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No podía ser de otra manera: a tono con estos tiempos de penurias deportivas, la noche que vivió San Lorenzo fue un verdadero drama. Un vía crucis que, por supuesto, no terminará aquí, sino que tendrá al Ciclón en vilo hasta el final del Clausura. Vaya si sufrió la familia azulgrana en el empate 1-1 postrero ante Olimpo, el peor equipo del torneo. En teoría eran tres puntos en el bolsillo de antemano para San Lorenzo, pero cuando el descenso de categoría es una posibilidad cercana, las mentes entran en caos y el error es mucho más factible. Así, nada se ubica dentro de la lógica.
Llegó el alivio en el minuto 48 del segundo tiempo, gracias al cabezazo de Emanuel Gigliotti. Pero San Lorenzo sigue en Promoción y hoy estará muy atento a lo que suceda con Tigre en Santa Fe, ante Colón. Si el conjunto de Victoria se impone a los sabaleros igualará la línea de puntos del Ciclón en los promedios. Una recta final infartante para uno de los cinco grandes del fútbol argentino.
Es curioso, porque San Lorenzo parece condenado a sufrir por lo propio y también por lo ajeno. Veinte minutos antes del partido frente a Belgrano se enteró de que Atlético Rafaela había empatado en forma agónica ante Belgrano de visitante. Aquel gol de Castro impedía que el Ciclón le escapara anoche de la Promoción por más que le ganara a Olimpo. Sin dudas, la noticia que llegó desde Córdoba repercutió en el ánimo de los jugadores antes de ingresar en el campo.
Con este escenario, San Lorenzo jugó un primer tiempo opaco, de lo peor en este breve mandato de Ricardo Caruso Lombardi en Bajo Flores. Es cierto que tuvo dominio territorial y exhibió intensidad, pero se trató de un espejismo, pues no hubo nada de fútbol.
En esos primeros 45 minutos apenas puede rescatarse un remate desviado de Gigliotti a los 40, luego de un centro de Salgueiro desde la izquierda. Antes y después, una mecánica plagada de imprecisiones y problemas de coordinación. Un concierto de piernas atadas y cabezas confundidas frente al peor equipo del campeonato, Olimpo, prácticamente condenado al descenso y que dispuso sólo de la prolijidad de Rosada en la primera etapa.
El murmullo desde las tribunas fue incrementándose en el segundo tiempo. Y la hecatombe llegó a los 27 minutos con el tanto de Néstor Bareiro, que colocó a Olimpo en ventaja después de un tiro libre de Martín Rolle. A partir de ahí -siempre sin ideas ni una línea clara de juego-, el Ciclón fue para adelante para igualar como sea.
Los bahienses se convirtieron en una muralla, pero Damián Musto cometió el pecado de hacerse expulsar por doble amonestación a los 46 minutos (el árbitro Luis Álvarez había dado cinco minutos de tiempo adicionado). Enceguecido, el conjunto local tiró uno y mil centros al área de Olimpo, hasta que encontró la recompensa con el tanto de Gigliotti, después de un centro enviado de Buffarini cuando ya había caído sobre el césped. Entonces, se produjo el estallido en el Nuevo Gasómetro y el grito desencajado de Caruso Lombardi, que había sido expulsado a los 33'.
Para San Lorenzo significó una recompensa por no bajar nunca los brazos, pero los dos puntos que perdió de local pueden ser decisivos en el raconto final.
El miércoles próximo, San Lorenzo se enfrentará con River, en Salta, por los cuartos de final de la Copa Argentina; el sábado venidero, a las 20, en Santa Fe, chocará contra Unión, en otro duelo directo por la permanencia. El polémico entrenador del Ciclón, Ricardo Caruso Lombardi, se quejó por la "cercanía" entre ambos encuentros. Será una semana llena de desafíos para el Ciclón. Una más.
