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JEONJU, Corea del Sur.– Elegancia en la cancha, sacrificio fuera del campo de juego. Para mostrar sus virtudes futbolísticas, Santiago Colombatto tuvo que superar, desde muy chico, obstáculos que le forjaron el espíritu. “No se gana sin antes luchar, persevera porque todo llega”, es una frase que tiene acuñada este cordobés, de 19 años, prácticamente un desconocido para los seguidores del fútbol argentino. Los renunciamientos no tienen espacio para el jugador de Cagliari, de Italia, una de las nueve caras nuevas que la Argentina trajo al Mundial Sub 20. El volante fue el punto más alto en la derrota del debut con Inglaterra, pero la valoración personal no lo conmueve. Antepone al grupo por encima de todo y no se fía de que una individualidad rescate a la selección, que este martes, a las 8, tendrá frente a Corea del Sur la responsabilidad de enderezar el rumbo en el Grupo A. Sin margen para especulaciones ni mucho menos para un nuevo tropiezo, los juveniles deberán dar una muestra de carácter para llegar a la última prueba, ante Guinea, con posibilidades de clasificarse a los octavos de final. “Hay que mirar al frente, Inglaterra ya pasó. No digo que hay que olvidarse, digo que pasó. Tenemos una revancha ya, es ahí donde nos tenemos que focalizar. Corea del Sur es un equipo ordenado, que corre mucho y tiene desequilibrio. Muy parecido a Inglaterra, pero sin tanta potencia física. Será un buen rival para saber si corregimos lo que hicimos mal en el debut”, comenta.
–¿Qué tienen que corregir?
–Concretar, porque no fuimos convincentes en el ataque. Gana el que hace los goles; nosotros tuvimos la pelota, pero los goles los hizo el rival. Debimos mover la pelota más rápido.
–¿Ante Corea del Sur existe otro resultado que no sea ganar?
–Ganar es lo importante, el empate no nos sirve porque es el partido que decidirá el futuro del grupo. Habrá mucha gente, el estadio estaba lleno cuando ellos jugaron con Guinea, pero eso nos fortalece: al jugador argentino le gusta esa adversidad.
–Hay muchos jugadores que se desempeñan en Reserva y juegan casi sin público, ¿el entorno, la presión de la gente, no los afecta?
–No, al contrario. Cuando jugamos con Inglaterra había 15 mil personas en las tribunas y nadie se escondió, todos pidieron la pelota. El grupo está muy unido y eso nos sacará adelante. Una derrota es una dificultad que te presenta un torneo y los buenos grupos salen adelante en los momentos difíciles. Este grupo ya demostró en el Sudamericano que nunca se da por vencido.
La selección es un sueño para Colombatto, que nunca antes estuvo en una convocatoria de juveniles. De Ucacha, un pueblo de cinco mil habitantes, situado entre Villa María y Río Cuarto, al sur de la provincia de Córdoba, a Buenos Aires, y de ahí a Italia. Un periplo lleno de contratiempos, de momentos difíciles de sobrellevar, pero el deseo de trascender en el fútbol fue el alimento para no abandonar. Cada estación lo hizo madurar, le modificó pensamientos. “Yo jugaba en Jorge Newbery, de Ucacha, y el clásico era con Atenas. A los 7 años tenía dos equipos, el de mi pueblo y también lo hacía en Santos, de Villa María, de donde me llevan a River a hacer una prueba. A los 10 años me transfirieron a la pensión del club y fueron seis años en Núñez, de los 10 hasta los 15 y después, de los 16 a los 17; en el medio, uno en Racing.
–¿Por qué te fuiste?
–Fue un problema de pensión… No tenía oportunidades y las pocas que tuve no las aproveché como debía. Estaba en un momento en el que no era el mejor, hacía cosas que no debía y uno, cuando es chico, culpa a los técnicos, a los directores, y no es así. Hay que mirar también las razones de por qué no se juega, por qué no se tiene esa oportunidad, porque el equivocado muchas veces es uno y no lo quiere reconocer. Yéndome a Italia cambié un montón y eso me abrió la cabeza. Fue fundamental para estar donde estoy.
–¿Cómo fue tu llegada a Italia?
–Me voy con mi papá, Sergio, y Ariel López, un amigo de la familia. Me presenta mi agente Fernando Riesco, y el principio fue duro: estuve seis meses sin encontrar equipo, nadie me daba la chance porque no tenía la ciudadanía. Ese tiempo me entrené solo, esperando esa oportunidad, porque yo dije que no me iba a volver sin tener una prueba. Ahí fue muy importante el apoyo de mi tía Marianella, en Mantova, porque me arropó. Yo estaba decidido a lograr lo que había ido a buscar, me sacrifiqué, hasta que me contactó el colombiano Iván Córdoba. Él fue quien me llevó a Cagliari.
–¿Nunca pensaste en dejar?
–Fue duro, pero era lo que quería. Salir de mi casa a los 10 años fue lo más difícil, pero siempre tuve a una familia –además de mi papá, mi mamá Milena y mi hermana Agustina– que me apoyó, dándome las oportunidades. Muchas veces lloré, es normal a esa edad, decía que me iba a volver, pero era contradictorio porque también decía que quería jugar y para destacarme tenía que estar en Buenos Aires. Quería y quiero llegar siempre a un escalón más alto en el fútbol; me costó y todavía no llegué, tengo un largo camino por recorrer.
–En Italia se comenta estás en los planes de Lazio…
–Son cosas que salen en páginas de rumores del mercado. La verdad que no miro, yo quiero jugar y disfrutar de este momento en la selección, ganar el próximo partido y empezar a recorrer el camino que nos fijamos cuando nos juntamos en Vietnam.
Juega fútbol y respira fútbol Colombatto. “En la casa se ve sólo fútbol y mi novia Narella ya se sabe hasta la formación de los rivales, me quiere matar. Es parte del trabajo y para crecer hay que mejorar, y para eso también tenés que analizar al que está enfrente”, dice el volante, que tiene como espejo futbolístico a Fernando Redondo.



