?

-No sé, creo que la decisión está en los periodistas y en los simpatizantes. Respeto muchísimo a todos. Si te digo que soy yo, me podrías decir que no soy objetivo. De todos modos, la historia está ahí, es visible. Tanto la FIFA como la Confederación Africana de fútbol me han nombrado como el mejor futbolista africano del siglo, y eso no es una casualidad.

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